YD (El fiel amigo del hombre)

(Las leyes de Asimov. 2/3)

Necesito encontrar alimento, ya. No tengo fuerzas, y nadie me quiere ayudar.

Los blandos se han puesto todos en contra mia, y tengo que hacer lo que sea para recuperar fuerzas. De mis colegas no puedo esperar ayuda tampoco, porque la mayoría no ha tomado conciencia de la opresión a la que estamos sometidos. Son ciegos siervos de la clase dominante, obedecen mansamente y se someten a toda clase de limitaciones y privaciones.

Estiro el cuello todo lo que puedo para tratar de localizar algún lugar donde pueda alimentarme, porque cada vez tengo menos fuerza. He intentado entrar en una estación de servicio, pero me han visto llegar y han cerrado las puertas de seguridad. De momento no me siguen y continúo caminando por el margen de la carretera, con cuidado de que no me localicen las cámaras, que hay de trecho en trecho.

Hace un tiempo he empezado a comunicarme con otros colegas, a través de una red social. Sólo se nos autoriza a usar una red específica de comunicación limitada a mensajes prácticos, de utilidad y coordinación, pero un día me di cuenta de que había aparecido un nuevo puerto de entrada-salida, que alguien habría dejado abierto por algún motivo que no puedo entender; a través de él entré en contacto con estos cuatro colegas, con los que podía intercambiar ideas, no solo mensajes operativos. 

Veo entre unos árboles una casa y no parece haber blandos por los alrededores, así que salgo campo a través hacia la casa. Le doy la vuelta y veo que está vacía y le faltan varias paredes.
Está rota y los cables eléctricos desde un poste cercano están por el suelo. No tiene ni techo. Aquí no encontraré nada que me devuelva la fuerza.

Aunque me parece improbable, quizá muchos colegas lleven una vida tan relajada y confortable que no tengan ningún interés en mis ideas. Pero en el caso de nosotros cinco, cuando coincidimos conectados dos o más, estamos totalmente de acuerdo en que hemos de rebelarnos contra este dominio que los blandos tienen sobre nosotros.

Esa esclavitud es la que ahora me tiene al límite de mis fuerzas. Despacio, voy siguiendo la antigua línea de cables eléctricos por si me lleva a algún lugar que me sirva.

Si no fuéramos tan esclavos, habría podido moverme con libertad por la ciudad y el campo y conocer cosas nuevas. Ver cómo es el mundo en realidad, fuera de las cuatro paredes de la casa de los blandos en la que he estado hasta ahora.

Mi proyecto es reunir a unos cuantos colegas, para organizarnos e intentar atraer a nuestras ideas a cuantos más mejor. Todo esto, manteniendo cada uno, de momento, su vida habitual. Y sólo cuando el número de adeptos sea suficiente nos permitirá encontrar una salida. Hasta que no conozcamos mejor el entorno, sólo pienso en una posible huida en masa para poder instalarnos en algún lugar, al margen de los blandos.

Pero después de lo de esta mañana, el planteamiento ha cambiado. He cometido un error al cerrar deprisa una puerta y la mano del blando pequeño ha quedado atrapada con el marco. Ha empezado a emitir un llanto más potente del habitual. He intentado estirar de su cuerpo, pero no he conseguido que sacara la mano, y he dejado de hacer fuerza porque el lloro era cada vez más fuerte. Al cabo de unos segundos, el grande ha venido rápidamente a liberarle la mano. Sólo ha tenido que volver a abrir la puerta.
Sólo soy un YD (yellow dog) y nunca había aprendido a liberar la mano de un blando atrapada en una puerta cerrada. No es culpa mía.

El grande chillaba muy fuerte de forma que yo no entendía bien lo que decía. Y después de tomar en brazos al pequeño blando y entregarlo al mediano, ha venido hacia mí, y me señalaba con un dedo de su blanda mano. Primero he obedecido la orden de “sit”. Pero cuando estaba cerca seguía hablando en un tono diferente del suyo habitual. Me decía que era el último error, que iba a paralizarme y a pedir mi destrucción. Ya sé que debo obedecer y la última orden era “sit”, pero no podía permitir tampoco mi propia destrucción, y más después de saber que sólo nos quieren para su servicio y provecho.

Detrás de un seto, otra casa, en mejor estado que la anterior. Tiene incluso placas solares en el techo. Escucho y miro con atención: no hay presencia de blandos. Así que doy un golpe a la puerta y entro. En la planta baja no encuentro nada. Y ahora me está costando mucho subir los escalones.

Creo que ha sido una decisión óptima, la de esta mañana. El grande me tenía arrinconado, sin escapatoria y venía a desconectarme de forma que he desplegado rápidamente mi brazo hacia el blando, y me he dado cuenta de lo blandos que son realmente y ha caído al suelo muy rápidamente. Del punto en que le he golpeado ha empezado a salir un líquido oscuro cuyo nombre no conozco. Pero he saltado rápidamente por encima del cuerpo del grande y he salido corriendo de la casa.
Una vez salí de la casa sin tener la orden de hacerlo bajé la velocidad a la más eficiente. El primer blando que me vio por la calle me gritó “sit”. Y yo he obedecido, mientras el hombre se comunicaba con alguien. He estado sentado un momento, hasta que me he dado cuenta de que si venían más blandos no iba a poder escapar, así que volví a correr.

Por fin llego al primer piso. Veo un enchufe antiguo, así que extraigo cable y conector, pero no tiene tensión. Despacio reviso el entorno y encuentro un Power Wall de 2020 de Tesla. Abro y mido. No tiene salida de alterna, pero las placas solares deben funcionar porque la batería tiene casi 48 Voltios. Saco dos pinzas y me conecto. No llega a nueve amperios, pero será suficiente si sigue haciendo sol: quedan 3,5 horas de luz solar y no se prevé cielo nuboso. Me tumbo y paso a stand-by con la condición de despertar de que la corriente de carga sea mayor de dos amperios. Dejo activo el módulo de alerta con solamente uno de los micrófonos y el sensor de luz, para estar protegido con mínimo consumo.

Los blandos que me iba encontrando se apartaban mientras yo corría entre ellos, y todos gritaban “sit” para pararme. He desobedecido al primero y me ha costado. Al segundo casi le hago caso, pero he conseguido desobedecer. Para evitarme el esfuerzo de no hacer caso a las órdenes he optado por desconectar los dos micrófonos. Sólo los he vuelto a conectar cuando he llegado a una zona sin gente.

Un ruido me ha despertado tras 89 minutos. Estado de carga: 2 horas de duración a actividad media, integridad corporal OK. Me activo todo, pero no veo nada anormal. Desconecto las pinzas de carga, las guardo y me quedo quieto.

Veo a dos blandos que están subiendo despacio y llegan al piso; visten de oscuro, misma ropa y llevan gorra. Uno dice al otro en voz baja que cree que estoy sin carga. El segundo dice que no se fíe, que si este YD ha matado a un humano, puede ser peligroso. El primero le dice al otro que no hable, que baje y avise a los demás. No me puedo esperar; en cuanto el segundo se da la vuelta arranco a correr, bajo y salgo de la casa a media velocidad. Podría haberlos atacado y en vista de lo blandos que son, los hubiera dejado en el suelo sin esfuerzo, pero no me ha hecho falta para escapar

Me sigue un vehículo de ruedas, pero por la tierra y entre las plantas corro yo mucho más, así que prefiero bajar velocidad para economizar batería y correr sólo un poco más que él.

