DURANTE LA CUARENTENA ESTE NIÑO HA APRENDIDO A HABLAR, Y SU HERMANO A CAMINAR.

El pequeño tiene casi un año. El padre lo lleva de las manitas por el salón, que va recorriendo con piernas torpes porque está aprendiendo a andar. Tienen puesta la radio, no muy fuerte, para saber si hay noticias sobre la cuarentena. El mayor, que está acabando de cenar en la cocina, con su madre, tiene dos años y pico.

Captura 3

El padre no está muy atento a la radio en ese momento, jugando con el peque, pero cree oír algo sobre el levantamiento de la cuarentena. Coge al niño en brazos y se acerca la radio para escuchar mejor. Pero tiene que esperar un poco hasta que el periodista hace un breve resumen final, cuando la declaración oficial termina. Sí, en efecto, a las familias o grupos de personas que han compartido vivienda durante la cuarentena y que no hayan mostrado síntomas en estos meses, pueden salir a la calle con ciertas condiciones.
Enseguida grita a su esposa:
—¡Oye, que mañana podemos salir ya a la calle!

Ya se esperaba que se relajara el confinamiento en breve, pero de todas formas les pilla por sorpresa. Se acerca a la cocina y el mayor acaba en ese momento su yogur. Ve a sus padres que se sonríen con un gesto de triunfo y pregunta:
—Papá, ¿qué pasa?
—Pues que mañana ya podemos salir a la calle.
El niño piensa un momento y dice.
—Pero siempre salimos todas las tardes a aplaudir al balcón. Y algunos días que hace sol también salimos y me siento en mi sillita.
—Sí, pero es que mañana podremos bajar a la calle, a caminar, al parque.
—¿Al parque que vemos en el video ese del columpio?
—Sí, a ese, o a otro. Podremos ir al que queramos. Incluso podremos ir en coche.

Como el niño no responde, él piensa un momento y se dirige a su mujer:
—Tengo que leer los detalles, porque a lo mejor podemos ir también a ver a los abuelos. No me enterado muy bien de todo, sólo he oído los titulares.
El niño reacciona porque no ha entendido a su padre y se gira hacia la madre:
—Mamá, pero ese parque es del video, de cuando yo era pequeño. Ese que estoy en el columpio rojo y el otro video del tobogán, ese video que al final me caigo de culo.
—Si, pero lo que dice papá es que podemos ir a ese parque del video o a cualquier otro parque. ¿No te acuerdas que a veces íbamos a otros parques?
—Pero yo solo he visto ese parque del video…

El padre está buscando en su móvil los detalles de la noticia. Pero no encuentra nada todavía porque el anuncio es de hace solamente unos minutos.
Se sienta en la cocina, junto a su mujer, con el pequeño sobre las rodillas, mientras intenta explicarle al hermano mayor:
—Mira, lo que hay en el video son cosas que pasaron hace tiempo y las ponemos en la tele para que nos acordemos y para reírnos. Pero el parque, la calle, la playa, la casa de los abuelos, son cosas reales. Ahora las vemos solo en foto o en videos, pero que existen en la realidad.

El niño se queda pensando y calla.
—Bueno, ahora luego hablamos, voy a cambiar a éste que me está llegando un olorcillo… Justo ahora que está recién bañado. Cachisss.
El mayor sigue pensativo, pero casi sin darse cuenta repite lo de “Cachisss”. Desde hace unos días parece que ha descubierto ese sonido y le gusta alargar las esesss de los finalesss.

Cuando lo acaba de cambiar, deja al peque en el suelo para que se entretenga con los juguetes que el hermano mayor tiene esparcidos por todo el cuarto, mientras él vuelve a consultar el móvil.
Pues, sí, parece que como los abuelos tampoco han tenido síntomas ni contacto con nadie potencialmente infectado desde hace más de 35 días, podrán ir a verlos. Pero los mayores seguirán sin poder salir.

