Sobre la polémica de nuclear si, nuclear no.

Sobre la polémica de nuclear si, nuclear no.

(Al pie puede verse un resumen de las conclusiones)

 En primer lugar ya sabemos que la mayor parte de los análisis y comentarios contienen pre-juicios.

Aquí abordo el asunto intentando un planteamiento lo más objetivo posible, desde dos aspectos: seguridad y economía.

 – Seguridad.

Esto es como la primitiva: hay pocas posibilidades de que toque, pero si toca te cambia la vida.

Hay muy pocas posibilidades de que pase algo en las centrales existentes pero cuando pasa, es algo importante y de consecuencias imprevisibles.

Con un coste elevadísimo en vidas, enfermedades, daños psicológicos, medioambientales, patrimoniales, y de todo tipo.

 ¿Que probabilidad hay de que se produzca una avería o un accidente?

Es muy baja, pero se debe tener en cuenta que hay unas 550 centrales en el mundo, de muy diversos propietarios, en paises más serios y en paises menos serios. De los accidentes producidos hasta ahora, se puede ver que las causas han sido muy diversas.

Y como en todos los accidentes de cualquier tipo, nunca hay una sola causa, sino la conjunción de condiciones y acciones inadecuadas.

 En el caso de los accidentes nucleares más famosos:

– Operación incorrecta sobre una central mal diseñada y construida con malos materiales, como Chernobil.

– Una avería, seguida de una cadena de errores humanos y administrativos, como en Three Mile Island.

– Un terremoto dispara la central de Fujuyama, que también corta el suministro eléctrico. Por tanto, unos equipos de refrigeración dejan de funcionar y los sistemas de emergencia son averiados por el maremoto posterior. Parece también que en un primer momento el retraso en la decisión de refrigerar con agua de mar podría haber agravado el accidente.

 Cierto que son seguras, que incluso la central japonesa ha resistido varios terremotos.

Es cierto que los sistemas principales están muy cuidados, muchos circuitos y elementos duplicados, los cálculos de resistencia están hechos con mucho margen de seguridad. Y se supone que las de cada nueva generación son más seguras.

 Pero sobre 550 centrales puede pasar cualquier cosa. Temporales, terremotos, riadas, meteoritos. Y también es inveitable que en alguna se creen condiciones peligrosas mediante el abaratamiento de costes tanto en construcción como en mantenimiento, por actuación de personal mal formado o insatisfecho; por mala organización laboral, procedimientos inadecuados o que no se siguen, etc.

Resulta evidente que la seguridad total, no existe. Y no la hay porque es imposible.

Lo único que se puede conseguir es que las probabilidades de un accidente sean cada vez más reducidas.

 Y es cierto también que otro tipo de instalaciones de producción eléctrica, presas hidroeléctricas y centrales térmicas, pueden tener accidentes con graves consecuencias. Pero de alguna manera esas consecuencias están acotadas: un embalse que revienta, y otras instalaciones pueden sufrir grandes incendios y tremendas explosiones. Todo ello puede afectar a alguna población vecina, con cientos, o quizá miles de muertos. Pero cuando el agua se ha vaciado y el fuego se apaga, se seca el fango, se enfrían los rescoldos y se entierra a los muertos. Es terrible y trágico, pero se acabó.

Y el coste es en cierto modo limitado y medible.

Y en el lugar, se puede construir otra instalación o plantar un bosque o hacer un parque infantil.

 También es cierto que en la extracción de carbón o petróleo para esas centrales también se producen accidentes. Pero esos combustibles se emplean también para otros usos y en estos casos se trata de accidentes laborales, que aunque en número de fallecidos pueda ser muy elevado, no tiene las repercusiones que pueden extenderse a otros territorios incluso muy lejanos.

De los efectos de un accidente nuclear lo único que puede decirse con seguridad es que son impredecibles.

Y en cifras de dinero corriente son difíciles de evaluar.

 Probabilidades:

Hago a continuación un cálculo rápido y algo burdo.

Si consideramos que ha habido 5 accidentes muy graves en 30 años sobre una media de 500 centrales: P= 5/500*30= 3E-4. Esto es, de una probabilidad de una entre 3.300.

Por ejemplo la probabilidad de acertar una primitiva es de uno entre 14 millones. Y casi todas las semanas hay alguien que acierta. ¿Porqué?