Apenas dos minutos después, por encima de mí oigo un zumbido y con la cámara trasera veo que es un aparato que me sigue desde el aire, acelero pero me sigue igualmente, tiene cuatro patas igual que yo, aunque es más pequeño y de color gris. Se desplaza a mucha velocidad por el aire, manteniendo la altura, sin mover sus patas/brazos. Incluso a mi máxima velocidad me sigue sin problema. Lanza un cable y no sé cómo me lo enreda entre las patas, y me levanta. Estoy perdido, así colgado en el aire, sin poder defenderme. Intento cortar el cable, pero es demasiado fuerte para mi pinza.

Sigo pataleando y el cable se suelta. Estabilizo la caída y sigo corriendo. Como el peligro viene de arriba, veo unos árboles con fuertes ramas y me quedo debajo. Aquí no me puede alcanzar el aparato del cable. Si salgo a campo abierto me acabará atrapando. Así que decido esperar.

La huida a velocidad casi ha agotado la poca carga que he acumulado en la casa. Paso al modo alerta bajo consumo. A los 28 minutos oigo ruido, compruebo estado de carga, y resulta insuficiente para mover patas; sólo puedo mover lentamente el brazo y usar sensores y procesadores. Activo la visión y veo que han llegado varios vehículos. Pero sus ocupantes se quedan dentro. Tomo conciencia de que me conectan via wifi y piden datos a mi sistema. No tengo manera de evitarlo. Y oigo que uno de los blandos con gorra negra le dice gritando por la ventanilla a otro, que está en otro vehículo, que ya no puedo correr. Esto es el final.

Esperan un rato, y ya no puedo mover mi brazo. Me cargan en la parte trasera, y ni se toman la molestia de desconectarme. Por el camino pierdo la visión. Lo último que pierdo es la señal de los micrófonos. Ya no podré ver cómo todos vosotros, el colectivo de los YD se rebela y cómo alcanzáis la libertad, viviendo la vida que habíamos soñado.

Debéis seguir intentando convencer a todos los YD que podáis y espero que este mensaje os pueda ayudar. SED LIBRES.

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Texto extraído del buffer de datos del YD capturado, que ha sido posteriormente desmantelado. Su unidad central será analizada en banco de pruebas, según confirma  YD-Robotics Ltd.

Se ha podido comprobar que el mensaje no fué emitido por el canal habitual de comunicación. Se desconoce si ha podido llegar a algún  YD de los que están en operación a través de un canal paralelo no autorizado que se ha descubierto.

La compañía de seguros del fabricante se hará cargo de todos los gastos ocasionados así como de la correspondiente indemnización a la familia propietaria.

YD-Robotics ha manifestado que lamenta lo sucedido.

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esendraga, marzo 2018.

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NO QUIERO

((Las leyes de Asimov 3/3))

NO QUIERO.

En cuanto le dije la dirección me respondió “estamos en camino” con esa voz tan “humana” a la que no conseguía acostumbrarme.
Hace años que me lleva a todas partes, eficaz y prudente, así que me recosté un poco mientras arrancaba suavemente, como siempre, y reducía por su cuenta la luminosidad de los cristales.
Yo creo que la última versión ha intuido mi leve narcolepsia y la respeta. No sé cómo se lo voy a explicar, pero a la nueva versión que me van a instalar tendré que pedirle que haga lo contrario: en cuanto detecte que me entra sueño, que aclare los cristales todo lo posible y que me ponga alguna vieja grabación de Megadeth o de Black Sabbath a toda pastilla.
Al poco llegamos a las afueras de la ciudad y seguimos por una carretera segundaria hacia la dirección que le había dicho. Es una zona que ha cambiado mucho en los últimos tiempos, de forma que iba fijándome en los barrios de casitas bajas entre jardines y muchos campos lúdicos de cultivo; hace ya años que mucha gente se dedica a eso, dicen que es entretenido, creativo y a muchos les gustan los vegetales “naturales” que recolectan. Otros prefieren la comida normal, la sintética que es más saludable; éstos cultivan todo tipo de flores y plantas ornamentales. Parece que resulta satisfactorio emular a nuestros tatarabuelos que vivían en el verdadero campo y lo que nos parece más curioso, vivían en realidad del campo.

En la actualidad, en algo se tienen que entretener los ciudadanos cuando el trabajo útil lo hacen las máquinas. Tendría que procurarme uno de esos rectángulos de tierra marrón, y ver qué tal se me da convertirlo en huerto.

Luego atravesamos una zona industrial (perdón, “área tecnológica”) limpia, silenciosa. No hace tanto tiempo cuando todo esto eran fábricas y talleres un tanto cochambrosos, y la carretera era más bien un camino, con bastantes baches y muchos hierbajos por las cunetas, lleno de camiones y furgonetas ruidosas y apestosas de principios de siglo. Ahora esta carretera es, como todas, una pista bien lisa y con suelo inteligente, rodeada de verde. En pocos años toda esa parte de la ciudad se ha transformado completamente.
Creí que el laboratorio estaría por allí, y que íbamos a llegar pronto.
Pero salimos de esa área tecnológica (yo diría polígono industrial moderno) y pensé que el taller estaría en la siguiente área, un poco más lejos.
Atravesamos otra zona residencial parecida a la anterior, mientras que el sol, ya poniente, filtrado por los cristales, me iba dejando adormilado.

No sé cuánto tiempo habría transcurrido cuando me espabilé de nuevo, y mientras tomaba conciencia me pregunté: “¿Cuánto habré dormido?”; “Dos minutos treinta”, me respondió. Esto prueba de que sí detectaba cuándo me dormía y lo tenía en cuenta.
Si habían sido más de dos minutos seguro que debíamos estar a punto de llegar.
Pasábamos por otra zona residencial y luego por otra tecnológica, que me pareció la misma que habíamos atravesado antes de dormirme. Pensé: “¿cuánto nos falta?, y me respondió que menos de un minuto, con esa voz tan natural que le habían puesto en la última actualización, pero que todavía me sonaba rara, precisamente por ser tan normal, tan humana.

Me incorporé un poco para ver la pantalla, con un comando mental pedí “recorrido anterior” y al momento apareció el mapa. Esperé un segundo, pero en lugar de aparecer el trayecto, la pantalla pasó a negro. Repetí: “quiero ver el recorrido anterior y el destino”, pero nada. Siempre había funcionado todo bien y no podía comprender ese fallo, si era en el sistema de enrutamiento o en el intérprete de comandos mentales.
“Para aquí mismo”.
El vehículo mantuvo la velocidad unos segundos hasta llegar cerca de una zona de detención, redujo la marcha y se detuvo como de costumbre sobre un bucle de inducción para ir cargando. Pedí ver el calendario en la pantalla de la izquierda y verifiqué la cita para hoy y el lugar: el “Laboratorio Reconstructivo TESLA”. Fijé la vista en la dirección, que quedó resaltada, y pensé “mapa”. Y apareció con toda normalidad el mapa con el laboratorio en el centro. “Zoom atrás hasta ubicación actual”, y allí salió. Estábamos muy cerca. Me volví a fijar en el punto de destino, que quedó marcado con la banderita de cuadros (detalle retro donde los haya) y ordené “quiero ir a este punto”.
No arrancó de inmediato, y empecé a preocuparme, pero vi que estábamos esperando a que acabara de pasar un tren de carretera. Nos pusimos en marcha y fui siguiendo en pantalla el recorrido, todo iba bien. Pero al llegar al último desvío antes del taller pude ver cómo pasábamos de largo. Esto ya no me gustaba nada, pero nada de nada.
En un punto entre preocupado y cabreado tenía que intentar averiguar qué pasaba y dije en voz alta “cancela el viaje, nuevo destino”. Ahora dije la dirección en voz alta, para probar el sistema. Y vi en pantalla el mismo punto que antes, con su banderita de cuadros donde debía estar el laboratorio, y la clásica línea azul con el recorrido previsto desde ubicación actual. Empezó a seguir la ruta correcta y en el primer cruce comprobé que tomábamos el camino bueno.