Vuelve a tomar en brazos al pequeño y regresa a la cocina. La madre está recogiendo los cacharros y cuando lo ve aparecer le dice que vaya acostando al pequeño, que luego cenarán ellos. Como es viernes, al mayor lo van a dejar un rato más, de sobremesa. Desde hace un par de meses habla por los codos.
—¿Sabes? Acabo de mirar las noticias y creo que también vamos a poder ir a ver a los abuelos. Parece que esto está llegando al final.
Acerca el pequeño a su hermano y a la madre para que le digan “buenas noches”, y se lo lleva a acostar.

Mientras acuna al pequeño, oye a través del pasillo cómo la madre está ayudando al mayor a limpiarse manos, cara y dientes. Y a hacer un pis.
Cuando regresa a la cocina, su mujer está poniendo la mesa para ellos dos. Está pensativa y el hijo mayor, que ahora está sentado en la trona del pequeño, se concentra en encontrar cómo colocar una de las piezas de un puzzle que tiene delante.
—Entonces, ¿qué os parece? Mañana, que casualmente es sábado, vamos a ir a ver a los abuelos y luego al parque que hay debajo de su casa.

El niño levanta la mirada de su juego y pregunta:
—Pero, todos los días vemos a los abuelos, ¿no?
—Sí, pero los vemos por video de whatsapp, y hablamos con ellos y nos reímos todas las tardes. Pero mañana iremos a su casa y los podremos ver y tocar, igual que nos tocamos nosotros—. Y cubre la mano del pequeño con la suya.
Apretando la mano del niño, prosigue:
—Y también podremos darles un beso, ya verás qué contentos se ponen de veros. ¡Ah! Y luego, por la tarde, podemos coger el coche y acercarnos al puerto a tomar el sol un rato. Y ver el mar. ¿Qué te parece?

El niño no lo tiene claro, pero encuentra otro foco de interés:
—Oye y el coche, ¿ese que sale en ese video donde estoy llorando cuando era pequeño? ¿Lo vamos a ver también en otro video?

La madre interviene:
—Mira, tranquilo, tu no te preocupes, mañana lo entenderás todo. Ahora te duermes y verás que mañana será un día diferente y muy divertido.

El niño tiene el ceño fruncido, pero sigue con su puzzle y la madre no quiere insistir. Y cuando los padres finalmente se sientan a la mesa, ven que el niño bosteza.
—¿Tienes sueño?
El niño ni confirma ni deniega, pero parece que ya está a punto. La mujer, mientras toma al niño en brazos, dice a su marido que le caliente un poco más el puré de calabaza:
—Ya sabes que me gusta bien caliente. Ahora vuelvo y cenamos tranquilos; este cae en menos de 30 segundos, a la primera página del cuento se queda, ya verás.

El niño mayor ha dormido esta noche un poco inquieto a partir de las cuatro o así. El padre lo ha puesto a hacer pis, y le ha hecho compañía un ratito hasta que se ha quedado tranquilo.

Es casi verano, amanece bastante pronto, y el niño ha despertado al poco de salir el sol. Acude a la cama de los padres, que le tienden la mano para que suba. Se acomoda entre los dos, que intentan seguir durmiendo, aunque saben que va a ser imposible.
El chiquillo ha aprendido a hablar durante la cuarentena y no para. Ellos, como todos los padres, creen que su niño es el más listo. Hasta el 12 de marzo iba al cole, jugaba en el parque, se quedaba algunas tardes en casa de los abuelos, se subía sólo a su asiento en el coche, reconocía las calles familiares, listísimo.
—Mamá, entonces ¿qué vamos a hacer hoy?
—Pues desayunaremos, arreglaremos la casa un poco, ¡ah! y tienes que recoger todos los juguetes que anoche se quedaron por enmedio. Luego nos vestiremos y nos vamos paseando. Nos quedamos un ratito jugando en el parque de la avenida, y luego a casa de los abuelos— Piensa un momento y se dirige al marido—. Oye, ahora que caigo, a este se le habrá quedado pequeña la ropa de salir… Bueno, da igual, lo sacamos en chándal, pero yo desde luego me voy a vestir bien. ¡Ah, y me tengo que lavar la cabeza!
—Papá, y ¿qué más vamos a hacer?
—Pues lo que ha dicho mamá. Y además, luego, vamos donde queramos.
—Pero ¿y luego vamos a volver a casa?
—Sí, claro.
El niño parece que se tranquiliza
—Y para bajar a la calle ¿cómo bajamos?, la calle de abajo está muy lejos.