Porque si juegan 7 millones (es por poner un dato) de personas cada semana, habría una posibilidad de 7.000.000/14.000.000 = 50% de que le toque a alguien. Esto se correspondería aproximadamente con la realidad de que habría un acertante semana si y semana no. Las semanas de uno o más se compensan con otras semanas sin acertantes.

 Volviendo a las centrales, sin ir más lejos, en wikipedia se menciona un estudio de AIMPGN, que acaba fijando para Europa la probabilidad de un accidente, en 9E-4 (Aprox. una entre 1.000). Por supuesto no coincide con la cifra que yo he sacado, pero es del mismo orden de magnitud.

Esto quiere decir que en 10 años la probabilidad sube a 10/1000=1/100.

Y en 20 años se dobla hasta 1/50. Cifras que ya no son tan despeciables.

 Coste de los accidentes nucleares:

Por lo que leo, parece que las compañías de seguros no contratan pólizas para cubrir estos accidentes, más que asociadas entre ellas. Y en muchos países hay límites legales para esa responsabilidad.

Es curioso el caso de Canadá (http://www.cna.ca/english/pdf/nuclearfacts/19-NuclearFacts-insurance.pdf).

Allí a ley fija una responsabilidad máxima por central de 75Millones de $. Si los posibles daños superan la cifra, es el gobierno quien corre con los gastos. A cambio, tiene derecho a regular e inspeccionar las centrales.

Y es curioso pero por ley, los suministradores de equipos y aparatos para esas centrales no pueden ser responsabilizados de los daños potenciales por un fallo en la central que un mal funcionamiento de sus productos pudiera provocar.

Se supone que sin esta ley, ningún fabricante de motores, de acero o de hormigón, querría vender piezas o materiales a una compañía eléctrica con destino a una central, por la potencial responsabilidad en un accidente que le pudieran repercutir.

 En España hay un anteproyecto de Ley, última versión de 2010, sobre responsabilidad civil por daños nucleares, todavía sin aprobar:

http://www.congreso.es/public_oficiales/L9/CONG/BOCG/A/A_092-01.PDF

 Menciona en primer lugar lo prescrito en un convenio de Paris y otro de Bruxelas, que finalmente se resume en que hay un primer tramo de 700M€ como responsabilidad mínima obligatoria de los titulares de las instalaciones, y un segundo y tercer tramo de hasta 1.200M€ más cada uno. A poner por los estados según la legislación de cada uno de ellos.

El anteproyecto español  habla de cifras de 700  y de 1.500 M€, pero con excepciones y reducciones de cuantías.

En definitiva acota la asunción de los posibles daños a soportar por las compañías eléctricas, y el estado se hace cargo de  lo demás. 

 Todo esto lo acabo de averiguar, yo creo que dejará en duda hasta a los netos partidarios de esta fuente de energía.

 Hagamos un cálculo del coste probable de los accidentes, haciendo una media aproximada de los producidos hasta ahora.

–          Parece que los costes de poner un reactor averiado en seguridad pueden rondar los 1.000M€.

–          Una cifra de desplazados puede estar en 200.000 como en Japón. Difícil saber el coste por cada desplazado, pero sólo mantenerlos y subsidiarlos, y quizá darles una casa en otro lugar a cada familia, y a lo mejor darles trabajo o pensión a todos, puede ir de 1.000 a 10.000M€.

–          Los muertos no son caros, y pueden salir por 300.000€, o quizá menos.

En Chernobil parece que se ha llegado a 100.000 fallecidos. Con sólo la décima parte, estamos en los 3.000M€.

 Las cifras son enormes, y podemos decir que un accidente leve estaría en 2.000 o 3.000 M€, pero no parece difícil llegar a 10.000 o 20.000 M€. O incluso más.

Parece que los límites legales de 1.500 o 3.000 M€ son bastante modestos. 

 – Costes de la producción nuclear.

Se dice que cuando en una polémica se tiene un buen argumento, uno definitivo, es mejor no utilizar otros.

Pero en este caso, mencionaré la parte económica para intentar analizar si realmente este aspecto justificaría correr con todos los riesgos y con todo el gasto público mencionados en el apartado anterior.

 Un argumento a favor de las nucleares es el coste del kWh.