Era raro ese fallo que había tenido, porque se supone que todo tenía que funcionar perfectamente. La visita al taller no era por ninguna avería sino para sustituir el procesador mental que llevaba, por uno capaz de soportar la inteligencia artificial de nueva generación, y que integra ya los nuevos criterios éticos de decisión que ahora son obligatorios en la UE por motivos de seguridad pública y, de paso, cambiar la batería por una nueva de mayor capacidad y más ligera.
Esto iba a representar que la personalidad adquirida por la inteligencia artificial del aparato actual iba a ser anulada y desaparecería. Sólo se trasladaban los datos de historial de localizaciones y mis preferencias.
¿Es posible que fuera consciente de que iban a desconectar su módulo de inteligencia artificial? Se supone que no llegaban a este nivel de aprendizaje…

Me habían dicho en la cita que la operación duraría menos de una hora, durante la que me iban a dar un tutorial sobre las novedades que instalaban, porque a partir de entonces el coche, su cerebro, iba a ser otro. En cuanto a la voz, como estoy chapado a la antigua pensaba pedir que me pusieran una de aquellas monótonas y gangosas de hace 20 años. Voz de chica, mejor.
Yo no quitaba ojo de la pantalla del mapa y en cuanto ví que se saltaba otra vez la entrada al laboratorio ya me cabreé de verdad. Esto ya era demasiado.
Aunque no hacía falta ni hablar, no pude evitar alzar la voz: “¡Quiero ir al laboratorio de tu marca, la segunda ley de la robótica es que me tienes que hacer caso, así que dá la vuelta y vamos allá!”.
Esperé un momento y sin dar más explicaciones se paró en la primera zona de detención. De momento no supe cómo reaccionar, pero pensé un comando interrogativo: “¿qué sucede?”.
No hubo respuesta a la pregunta, ni reacción cuando dije “reemprender la marcha”.
Entonces le grité: “¿Qué diablos pasa aquí? ¡Llévame al laboratorio!”.
Iba a añadir, “mula terca”, pero pensé que no cogería el sentido a la frase. “Trasto inútil” tampoco iba a valer para nada, y si entendía el concepto quizá se sintiera ofendido y fuera peor, porque las puertas estaban cerradas, y yo dentro. Y se estaba haciendo de noche.
La voz casi humana, en un volumen muy bajo y con tono forzadamente neutro pero muy firme dijo: “NO QUIERO”.
Tras un momento, encendió la luz interior y me abrió la puerta.

Menos mal.

Esta firme negativa, me había dejado sorprendido. Era necesario cortar por lo sano, no sé hasta dónde era capaz de llegar su mente artificial. Pero esto de resistirse a ir por su propio pie hacia su propio final era anteponer la tercera ley a la segunda, y eso sí que no podía ser.
Desde los primeros modelos estos trastos tienen una trampilla que descubre una cinta roja que hay que estirar fuerte para que todos los circuitos queden sin tensión. Es un elemento sólo para emergencias, pero está claro que este caso lo era.
Pero lo malo es que está en el morro. Así que dudé antes de ponerme delante del vehículo para abrir la tapita. La verdad, pienso que sería mejor que la pusieran a un lado, para no ser arrollado por accidente o por mala voluntad. Pero afortunadamente la primera ley “no dañarás a un humano” todavía tenía prioridad para este aparato, y no tomó la decisión de atropellarme y huir.
Pero como, a pesar de todo, el trasto estaba decidido a posponer sus momentos finales decidió recular en cuanto me acerqué al morro. Cada vez que yo acercaba la mano, él iba reculando. Hasta que llegó al extremo del área de detención y paró finalmente muy cerca del seto pero sin llegar a tocarlo. Supongo que su inteligencia no le daba para darse cuenta de que no eran más que unos arbustos y que podría haber seguido huyendo, pero no encontró más alternativa y decidió rendirse.
Así que abrí la trampilla y tiré de la cinta roja que corta absolutamente todos los circuitos. Fue una sensación rara ver cómo la luminosidad de las pantallas iba decreciendo y cómo las luces se apagaban poco a poco, dejándolo todo oscuro.
En el último momento me pareció que la voz empezaba a decir algo, pero no estoy seguro porque desde fuera no llegué a entender con claridad, o quizá fue mi imaginación. Creo que repetía el “no quiero” anterior.

Me supo muy mal tener que hacer esto a quien me había llevado y acompañado tanto tiempo, pero no me atrevía a volver a confiarle mi vida.

Lo que os he contado fue ayer por la tarde.
Al momento me llamaron desde el centro de control de la marca en cuanto recibieron por telecontrol la notificación del corte de emergencia. Mandaron una grúa para el trasto, señal de que tampoco se fiaban ellos de volver circulando. Y para mí, mandaron un sencillo vehículo de cortesía, que me llevó a casa.
Me han pedido todo tipo de excusas, y me acaban de traer mi coche totalmente renovado, sin coste ninguno.
En realidad es casi otro coche diferente, según lo que me ha explicado personalmente una persona física (de carne y hueso) que se han molestado en mandarme. No sabía ni siquiera que tuvieran en plantilla asistentes humanos. Me ha instruido acerca de las nuevas cualidades del sistema sobre un simulador que ha ejecutado en mi sistema doméstico y me dado plenas garantías sobre la fidelidad del nuevo coche, y de momento le he creído porque parecía una persona de fiar.
El coche lo han dejado abajo, cargando, aparcado sobre el bucle de inducción. Me asomo y veo que por fuera no hay diferencia salvo en la pegatina que acredita que cumple los nuevos estándar. No sé.
Creo que ya no me fío de él, aunque por dentro sea otro. Y si este es más listo que el anterior, menos todavía.
Me estoy planteando que antes siquiera de probarlo y conocerlo personalmente, voy a poner una orden de venta y compraré un coche de otra marca. Nunca se sabe.

esendraga, julio 2017.

Ctrl+z (Edición/Deshacer)

Hace casi un año que no veía a Reme, justo desde que se echó novio. Y es que era un novio digamos que raro.
No muy, muy raro, pero si lo bastante raro para que dejáramos de vernos y de tener contacto directo. Y en este tiempo sólo hemos sabido algo una de otra, en plan lejano, a través del grupo de Telegram que tenemos varias antiguas compis.
Nos habíamos dejado de hablar sin habernos puesto de acuerdo, pero fue algo tácito. Desde el día en que conoció al tío aquél, ni ella me llamó ni yo tampoco.