El padre se da cuenta de que va a tener que explicárselo todo.
—Mira, primero salimos por la puerta.
—¿La del final del pasillo? Pero si siempre está cerrada.
—Sí, pero si queremos la podemos abrir.
—¿De verdad? ¿Y luego?
—Luego bajamos a la calle.
—¿Cómo se baja?
—Pues como siempre, llamamos al ascensor y cuando estamos dentro pulsamos el botón de la B, que seguro que ahora ya llegas al botón.
El niño lo mira sorprendido.
—¿Qué botón?

El padre se da cuenta de que con todo esto el crío se va a liar. Confía en que cuando lo vea todo con sus ojos y lo toque con sus manos lo irá recordando, de forma que cambia de estrategia y en lugar de contestar y de seguir con las explicaciones mira a su mujer por encima del pequeño que les separa, apunta una sonrisa y dice:
—¿Le hacemos cosquillas a éste?
Los dos se giran hacia el niño, que ha reaccionado rápido y ya está reptando hacia los pies de la cama para bajarse. Lo atrapan y lo izan cuando ya casi está en el suelo.

Las risas locas que salen del cuarto despiertan al pequeño que estaba durmiendo en la habitación contigua, pero que ahora reclama también atención.

El padre se levanta, lo trae y lo incorpora a la reunión en la cama grande, donde al mayor todavía le duran las risas.

—Bueno, se acabó el descanso y empieza el día— dice uno.
Se abrazan los cuatro.
—Sí, el primer día de esta nueva era— dice el otro.

esendraga, marzo 2020.

SAN JAVIER 1946. Ernesto tiene 21 años.

Esta es la edad a la que se hace la mili, que dura dos años enteros.
El destino toca por sorteo salvo para los enchufados, por supuesto, para quienes la suerte depende de la fuerza electromotriz de su conexión con la jefatura.

Ernesto ha hecho la instrucción en el campamento de Rabassa, en Alicante. Y como destino le toca la base aérea de San Javier a orillas del Mar Menor.
Rabasa 1946 ok
(Ernesto es el de la izquierda)

Al acabar el campamento le han dado un pase para ir en tren desde Alicante hasta Torre Pacheco, casi 10 horas para un recorrido de menos de 100km. Y luego ha caminado casi 15 kilómetros cargado con todo el equipo militar incluido el mosquetón heredado de la guerra del 14. Y todo con unas botas 3 números más grandes de su talla.

No hace ni seis años que ha acabado la guerra y esta zona, que antes ya no era una región próspera, ahora está totalmente depauperada. El trayecto a pie es todo a través de un paisaje seco y polvoriento. Este país no arranca. Y le va a costar.

Ernesto recuerda vivamente el día en que los nacionales entraron en Valencia y grandes banderas rojigualdas se descolgaron inesperadamente desde las azoteas, como por arte de magia, cubriendo las fachadas de la calle Játiva, delante de la estación, justo cuando él y su inseparable amigo Pepe pasaban por allí.
Altavoces primitivos sobre camionetas desvencijadas hacían sonar el himno de los vencedores.

Había llorado amargamente con sensación de derrota, aunque sólo tenían 14 años.
Ambos se habían sentido hundidos y defraudados, añorando algo que no conocían, una vida ideal de paz y justicia que sólo eran capaces de imaginar porque no la habían llegado a tener.
Y a la vez asustados, temiendo lo que se avecinaba.

Hace un año que ha acabado la guerra mundial y han ganado los aliados. Todos creen que las democráticas Francia y Gran Bretaña, victoriosas sobre los fascistas, no van a permitir que Franco siga adelante con su régimen nacional sindicalista. No se sabe cuándo será, pero la situación no puede durar. Aunque la verdad es que parece  consolidarse esta versión más dura de la dictadura, se sigue pasando hambre y no parece que la cosa tenga pinta de mejora.