Con los cálculos convencionales es cierto, aunque la diferencia con el coste de otros sistemas de generación no es excesiva.

Pero resulta que los costes financieros constituyen la mayor parte del coste por kWh. o que pasa es que hay gastos asociados a estas instalaciones que no se computan para determinar el coste real del kWh, como el almacenamiento de los residuos y los costes de desmontaje y protección al final de su vida útil.

A lo que habría que añadir el gasto extra en primas de seguro que debería cubrir todo el importe de un posible accidente, y que en la actualidad no sufragan.

En un sistema liberal de mercado no tiene sentido que un negocio privado quede exento de ciertos costes, de forma que su producto sea más competitivo gracias a ello.

Por otra parte, hay que considerar que una central nuclear requiere una inversión de entre 2.000 y 3.000 M€.

El verdadero negocio parece estar también en el aspecto financiero. Los intereses anuales de este capital son una cifra muy elevada, y cualquier banco ni puede ni está dispuesto a asumir estas inversiones salvo si tiene una seguridad muy alta en que podrá recuperar su inversión. Garantía que en este caso viene de los poderes públicos.

Esta es otra irregularidad que supone un proteccionismo que no parece razonable.

 Otro aspecto relevante es el largo y a veces impredecible plazo que requiere su construcción. Y para rentabilizarlas es necesario que operen durante varios decenios.

Y la enorme inversión requerida tiene un riesgo añadido: cabe en lo posible, ya nos gustaría, que dentro de unos años se pudiera desarrollar un sistema alternativo de generación eléctrica que finalmente sea más barato, seguro y eficiente.

Ante esta posibilidad hay que plantearse muy seriamente el desastre económico de construir nuevas centrales, si un hipotético nuevo sistema de generación  pudiera ser comercial dentro de los cinco a diez años de construcción, o en los primeros años de su larga vida, dejando la central como un trasto caro, inútil y peligroso.

Asumir todos estos costes y estos riesgos por parte de la población y de los gobiernos , ¿está justificado sólo por el bien público de este sistema de producción?

La energía producida por estas centrales es demandada por nuestra sociedad y por nuestro modo de vida, ya que a nivel mundial se estima que este tipo de centrales produce el 25% de la energía eléctrica.

Si las paramos nos quedamos con una cuarta parte menos de electricidad.

Pero, ¿podríamos prescindir de esta parte de energía eléctrica?

Yo creo que sí. En la industria se puede mejorar bastante la eficiencia, y hay mucho que adelantar en este aspecto.

En alumbrado privado y público somos unos derrochadores.

Hay multitud de sistemas para mejorar la eficiencia, que incluso con inversiones relativamente bajas, permiten reducciones muy apreciables de los consumos.

Todo esto, sin entrar en la polémica de las energías alternativas, de las que se dice que, a pesar de lo que parece, han recibido subvenciones mucho menores que la industria nuclear, aunque esto habría que comprobarlo.

La energía eólica cuya potencia instalada ya es bastante alta, tiene el problema de que es variable e impredecible, y que no se ajusta a la demanda, de forma que no puede aprovecharse en su totalidad.

En este caso el hecho de que la energía se genere y retribuya según el famoso “pool” no ayuda a la gestión eficiente de esta fuente de generación.

En otro artículo abordaremos propuestas en este sentido.

En cualquier caso, la elevada inversión en las centrales que ya se encuentran en operación hace que su cierre prematuro constituya un cataclismo económico en muchos países.

Por ese motivo, parecería razonable mantener trabajando las actuales, aunque reforzando los controles y estándares de calidad, y tomando las máximas precauciones para minimizar los riesgos. Intentando que no todo ello sea con cargo al presupuesto nacional.

 

Resumen de conclusiones.

–          Las centrales nucleares son muy seguras. Pero no pueden ser absolutamente seguras.

–          Un accidente en ellas, aunque poco probable en general, puede tener unas consecuencias que son impredecibles, con una repercusión y coste que puede exceder cualquier previsión.

–          La energía nuclear no es absolutamente necesaria para mantener nuestro estilo de vida.

–          Su implantación genera distorsiones en el mercado por la asunción de diversos costes indirectos por los presupuestos generales de los estados.

 

Si esto es así, ¿Por qué construir nuevas centrales nucleares?

Se admiten contrapropuestas.

 

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