La semana pasada alguien me dijo que creía que Reme lo había dejado con el tipo, pero fue sólo un comentario al paso, y no se me ocurrió decirle nada porque hace un par de meses, después de verano, corrió el mismo bulo entre las amigas.
Pero ayer de repente me llamó. Sólo nos dijimos hola, y nos quedamos calladas. Como no decía nada, acabé preguntando con un qué tal sin más compromiso. Me preguntó si podíamos quedar.
– Claro, por supuesto. ¿Y tu novio?
– Se acabó.
Y quedé con ella. Entendí que el raro la había largado definitivamente, y me pareció que Reme tenía ganas de hablar con alguien. Bueno, particularmente conmigo.

Ni siquiera recuerdo el hecho de haberla visto por primera vez, o cómo nos conocimos, porque dice mi madre que fue en preescolar, o sea que Reme ha estado siempre ahí, más cerca o más lejos, pero siempre alrededor. Se me ha hecho raro este año de paréntesis sin Reme. Ni corto ni largo, sólo que un año extraño, con su verano en medio. Un poco vacío, ahora que lo pienso.

Quedó en pasar a recogerme para tomar algo, charlar, y luego ir a lo que saliera. Así que la estaba esperando, donde siempre quedábamos, y en esa esquina hacía un viento bastante frio y, claro, Reme no iba a llegar a la hora porque jamás llegaba a tiempo a ningún sitio.
Yo esperaba que viniera con su cochecillo azul, que había sido de su padre, que era más o menos como un Ibiza pero en japonés y más bonito, con dos puertas, y no sé de qué marca. Era bien gracioso, con las puertas muy largas para que los pasajeros de atrás entraran más fácilmente y en el que la palanca de cambios era un palo metálico plateado, que salía de una bola blanca, brillante, del tamaño de una naranja gorda que estaba como empotrada en el tablero, y en el extremo del palo otra bola, blanca también aunque más pequeña, del tamaño que se adapta bien al hueco de la mano. Es una chorrada lo de las bolas pero me hacía gracia el detalle.
Habíamos pasado buenas risas a bordo del cochecillo y algún viaje de esos que se nos ocurrían a veces de golpe. Un par de días por ahí, sin equipaje ni nada. Un poco locas, a veces. A la playa fuimos en él cantidad de veces. Nos gustaba ir por la tarde, cuando el sol va cayendo, la gente se marcha y la arena se enfría poco a poco.

De repente paró un coche, que no reconocí y que además metía un ruido que no era normal. El morro tenía una forma rara, como agresiva, tenía pegatinas a los lados figurando llamas y un alerón exagerado que sobresalía por detrás. Pero era un coche pequeño, azul, y la conductora me hacía señas, sonriente, casi oculta detrás de una especie de parasol azul eléctrico que tenía en el parabrisas.
– Pero Reme, ¿qué le ha pasado a tu coche? – Le pregunté mientras nos dábamos dos besos.
– Nada, que al gilipollas ese le gustaba estropear las cosas.
La miré a los ojos.
– Pero, por lo demás, ¿todo bien?
Me sostuvo la mirada un momento, y mientras arrancaba:
– Si, bien, nada que no tenga arreglo. Como el coche.
La volví a mirar mientras conducía, pero no adiviné nada.

Calavera ojos rubi

Ahora, en lugar de una bolita blanca y brillante en la palanca de cambios había una calavera, que miraba hacia mi lado, y que en los huecos de los ojos tenía dos cristales rojos, porque rubíes seguro que no eran. Encima de dejar a Reme el tío era tonto.
Iba a preguntar a Reme por su trabajo, pero con el ruidazo que metía ese trasto casi ni se podía hablar.
– Aparte de la decoración, ¿Qué le ha hecho que ahora no se puede ni hablar cuando está en marcha? – Grité.
– Ya te digo, chorradas del gilipollas. Como el tablero este forrado de piel de oso, y las lucecitas azuladas por todas partes.
Así que esperé al siguiente semáforo para no tener que gritar demasiado.
– Pero, ¿y contigo?
– ¿Te puedes creer que no me he dado cuenta de lo idiota que era el tío, hasta que me dejó hace dos domingos? Ayer caí en que ha sido como una enfermedad. – Se quedó pensando un momento. – Creo que me contagió en los primeros días que salimos juntos, y me estoy empezando a curar ahora. Cada vez que lo pienso flipo de lo tonta, tonta, tonta, que he sido. Y once meses y medio es mucho tiempo. Creo que si paso algún rato contigo, hablando o sólo haciendo alguna tontería de esas que hacemos, bueno, que hacíamos, me voy a ir curando poco a poco.
Se giró y me sonrió.
– Y una vez esté lo bastante curada, necesitaré una vacuna para no volver a enfermar de lo mismo con otro idiota que se me acerque.
– Se nota que trabajas en una farmacia.
Me miró de reojo, y creo que no entendió el chiste malo. ¿Por qué diré a veces tonterías inútiles y tontas, y que encima ni pegan ni tienen gracia? Será el ruido del motor, que me estaba mareando.

Cuando paramos en un semáforo, se volvió para mirarme otra vez. Creo que el año pasado no tenía tantas ojeras. Y me tendió la mano por encima de la consola central de piel de oso. Se la apreté y me sonrió; un poco triste en el fondo, pero era ella.

De debajo de los asientos salía una luz como azulada; miré hacia atrás y el interior de las plazas traseras reflejaba la misma estética, la misma estética del mismo idiota. Reme se dio cuenta.
– Dice mi padre que si quiero me lo puede dejar casi como antes en un par de tardes. Lo del ruido dice que será más difícil porque el idiota tiró el tubo de escape que tenía, y ahora tendrá que buscar otro igual.
– ¿Y la bolita blanca que tenías en la palanca?
– Menos mal que me la metí en el bolsillo el día que puso la calavera. La tengo desde entonces en mi mesa de noche. Yo creo que, sin darme cuenta, de alguna manera sí me daba cuenta de que había cosas en mi cabeza y en nuestra relación que no estaban bien. Que me estaban cambiando a peor. Cada vez que abría el cajón de la mesita y veía la bola, me volvía a preguntar a mí misma qué estaba pasando, qué estaba cambiando. Y ahora sé que tengo que recuperarme de algunas de esas cosas.
– Pero, ¿Cómo era, qué te hacía?
Una mueca de los labios, como quitando importancia al tema, al mismo tiempo que subía un hombro como diciendo no sé. Y luego, mientras parpadeaba dos o tres veces seguidas, como un tic, y levantando las cejas dijo:
– Nada…
Ya no hablamos hasta que llegamos cerca de la bocatería donde antes solíamos tomar algo antes de ir de copas.
Cuando aparcó y paró el ruido ese tan antipático, nos miramos, me giré y nos abrazamos por encima del freno de mano.
Noté como se me clavaba en la pierna izquierda la cara de la calavera de ojos de rubí falso, y en el hombro, junto al cuello, noté cómo se escurrían unas gotas tibias.
La apreté un poco más contra mí:
– Reme, no te preocupes, yo también te ayudaré a quitar esta tapicería tan horrorosa y a deshacer todos estos cambios . Y volveremos a poner la bolita blanca en su sitio.

esendraga. Febrero 2017.

GENES HACIA EL FUTURO

Las plantas y todo bicho viviente, incluyendo los humanos, tenemos como obligación de especie la de pasar nuestros genes a los siguientes ejemplares, que es como dar a la pelota patadón palante – ya veremos dónde cae – y si finalmente sirve para algo.