Sin embargo la gente sigue viviendo.
Y si te llaman a filas a servir en un ejército, aunque sea el que sostiene y representa algo que no te gusta, pues vas y sobrevives.
Si los colchones son de paja de maíz, de la que sólo quedan las cañas, pues las apartas a un lado y duermes sobre la madera.
A todo te acostumbras.

Si coges sarna y los bichos avanzan bajo la piel del dorso de tus manos con un escozor que te dan ganas de cortártelas, pues aplicas los pocos remedios caseros a tu alcance y aguantas apretando los dientes.
Si no hay agua en el campamento y no puedes más con la mugre que llevas encima, pues te bañas en el mar aunque sea el día de reyes de este invierno especialmente frío.
Y si tienes que cantar el cara al sol, pues te aprendes la letra y cantas, aunque sea flojito. Y procuras no desentonar.
Los insectos en la sopa, los gusanitos en las lentejas o los chinches en las literas son lo de menos, e intentas pasar por el trance lo más indoloramente posible.

Hay muchos soldados analfabetos pero Ernesto, guapito de la capital, sabe leer desde los cuatro años y escribe sin faltas con una letra bonita y muy personal, de forma que no puede evitar que lo hagan cabo segundo, porque forzosamente a uno de cada cinco soldados le toca serlo.

Aunque en Valencia ha pasado en estos últimos años mucha más hambre que la mayor parte de los muchachos campesinos con los que comparte calvario, también sabe escribir a máquina, habla bien francés y hasta algo de inglés, pero no informa a sus jefes de nada de todo esto para no verse señalado más de la cuenta.

Le gustan los aviones, de todo tipo, que lleva dibujando desde pequeño, y vino a la base aérea de San Javier con cierta esperanza de tener contacto con estos maravillosos aparatos. Pero un soldado de reemplazo, como mucho, puede aspirar a acercarse a un caza Polikarpov, -los famosos “Chatos” heredados del ejército republicano- que ahora llaman Curtiss. Se tendrá que contentar con mirarlos de cerca, pero por fuera y sin tocar.

El tiempo perdido en el cuartel, es más o menos pasable, pero las guardias son penosas y todo el mundo querría librarse de ellas. Hace frío, las garitas están dispersas, alejadas en el campo alrededor de las pistas y hangares y nunca se sabe qué puede pasar. Largas horas patrullando de noche por la llanura, con el mosquetón a cuestas. Ernesto, como todos, aprende a caminar durmiendo, a dormir mientras camina.

Les informan de que existe una posibilidad de quedar rebajados de servicio: los que sean seleccionados para participar en un concurso de tiro que se va a realizar entre varios cuarteles, quedarán exentos de hacer guardias.

Ernesto duda, pero se apunta finalmente al concurso de tiro. Aunque no es aficionado a disparar, lo de librarse de las guardias y quizá conseguir algún permiso añadido le ha decidido. Después de algunas pruebas, no elige la modalidad de precisión, sino la de regularidad que se le da mejor.
Se trata de disparar el mayor número de veces posible en un tiempo determinado, acertando a una diana no demasiado exigente.

Ernesto es un joven, ya un hombre, quizá relativamente nervioso en ciertas circunstancias, pero capaz de controlarlo bien y sobre todo de no aparentarlo.
Para conseguir buen resultado en el concurso aplica la regla, que seguirá toda su vida, que reza así: “vísteme despacio que tengo prisa”.

Durante las primeras prácticas el sargento le ve disparar con excesiva calma y le apremia para que lo haga más rápido. Pero cuando recuentan en varias tandas el número de disparos y de dianas que consigue, ya no le vuelve a decir nada.

Otros compañeros manejan más rápido, pero quizá hacen menos dianas por las prisas. O bien no impulsan con la fuerza justa el cerrojo para que expulse la vaina y han de perder tiempo en sacarla a mano de la caja de mecanismos de un trasto que tiene al menos 25 años, que ha sido usado por dios sabe quién en un par de guerras y después por un montón de soldados en sucesivos reemplazos.

Ernesto desarrolla la técnica de hacer movimientos pausados pero de la forma más precisa y continua posible.
Conserva toda la mecánica del cacharro bien limpia y engrasada, adopta una buena posición corporal, cómoda y bien afianzada.