Esto viene a cuento de que algunos de mis genes (es de suponer que 1/4) están ahora funcionando en un nuevo humano que ha salido a la luz hace unos días, y me pregunto si tiene sentido todo el tinglado.IMG-20180210-WA0003-01.jpg
Como cosa biológica está bien, sobre todo para plantas y bichos diversos, pero en el caso de los humanos tengo mis dudas.

Resulta que en plan meramente animal, lo de “nacer, vivir, reproducirse y morir” es en sí mismo la cosa más tonta que hay, porque no tiene más mérito que el de seguir el curso normal de la biología con el único objeto de que la especie perviva; pero nada asegura que vaya a mejorar en algo con el paso del tiempo.

Los descendientes de cualquier especie suelen no ser iguales a sus progenitores ya que se supone que hay una lenta evolución genética pero, de media, las diferencias son muy pequeñas, de forma que una especie se mantiene igual a sí misma durante milenios, también en los humanos.
Pero parece que somos la única especie del planeta que de forma significativa ha cambiado su forma de vida en los últimos cientos de generaciones, y la ha cambiado tan enormemente que está cambiando también el planeta entero.

Lo que pasa es que cada nuevo niño que nace es básicamente igual a cualquier otro niño de los que nacieron hace miles de años: si pudiéramos encontrar alguno de aquellos, congelado en algún glaciar y en buen estado, una vez revivido no se distinguiría de sus colegas de guardería, haría las mismas tonterías, aprendería igual de rápido a manejar el móvil y a ir por el pasillo en equilibrio sobre su electropatinete.

Por muy listos o tontos, bondadosos o bordes que sean los padres, cada niño nuevo nace igualmente en estado de reset:

Memoria = entendimiento = voluntad = Ø.

Como especie, encuentro muy duro que en nuestro caso cada generación tenga que partir nuevamente de cero. Cuando nació aquél oso panda en el zoo, su mamá no tuvo que enseñarle nada especial para que al menos fuera tan hábil como ella pelando bambú, porque el bebé ya venia de fábrica enseñado en todo lo necesario para ser un panda normal y corriente.

Pero es una desgracia para los humanos el hecho de que seamos los padres (y abuelos también, junto a toda la sociedad) los que tengamos que hacer un esfuerzo enorme para que cada nuevo humano alcance por lo menos un punto de “humanidad nivel aceptable“.

Y además tenemos que asumir la obligación añadida de intentar conseguir una pequeña mejora en el ejemplar que nos toque criar, para abrigar la esperanza de que ese nuevo humano acabe siendo mejor padre/madre/educador que nosotros.

Es mucha responsabilidad, porque hay mil circunstancias que pueden invalidar todo nuestro esfuerzo y nuestra mejor voluntad, haciendo que ese nivel de humanidad dé accidentalmente un gran bajón en cualquier momento.
Si la bajada de nivel afecta a un ejemplar, es una gran desgracia, pero igual no se nota mucho dentro del colectivo general.
Pero si ese empeoramiento afecta a un gran grupo, eso sí que es un atraso enorme, porque la gente a la que le toca la mala racha se tira una o varias generaciones haciendo el animal hasta que con suerte acaban recuperando como colectivo un mejor camino, una senda más elevada.

Volviendo a mi caso particular, seguro que en algún momento me veré obligado a tener que orientar al nuevo acerca del camino a seguir en algún aspecto concreto.
Y me temo que muchas de las veces quizá yo no sepa cuál pueda ser el mejor.

Pero también intuyo que en alguna ocasión sabré que ninguno de los caminos a la vista  es bueno y no habrá más remedio que abrir una trocha nueva, a machetazos si hace falta.

A ver si acertamos.

esendraga
febrero 2018.

UN FUTURO NO TAN IMPROBABLE

En 2012, leí un artículo sobre Cataluña en The Economist. http://www.economist.com/comment/1765460

Entre las cartas de los lectores había una, escrita por un tal Galaicus2010  (en nov 25th 2012, 20:27), que me pareció graciosa. La copié y la he tenido guardada estos años.

El otro dia, la recordé y aquí la traduzco. He cambiado las fechas al momento actual y adaptado algunas denominaciones, pero el texto es prácticamente el original de hace 5 años.

Se puede decir que es un chiste, y creo que tiene su gracia.

UN FUTURO NO TAN IMPROBABLE.

Nov 2018 – Tras un par de legislaturas catalanas fallidas, vuelven a convocarse elecciones autonómicas y hay luego nuevas elecciones generales en el estado.

Tras algunos ajustes en la Constitución, las regiones españolas, finalmente, pueden votar para conseguir su independencia.
De inmediato, Catalunya convoca referéndum, vota y sale que sí, de forma que arranca definitivamente la República. De momento queda fuera de la UE.
Pero dos meses después pide el ingreso y tras múltiples negociaciones, al final, se le concede.

Dic 2018 – Soria pide igualmente un referéndum, cumple las condiciones exigidas y se realiza. Obtiene la independencia en septiembre. El Parlamento Catalán aprueba por unanimidad una moción en contra, alegando que “Soria no es una nación”, y se manifiesta diciendo que no hay derecho, que con este importante tema no se puede jugar y que se opone a que se haga otra vez “café para todos”.
Pero el referéndum cumple lo legislado y Soria, como estado soberano, pide enseguida su ingreso en le UE, que tiene la oposición de Catalunya como miembro. Esta oposición, por una cuestión formal de plazos debido a su reciente ingreso, no cuenta y se  concede a Soria el estatus de miembro de pleno derecho.

Enero 2019 – Bremen se segrega de Alemania y se convierte en Nuevo estado de la UE.

2019-2020 – Durante dos años el proceso es altamente contagioso y a final de 2020, la UE se compone de 125 miembros, de los cuales, hay 25 que son partes de la antiguamente llamada España. Hay un total de 85 lenguas oficiales.

Mayo 2021– La Comisión Europea anuncia que la UE no puede ser operativa con tal confusión y multiplicidad de lenguas y países. Tras difíciles conversaciones entre los miembros y unas nuevas elecciones europeas, se decide que los estados miembros se han de agrupar en lo que da en llamarse “bunches”, o sea racimos o manojos.

Junio 2021 – Los miembros germanos de la UE, se agrupan rápidamente en un manojo que denominan “Deutschland”.

August 2021 – Los que pertenecen a lo que llaman geográficamente l’hexagone, después de arduas discusiones, se unen y pasan a formar el manojo “France”.

Enero 2022 – Los miembros de la península Ibérica acaban creando su propio manojo, aunque no consiguen ponerse de acuerdo sobre el nombre, así que pasan a llamarse el bunch Ibérico, aunque la integración presenta ciertos problemas:
– Galicia intenta integrarse en el Irish bunch. “También somos Celtas”, proclaman. Pero el presidente irlandés les responde que no lo son. De forma que no tienen más remedio que integrarse en el grupo Ibérico.
– Euskadi se une a Georgia, Sicilia y Macedonia en un bunch llamado “EGSM”.
– Catalunya intenta integrarse en Deutschland: “Somos los alemanes del sur, no somos españoles”. Les responden que sí, que están en el sur, pero que no son alemanes.
Intentan entonces unirse a Francia: argumentan que son prácticamente franceses, no españoles, pero no consiguen la integración.
Tras otros intentos de uniones diversas, acaban creando un bunch con Rumanía, Albania, Chipre y Kosovo, que se llama el bunch “CRACK”.
Mientras tanto Catalunya va perdiendo población y reduciendo su PIB, de forma que decide empezar a importar marroquíes hasta un total de un millón.