Apunta, aproximadamente pero rápido, dispara, cerrojo atrás con un movimiento del índice derecho, oye el clic metálico de la expulsión del casquillo humeante, golpe de pulgar preciso y fuerte para cerrar cerrojo, apunta, dispara de nuevo, y todo sin apartar la vista de la mira, con el brazo izquierdo bien firme para no cambiar de posición.

A la de cinco tiros, sin perder tiempo, extrae el cargador, coloca el nuevo que toma del montoncito que lleva cuidadosamente preparado, y vuelta a empezar. No tiene prisa, sólo intenta hacer el trabajo con precisión y continuidad.
Al final no queda mal en el concurso y eso le vale un permiso extra para volver unos días a su casa.

Es 1947, España lleva ya ocho años de posguerra, y ya hace dos que terminó la mundial. Pero el régimen sigue en las mismas. ¿Qué pasa que los países vencedores no vienen a echar una mano? Aquí todavía hay juicios sumarísimos, que ya se sabe cómo son. Todavía hay racionamiento y la gente sigue pasando hambre y penurias.

Lo único positivo es que, en un país destrozado está todo por hacer, hay trabajo para todo el que quiera. Mejor o peor pagado, en condiciones que en general no son buenas, pero la gente mira hacia adelante y quiere olvidar los horrores vividos.
Ernesto tenía trabajo antes de iniciar la mili, y le guardan el puesto para cuando termine.

Al fin del permiso regresa a orillas del Mar Menor, a la base, hasta terminar los dos años obligatorios.
Y luego vuelta al trabajo, menos mal que tiene suerte y no ha de bajar a la mina ni pasar penalidades en una fundición. Va de oficinista con chaqueta, camisa blanca, corbata y el pelo engominado.

Todavía quedan años de racionamiento, años de vivir en un país pobre y con poca libertad.
Pero luego las cosas irán mejorando, tendrá esposa, un piso propio, hijos, más seguridad económica. Una vida como la que había imaginado. En muchos aspectos, mejor de lo que había esperado en sus buenos sueños.

Y aunque visto desde ahora, desde este 1947, parece algo impensable, hasta llegarán épocas de mayor libertad. Hasta quizá habrá elecciones democráticas. Algún día.
El país va a ir cambiando. A mejor casi siempre.

Pero hay algo importante, algo que muchos habitantes de este planeta le envidiarían: que después del concurso de tiro, en toda su larga vida, nunca tendrá que volver a manejar un arma.
Esto es algo de lo que sólo tomará conciencia cuando lo piense dentro de muchos años.

Algo que sus hijos, y esperemos que sus nietos, puedan también decir al final de sus respectivas y muy diferentes vidas: que nunca tuvieron que empuñar un arma.

Ni siquiera para un concurso de tiro al blanco.

esendraga, marzo 2020

COMPLICADO

Me parece que desde hace un tiempo el significado de esta palabra ha cambiado.
Ahora en los medios se leen/oyen cosas como:
“Una noche complicada deja un desaparecido, ríos al límite y playas destrozadas.”
“Tránsito complicado en la ruta a Chile por un accidente”
En mi opinión el mal tiempo no crea una situación “complicada”. Lo que hace un temporal es dificultar todo, crear caos, dañar propiedades y producir desgracias personales.

Pared complicada

Un desastre no es complicado en sí. Lo que sí es complicado es solventar rápidamente los problemas creados, y más complicado hacerlo si se tienen pocos medios.
También lo es encontrar soluciones estructurales para evitar la repetición de los mismos problemas llegado el siguiente temporal.
En cuanto al tráfico, todos hemos estado en un atasco y no es nada complicado. Un coche va detrás de otro, con paciencia: parón, primera, unos metros, freno, punto muerto. Y así hasta que la obstrucción desaparece y todo vuelve a la normalidad.
Lo que puede ser complicado para las grúas y ambulancias es llegar hasta el accidente. Y luego a veces es complicado sacar a un camión de la cuneta, o a los ocupantes que hayan quedado atrapados, de dentro de un vehículo. También es complicado para las autoridades encontrar rutas alternativas viables que desatasquen la situación.
El DRAE da una definición de este adjetivo que concuerda con el uso que yo siempre la había dado. “Algo que es difícil de comprender o resolver por estar compuesto de muchos aspectos”.
Hay cosas relativamente simples que de entrada nos parecen complicadas. No forzosamente porque tengan muchas piezas o aspectos, sino porque no vemos clara la relación entre ellos. En cuanto encontramos el truco o nos lo cuentan, puede resultar algo sumamente sencillo.

De igual manera se puede decir que es complicado desenredar la cuerda de un ovillo descompuesto. Pero en realidad no es complicado, es más bien lento y tedioso. Lo que es complicado es resolver el problema rápido y bien.
También dice el DRAE que “complicado” se aplica a algo compuesto por muchas partes o elementos.
En este caso no estoy de acuerdo. Una pared compuesta por miles de ladrillos, no es nada complicada, ni de hacer ni de entender el patrón seguido para construirla. Sería complicada si estuviera formada por ladrillos de diferentes formas que hubieran de encajar o que éstos fueran de colores diferentes formando un patrón complejo, difícil de comprender.

Lo que sí es relativamente complicado, por ejemplo, es calcular qué velocidad de viento se necesitaría para tumbarla. Bueno, calcular una velocidad puede ser muy sencillo sin alguien nos da una buena fórmula que aplicar. Lo raro, que no lo complicado, es acertar con el resultado…
Si usamos el adjetivo “complicado” para cualquier cosa para indicar que es un follón, una dificultad, un incordio o un desastre, ¿como vamos a calificar a la teoría de la relatividad, o al cálculo de la trayectoria de una nave entre la Tierra y Alfa Centauro?

El adjetivo difícil no nos sirve como sinónimo de complicado porque hace referencia a la poca facilidad para conseguir un resultado. Hay cosas complicadas que son fáciles de hacer si hay un método que se pueda seguir. Por supuesto que un buen método habrá sido desarrollado por alguien que ha entendido la complejidad de la cuestión y ha encontrado una solución factible.
Y hay cosas poco complicadas, pero que son difíciles de conseguir.
Como por ejemplo, la paz interior. (Es lo primero que se me ha ocurrido, ¿qué pasa?)

De todas formas, cosa complicada es para mí hacer sólo dos caras un cubo de Rubik. Conseguir más de dos caras, ya es súper-complicado.

Y otra cosa mú complicá debe ser aquello de “querer dos mujeres a la vez y no estar loco”.
Esto debe ser lo +.

esendraga, febrero 2020

Escapada

A veces no nos gusta lo que nos rodea. A veces ni siquiera nos gustamos a nosotros mismos.
Es el momento de escapar a otros mundos.

Hyperespacio

El otro dia, desde mi ventana pude hacerlo.
Conseguí atravesar el hiperespacio, y estuve varias eras vagando y disfrutando.
Fuera de la realidad cotidiana, fuera de mi misma vida, lo que viví no era propiamente vida, no se le parecía en nada y yo diría que era mejor.

Podía apreciar cada nanosegundo que pasaba,
pero ni siquiera sentía el transcurrir de los años luz.
El todo no se veía y la nada lo abarcaba todo.
Un dado rodaba de mi mano de niño y sin saber cómo,
se agigantaba hasta abarcar toda mi imaginación.

El frescor de la hierba recién cortada
me inundaba
y el contacto de mi cuerpo con el suelo de la Tierra
me hacía sentir parte de ella.
Pero mi mente volaba sin el lastre de este cuerpo.

Seguían existiendo
las palabras, las ideas, los colores, las formas.
Pero todo se disolvía perdiendo
sus significados, sus conceptos, sus impresiones, sus imágenes.
Pero de alguna manera todas mantenían
su sonido, su abstracción, su vibración, su perfil.

Cerraba fuerte los párpados y un sol central se agrandaba y luego se iba desvaneciendo en pequeños soles, que acababan en algo parecido a ingrávidos y diminutos agujeros negros.