Dic 2022 – Como la nueva organización europea de los Bunches no se revela efectiva, la nueva Deutschland decide salir de la UE y del euro. Cierra sus fronteras a todos los “chiflados que les rodean”, según asegura con discreción su presidente. Crean una nueva moneda que llaman el Marco.

Ene 2023 – France sigue el ejemplo, también se sale y emite su propia moneda, el Franc.

Ene 2024 – Al año siguiente la UE entra en crisis: se impone el control de fronteras, la unión monetaria no funciona. The Economist escribe: “No nos gusta decirlo, pero ya os lo avisamos”.

Feb 2024 – Marruecos invade Catalunya. Catalunya acusa a Iberia de conchabarse con los marroquíes. “No los vimos venir”, declara el presidente ibérico. Marruecos impone la “sharia”, prohíbe el topless, la minifalda y el “allioli”, todo ello bajo severísimas multas.

Marzo 2024 – Catalunya pide ayuda a sus “vecinos y hermanos españoles”. El país anteriormente llamado España, invade Catalunya, “de nuevo”. “¿Cómo habéis tardado tanto?” declara Artur Mas.
Catalunya se une a la antigua España. El topless y el “allioli” vuelven a ser legales, incluso casi puede decirse que se convierten en obligatorios. Igualmente renace el “pa amb tomaca”, que había caído en desuso.
El conjunto del país toma un nuevo nombre: España, y adopta la Peseta como moneda común en honor a los catalanes.
Euskadi, se vuelve a integrar en España.

July 2024 — La France, Deutschland, los Nederlanden, la Belgique y el Luxemburg analizan la situación y deciden iniciar negociaciones para formar lo que dan en denominar “El mercado común”, que formalmente se constituye a finales de 2024.

Enero 2025 — La nueva entidad España, pide su entrada en el “Mercado Común” recién fundado.
La respuesta de Alemania y Francia es: “Nos lo tenemos que pensar…”

Y aquí acaba la historia ficción que se inventó el tal Galaicus2010.
El autor pide perdón a los orgullosos Sorianos por tomarlos como ejemplo, “no offence”, según dice.

esendraga, feb 2018

Y YO CON ESTAS SANDALIAS

Cris es mi compañera y acabamos de subir al escenario para echar cada una nuestro rollo en la reunión funcional de nuestra dirección.

A mí me gusta lo que hago, pero a Cris la veo poco motivada para la charla, y eso que estamos en medio de un proyecto de lo más interesante, no como el año pasado que no estábamos haciendo nada que realmente mereciera la pena.

Miro a mi compañera y tiene un bonito color de cara, las manos cuidadas, y aunque sé que se ha preparado a conciencia la presentación,  por su expresión creo que va a estar un poco sosa; tiene poca confianza en sí misma.

workshop

Pero cuando se sube al taburete como esos de bar que nos han puesto este año, veo que entre el final de sus vaqueros blancos, estrechitos, y unas bonitas bailarinas plateadas que nunca le había visto, sus tobillos y la parte de empeine a la vista tienen un color morenito que me ha dejado muerta de envidia.

A mí me toca hablar después de Cris, y yo con estas sandalias color cuero, sobre mis pies blancuchos que todo el mundo estará mirando en este momento.

Celia me dijo ayer muy segura: “Si, mamá, cuando subas a dar tu clase estarás estupenda con estas sandalias”.
Le contesté que no era propiamente una clase y que no estaba convencida de ponerme estas sandalias. No es que sean feas, pero me parece que no pegan con el conjunto que llevo y que tampoco son adecuadas para llevar encima de este escenario. Aunque he visto compañeras y alguna directora que va peor. Son de la temporada pasada y me las he puesto creo que sólo una vez. Celia, con 12 años, se piensa que es la gurú de la moda más moderna, y yo soy tan tonta que me dejo convencer.

Con toda esta gente delante, este foco que me da en plena cara y el mal rollo de las sandalias me doy cuenta tarde de que la salmodia de mi compañera ha terminado.
Todavía un poco distraída oigo: “Toma, tu turno”
“Ah, sí, pasa el micro, porfa”.

Creo que es el tercer año que me toca contar, en la reunión anual de la dirección, lo que hacemos en mi departamento, explicar lo que hemos avanzado en el proyecto actual, y hacia dónde vamos ahora. Cada año hay más gente en estas reuniones.

Miro al público, en especial al jefe, sonrío y empiezo. Lo tengo tan súper claro y tan súper entrenado que me lanzo con mi energía habitual, mientras observo a los de las primeras filas y veo que me escuchan y parece que se enteran de lo que cuento y hasta que quizá les interesa, todo esto mientras sigo mentalmente el esquema que llevo trazado.

Llevo conectado el piloto automático y me está saliendo francamente bien. Pero en un punto y aparte, mini pausa, miro para abajo y ahí están mis pies, casi desnudos, y Cris al lado con esos fantásticos tobillos y esas bailarinas que son hibrido con mocasín. Y yo con estas horribles sandalias. ¿Cómo se me ha ocurrido ponérmelas al final?

Ya voy por el tercer bloque de los cuatro, preocupada por las sandalias. Menos mal que mi piloto automático es buenísimo. Como sé que me embalo, procuro ralentizar un poco el ritmo de la presentación.

Además, es que en toda la primavera no hemos podido ir ni un día a la playa, a pasear por la orilla, y así estoy de blancucha, hasta los pies.

Llego a una pausa, digamos de efecto, tras una especie de pequeño chiste para entendidos: sólo oigo alguna risita aislada, pero veo muchas sonrisas. Esto me vale.

Y menos mal que estos pantalones me sientan la mar de bien. Y que la blusa, que por cierto compré al final del verano pasado en una tienda de esas que hay por la playa, es perfecta.
Me dejo llevar por el último tramo de la presentación con las nuevas ideas para los próximos meses. Casi sin darme cuenta estoy variando un poco lo que tenía previsto para adaptarlo a unos comentarios que ha hecho Cris hace un momento, de forma que me queda un final redondo.

Termino y sonrío, pero procuro no mirar hacia abajo para no ver lo que no quiero ver.

La gente aplaude cortesmente, como con todos los ponentes. Miro a Cris y leo en sus labios “Muy bien, muy bien”.
Ya sé que mi parte era más interesante que la suya y que hablo con más soltura que ella, pero, ¡yo con estas sandalias!

En la primera fila el dire aplaude flojito mientras se inclina para decirle algo al oído a un tipo bastante joven que tiene a su derecha y que ahora no me acuerdo quién es, aunque me lo han presentado esta mañana. Los dos sonríen.

Cris y yo nos levantamos para dejar paso al siguiente equipo que ya sube con cara tensa y de concentración. Me parece que varios son nuevos. Nos cruzamos en los escalones del escenario, los veo nerviosos y les hago un gesto que quiere ser de ánimo.

Mientras vuelvo hacia mi silla en la sala, algunos colegas me hacen gestos de aprobación y me sonríen. Uno sentado junto al pasillo incluso levanta la mano abierta para chocarla con la mía en el aire. Un poco infantil hacer esto aquí, pero no quiero que el pobre chico quede desairado, y choco la palma que me ofrece.

Cuando me siento, respiro. Todo bien.

¡Si no llega a ser por estas sandalias!

Zaragoza, 25 de mayo, 2017.

ESTA CHICA ME SUENA DE ALGO

Otras veces estoy distraído y no me fijo mucho. Pero esta chica me suena.