No sé que pudo salir mal, pero de repente me dí cuenta de que había vuelto.
Ni siquiera sé cómo volví, pero cuando miré alrededor, nadie se había enterado ni de mi partida ni de mi regreso. Mejor así.

Además, me sentía nuevo y limpio, capaz de ver la realidad material de otra forma.
Las cosas que antes de la escapada parecían grandes como montañas, ahora parecían tener un tamaño más manejable.
Hasta la gente tenía mejor cara.

La escapada había merecido la pena.
Cuando lo vuelva a necesitar, buscaré y quizá encuentre una nueva ventana.

Aunque las fotos nunca reflejan lo que necesitamos expresar, yo hice ésta , que os copio tal como ha salido de la cámara.
Es como un regalo de souvenir de mi viaje.
Quizá no os diga nada, pero para mí es un pequeño recuerdo muy valioso de aquellos eones en que estuve afuera.

esendraga.

Cuando ya no harán falta traductores

Dedicado a la joven empresa http://www.transendra.com

Reflexión surgida a raíz del artículo (redirigido desde un twit de @transendra) de título “Por qué la traducción importa” (http://enlalunadebabel.com/2013/09/30/por-que-la-traduccion-importa-2/). En este artículo, se exponen y explican varias de las razones por las que es necesaria la traducción, y hasta qué punto la humanidad depende de ella para su buen funcionamiento (no es cuestión ahora de discutir sobre si la humanidad funciona bien o si ni siquiera “funciona”).

Volviendo a los motivos por los que la traducción es muy importante, se argumentan diversas razones que van desde que la traducción salva vidas, hasta asegurar que ayuda a promover la economía y a mantener la paz en el mundo. Realmente, todas esas razones son ciertas.

Pero dándole la vuelta al argumento, es de Perogrullo decir que esos problemas de entendimiento entre personas, que la traducción muy convenientemente ayuda a paliar, se deben al hecho de la existencia de diferentes idiomas. Entonces, si la existencia de diferentes idiomas produce tantos problemas, hemos de inferir que esa dificultad para entendernos es algo negativo y posiblemente una de las lacras de la humanidad.

Esa dificultad de entendimiento tiene su origen en el aislamiento histórico de diversos grupos humanos que desarrollaron, o evolucionaron, sus hablas de forma diferente. Ese aislamiento era natural e inevitable cuando se debía a accidentes geográficos o a largas distancias que pocos podían o se atrevían a cruzar, pero en una fase más avanzada de la evolución social, dicho aislamiento de los diversos grupos lingüísticos acabó siendo, y sigue siendo todavía, provocado y mantenido de forma intencionada por sus jefes y hechiceros (léase políticos y mediadores divinos), que en general prefieren mantener a sus súbditos y/o fieles tan aislados, ignorantes y controlables como les sea posible.

A todos y cada uno nos agrada nuestro propio idioma y nos da seguridad comunicarnos con nuestros iguales en él. Además lo tenemos como algo propio porque gracias a él, y a cómo está asentado en nuestra cabeza, podemos entender lo que nos rodea, hacer abstracciones e incluso dar concreción a nuestros sentimientos más profundos; en suma, nos hemos hecho humanos con él y gracias a él.

Este fuerte sentido de pertenencia mutuo hacia nuestro idioma materno es algo que resulta natural e inevitable, pero siendo adultos y razonables debemos mantenerlo bajo control, y darnos cuenta de que los diferentes idiomas que cada uno amamos son una herencia del pasado.

No hemos evolucionado demasiado, porque seguimos en la aldea, pero ahora esa aldea es global y parece bastante retrógrado que algunos ideólogos manejen ese inevitable amor a la lengua propia de su grupo como motor y arma para la consecución de sus cortos objetivos políticos.

Los adultos ya hemos llegado a la seguridad de que todo aquello que amamos morirá algún día, y también lo hará el idioma en el que nos amamantaron. Pero debemos ser conscientes de que su mantenimiento a ultranza no contribuye a que la humanidad progrese.

Es necesario e inevitable, salvo catástrofe, que en unas cuantas generaciones a lo largo de unos cuantos decenios o siglos, todos los humanos que queden se puedan entender en una lengua común y que entonces, felizmente, ya no sean necesarios los traductores. Bueno, sólo para la poesía que quizá algún sentimental siga escribiendo en alguno de los antiguos idiomas de cuando el mundo era una babel.