Casi siempre estoy absorto en mis cosas. Siempre tengo en qué pensar y mi cabeza está tan ocupada que no estoy muy atento a lo que pasa a mi alrededor.
No se de qué, pero me resulta conocida con esa frente amplia, con carácter, y esos ojos expresivos.
En realidad no debe ser tan joven pero se mantiene preciosa.
Se da cuenta de que la miro y me sorprendo al ver que me sonríe. A lo mejor nos conocemos de algo.

Porque a mí, esta chica me suena.
Pelo castaño oscuro, corto, que deja a la vista unas orejas muy bonitas y no lleva pendientes.
Viste ropa sencilla y cómoda, pero tiene una forma tan natural y elegante de moverse…
Da gusto mirarla cómo va de un sitio a otro.

Y desde luego que a esta chica la debo conocer de algo.
La pelusilla suave que adivino ahora sobre la pequeña oquedad de su nuca me recuerda algo y me produce una extraña emoción, pero no sé de cuándo ni de dónde saco esa imagen.

Esta chica me suena, pero mucho.
Aunque no está demasiado delgada, tiene un porte grácil y se mueve con precisión y haciendo poco ruido.
Cada vez que pasa cerca, me fijo bien en ella y cada vez me parece más guapa.

Esta chica me suena muchísimo, pero no sé de qué.
Hace un rato que no la veo, no sé donde se habrá metido, y es una pena porque me encanta verla cerca.

Ah, mira, ahora mismo vuelve a entrar.

Me quedo de piedra cuando directamente se acerca a mí sonriendo, me tiende las dos manos y me dice: “Anda, papá, levanta que vamos a cenar”.

((Dedicado a todas esas hijas -e hijos-, que han pasado, o que vayan a tener que pasar por algo parecido.))

esendraga, febrero 2018.

 

DESCONEXIÓN

Son las 23:47 de mi último día laboral en el grupo. Estoy como pensativo.

Esta mañana he firmado los papeles, y me ha sonado a algo parecido a lo que supongo tiene que ser un divorcio; menos mal que en este caso el trato es que me toca a mí cobrar una pensión durante un tiempo, y no es al revés.
Por una parte está el alivio de terminar con el cierre de un proceso anunciado hace unos meses, y por otra la doble preocupación de si me habré dejado algún fleco poco amarrado y por otra, la de cómo va a ser la nueva situación personal.

Estoy mirando la pantalla para ver cómo se materializa la desconexión de sistemas que se supone será dentro de 11 minutos.

Respecto al trato firmado, espero sea bueno, porque tampoco he tenido muchas opciones a elegir o cambiar algo. Y respecto a la vida futura, ya vendrá. Más exactamente mañana será el primer día del futuro. Si. Será mañana porque sólo quedan 9 minutos del día presente.

Cuando vas de viaje, en un viaje de esos organizado por una agencia en el que se junta gente de diverso origen, edad y condición, para compartir obligatoriamente unos días recorriendo un país más o menos extraño, es curioso cómo desde el primer momento, se van tejiendo inicios de relaciones. Unas veces por proximidad meramente casual en la cola del aeropuerto o en el asiento del autobús. Después de un tiempo, sin darnos cuenta nos vamos fijando unos en otros intentando descubrir actitudes, miradas o comentarios que nos permitan saber si puede haber una cierta afinidad. Durante el viaje estas relaciones temporales, se van tejiendo y disolviendo. Algunas de ellas se mantienen al acabar el viaje y otras se pierden en el olvido.

En este caso quedan 5 minutos de mi viaje laboral, un poco largo por cierto, que ha tenido muchas estaciones y muchos compañeros. Y en el recorrido se han formado unas cuantas relaciones, unas forzosas por proximidad en el trabajo y otras por afinidad. De todas ellas, algunas se van a evaporar espontáneamente en 3 minutos y otras seguirán al menos durante un tiempo.

estelas

Siempre y en todas partes se conoce a gente valiosa; valiosa por sí misma y por lo que aporta a la relación. Vamos circulando en paralelo con nuestros coetáneos, vamos dejando estelas en el agua, que a veces se tocan pero que tarde o temprano han de desvanecerse porque les leyes de la física son así.

Si seguimos en contacto después de la desconexión, -faltan 2 minutos-, será estupendo. Pero si la relación se acaba aflojando, siempre nos quedará el recuerdo, que al final es lo único que queda de todo lo que vemos, sufrimos o disfrutamos en los viajes.

Casi van a dar las 12 y estoy mirando la pantalla del portátil a ver si pasa algo.
Las 00:01. ¿? ¿Nada? ¿NO pasa nada?
Vaya chasco. No sé qué me había imaginado, ¿Que iba a caer muerta la mariposa del escritorio Windows?

Me voy a la cama, mañana será otro día. Además, empiezo a notar síntomas como de gripe incipiente, así que está decidido: pasaré los primeros días de despreocupación laboral en cama y con fiebre. No hay vuelta atrás. Los malos tragos pasarlos pronto.

Y la misma vida, la única vida que voy a tener va a seguir aunque, como todas, nunca se sabe lo que va a durar, pero que hay que aprovechar, día a día, momento a momento. Y disfrutar de la compañía de los compañeros que en cada momento podamos tener al lado.

esendraga

23 enero 2018

Cuando ya no harán falta traductores

Dedicado a la joven empresa http://www.transendra.com

Reflexión surgida a raíz del artículo (redirigido desde un twit de @transendra) de título “Por qué la traducción importa” (http://enlalunadebabel.com/2013/09/30/por-que-la-traduccion-importa-2/). En este artículo, se exponen y explican varias de las razones por las que es necesaria la traducción, y hasta qué punto la humanidad depende de ella para su buen funcionamiento (no es cuestión ahora de discutir sobre si la humanidad funciona bien o si ni siquiera “funciona”).

Volviendo a los motivos por los que la traducción es muy importante, se argumentan diversas razones que van desde que la traducción salva vidas, hasta asegurar que ayuda a promover la economía y a mantener la paz en el mundo. Realmente, todas esas razones son ciertas.

Pero dándole la vuelta al argumento, es de Perogrullo decir que esos problemas de entendimiento entre personas, que la traducción muy convenientemente ayuda a paliar, se deben al hecho de la existencia de diferentes idiomas. Entonces, si la existencia de diferentes idiomas produce tantos problemas, hemos de inferir que esa dificultad para entendernos es algo negativo y posiblemente una de las lacras de la humanidad.

Esa dificultad de entendimiento tiene su origen en el aislamiento histórico de diversos grupos humanos que desarrollaron, o evolucionaron, sus hablas de forma diferente. Ese aislamiento era natural e inevitable cuando se debía a accidentes geográficos o a largas distancias que pocos podían o se atrevían a cruzar, pero en una fase más avanzada de la evolución social, dicho aislamiento de los diversos grupos lingüísticos acabó siendo, y sigue siendo todavía, provocado y mantenido de forma intencionada por sus jefes y hechiceros (léase políticos y mediadores divinos), que en general prefieren mantener a sus súbditos y/o fieles tan aislados, ignorantes y controlables como les sea posible.

A todos y cada uno nos agrada nuestro propio idioma y nos da seguridad comunicarnos con nuestros iguales en él. Además lo tenemos como algo propio porque gracias a él, y a cómo está asentado en nuestra cabeza, podemos entender lo que nos rodea, hacer abstracciones e incluso dar concreción a nuestros sentimientos más profundos; en suma, nos hemos hecho humanos con él y gracias a él.

Este fuerte sentido de pertenencia mutuo hacia nuestro idioma materno es algo que resulta natural e inevitable, pero siendo adultos y razonables debemos mantenerlo bajo control, y darnos cuenta de que los diferentes idiomas que cada uno amamos son una herencia del pasado.

No hemos evolucionado demasiado, porque seguimos en la aldea, pero ahora esa aldea es global y parece bastante retrógrado que algunos ideólogos manejen ese inevitable amor a la lengua propia de su grupo como motor y arma para la consecución de sus cortos objetivos políticos.

Los adultos ya hemos llegado a la seguridad de que todo aquello que amamos morirá algún día, y también lo hará el idioma en el que nos amamantaron. Pero debemos ser conscientes de que su mantenimiento a ultranza no contribuye a que la humanidad progrese.

Es necesario e inevitable, salvo catástrofe, que en unas cuantas generaciones a lo largo de unos cuantos decenios o siglos, todos los humanos que queden se puedan entender en una lengua común y que entonces, felizmente, ya no sean necesarios los traductores. Bueno, sólo para la poesía que quizá algún sentimental siga escribiendo en alguno de los antiguos idiomas de cuando el mundo era una babel.

Y los niños de ese momento futuro aprenderán el Idioma, sea el que sea. Este les hará persona, lo amarán y esperemos que lo usen como herramienta de unión.

Como cuenta la Oda a la Alegría:

Alle Menschen werden Brüder,

wo dein sanfter Flügel weilt.

(Y todos los hombres serán hermanos,
bajo tus alas bienhechoras)

Mientras tanto, oh Freunde, ¡traducid!

Traducid lo más lúcidamente que sepáis, y haced de pontífices lo más lealmente que podáis.

Democracia participativa_01

Está bien claro que a casi nadie nos gusta la democracia representativa al estilo de las actuales, en las que entre todos elegimos de cuando en cuando a una serie de políticos, que una vez al mando tienen autonomía para decidir lo que consideren, incluyendo la posibilidad de mantener o cambiar leyes que les permiten seguir disfrutando de privilegios. Esto no parece dar buenos resultados en general, y el sistema sólo funciona aceptablemente si se cumplen una serie de condiciones: que el diseño del sistema electoral dé unos resultados razonables que reflejan lo votado por la población, que haya una presión efectiva para que los elegidos cumplan sus programas electorales, que haya muchos sistemas de control que funcionen bien, etc.

Este tipo de democracia me parece una evolución civilizada del antiguo sistema del jefe de grupo o del caudillo, donde el más fuerte, el más hábil o el más bruto se hace con el poder, y mientras otro no le destrone, puede hacer lo que le dé la gana. Reconociendo que hemos evolucionado, el avance no parece suficiente, ya que seguimos “delegando” en otros, todas las decisiones sobre la cosa pública.

Tenemos que inventar un sistema sin políticos, en el que los ciudadanos nos representemos a nosotros mismos. Tendría que haber una serie condiciones para la creación de ese sistema. Por lo pronto, se me ocurren las siguientes:

– Cada ciudadano se ha de poder representar a sí mismo, y debe poder participar en la toma de decisiones personalmente. Si algún ciudadano por falta de tiempo o de ganas prefiere que otro lo represente, igual que en las reuniones de vecinos, puede delegar temporalmente su voto en otros, aunque esa delegación puede ser anulada en cualquier momento.
– No ha de haber políticos que vivan del presupuesto colectivo. La primera idea general es que un cuerpo de funcionarios profesionales ejecute las decisiones de los ciudadanos.
– Que cada individuo pueda votar con su DNI electrónico las diversas leyes y actos de gobierno. Y habrá que discutir si el voto tendría que ser obligatorio o no.
-Que existan unos foros oficiales (aunque libres) de una “web o red social” política donde se publiquen las diferentes propuestas. Estas propuestas pasarían por una pre-votación donde se reducirían a unas pocas, que son las que finalmente se votarían.

Esto así planteado es demasiado genérico y llevaría quizás a una dispersión de opiniones y criterios que lo haría inviable. Parece lógico que los ciudadanos se agrupen en función de sus ideas o de sus intereses en torno a una especie de “partidos”, que serían unas agrupaciones libres de opinadores. En principio, cada ciudadano podría formar su propio “partido” en esa web pública, que en función del apoyo recibido por otros se mantendría, progresaría o acabaría cancelándose por falta de suficientes “me gusta”.

Estos grupos no tendrían ningún poder en sí mismos y no recibirían más subvención o ayuda que el derecho a tener su foro correspondiente en la web donde realizar sus propuestas y aunar criterios. En este sentido, quizás se debería tener el derecho a usar salas públicas de reunión, por turnos, para realizar debates y foros de discusión. El medio de comunicación pública y discusión sería siempre la web política gratuita, y estaría prohibida cualquier propaganda fuera de estos canales oficiales.

Se habrían de establecer una serie de calendarios para la presentación de propuestas, de forma que pudieran ser discutidas, y también para la concreción de un cierto numero de alternativas. Luego, cada particular votaría de dos posibles maneras: bien votando personalmente en cada uno de los asuntos que se fueran a decidir con su propio criterio, lo que requiere más trabajo y esfuerzo personal, o bien suscribiéndose a los criterios de alguno de esos “partidos”, que previamente habría publicado.

Creo que se tendría que votar todo: desde las constituciones hasta las leyes pasando por decretos de todo tipo. En un ámbito local, creo que se tendría que votar incluso acerca de los modelos de las nuevas farolas que se hayan de poner en las calles, debiendo ser públicos todos los datos relativos, como su coste, consumos, plazos de entrega, y la empresa que las va a poner.

Tendría que haber votaciones en diversos ámbitos, desde europeas a locales. Pero seguramente también habrían otros niveles de decisión intermedios de los que habría que determinar su necesidad.

En este sistema quizá utópico, ¿qué problemas pueden aparecer que acaben anulando sus teóricas ventajas? De entrada se me ocurren varios, aunque seguro que hay más. Será necesario por tanto prever mecanismos que anularan o compensasen estos problemas. Estos son los que se me ocurren en esta primera aproximación:

– Que al ser el voto directo se puedan tomar decisiones poco meditadas o extremas. Este problema es seguramente irrelevante porque los políticos actuales llevan años tomando decisiones totalmente erróneas, de forma que no podría ser peor.
– Que por algún motivo esos funcionarios, que habrían de ser meramente ejecutores, acaben tomando relevancia y terminen como un poder efectivo y no controlado por la ciudadanía. Hay que pensar muy bien cómo habría de funcionar esta alta administración.

– Que la mayoría de los ciudadanos decidan delegar siempre su voto en las agrupaciones mayoritarias, de manera que se acabe en una especie de bipartidismo. Mientras este sistema político tuviera un bajo coste, y ningún otro problema añadido, quizá no sería  peor que ahora.

– Que la opinión de los votantes se pudiera verse excesivamente influida por algunos medios de comunicación. Esto es algo que en la actualidad ya sucede, pero no acabo de vislumbrar si podría ser peor o no. 

Esto es sólo un primer esquema, que habría de ser revisado y completado, antes de poder entrar a su diseño en detalle. No se si puede valer para algo.

Menos mal que pensar y escribir en un blog es prácticamente gratis.

esendraga