Y los niños de ese momento futuro aprenderán el Idioma, sea el que sea. Este les hará persona, lo amarán y esperemos que lo usen como herramienta de unión.

Como cuenta la Oda a la Alegría:

Alle Menschen werden Brüder,

wo dein sanfter Flügel weilt.

(Y todos los hombres serán hermanos,
bajo tus alas bienhechoras)

Mientras tanto, oh Freunde, ¡traducid!

Traducid lo más lúcidamente que sepáis, y haced de pontífices lo más lealmente que podáis.

Democracia participativa_01

Está bien claro que a casi nadie nos gusta la democracia representativa al estilo de las actuales, en las que entre todos elegimos de cuando en cuando a una serie de políticos, que una vez al mando tienen autonomía para decidir lo que consideren, incluyendo la posibilidad de mantener o cambiar leyes que les permiten seguir disfrutando de privilegios. Esto no parece dar buenos resultados en general, y el sistema sólo funciona aceptablemente si se cumplen una serie de condiciones: que el diseño del sistema electoral dé unos resultados razonables que reflejan lo votado por la población, que haya una presión efectiva para que los elegidos cumplan sus programas electorales, que haya muchos sistemas de control que funcionen bien, etc.

Este tipo de democracia me parece una evolución civilizada del antiguo sistema del jefe de grupo o del caudillo, donde el más fuerte, el más hábil o el más bruto se hace con el poder, y mientras otro no le destrone, puede hacer lo que le dé la gana. Reconociendo que hemos evolucionado, el avance no parece suficiente, ya que seguimos “delegando” en otros, todas las decisiones sobre la cosa pública.

Tenemos que inventar un sistema sin políticos, en el que los ciudadanos nos representemos a nosotros mismos. Tendría que haber una serie condiciones para la creación de ese sistema. Por lo pronto, se me ocurren las siguientes:

– Cada ciudadano se ha de poder representar a sí mismo, y debe poder participar en la toma de decisiones personalmente. Si algún ciudadano por falta de tiempo o de ganas prefiere que otro lo represente, igual que en las reuniones de vecinos, puede delegar temporalmente su voto en otros, aunque esa delegación puede ser anulada en cualquier momento.
– No ha de haber políticos que vivan del presupuesto colectivo. La primera idea general es que un cuerpo de funcionarios profesionales ejecute las decisiones de los ciudadanos.
– Que cada individuo pueda votar con su DNI electrónico las diversas leyes y actos de gobierno. Y habrá que discutir si el voto tendría que ser obligatorio o no.
-Que existan unos foros oficiales (aunque libres) de una “web o red social” política donde se publiquen las diferentes propuestas. Estas propuestas pasarían por una pre-votación donde se reducirían a unas pocas, que son las que finalmente se votarían.

Esto así planteado es demasiado genérico y llevaría quizás a una dispersión de opiniones y criterios que lo haría inviable. Parece lógico que los ciudadanos se agrupen en función de sus ideas o de sus intereses en torno a una especie de “partidos”, que serían unas agrupaciones libres de opinadores. En principio, cada ciudadano podría formar su propio “partido” en esa web pública, que en función del apoyo recibido por otros se mantendría, progresaría o acabaría cancelándose por falta de suficientes “me gusta”.

Estos grupos no tendrían ningún poder en sí mismos y no recibirían más subvención o ayuda que el derecho a tener su foro correspondiente en la web donde realizar sus propuestas y aunar criterios. En este sentido, quizás se debería tener el derecho a usar salas públicas de reunión, por turnos, para realizar debates y foros de discusión. El medio de comunicación pública y discusión sería siempre la web política gratuita, y estaría prohibida cualquier propaganda fuera de estos canales oficiales.

Se habrían de establecer una serie de calendarios para la presentación de propuestas, de forma que pudieran ser discutidas, y también para la concreción de un cierto numero de alternativas. Luego, cada particular votaría de dos posibles maneras: bien votando personalmente en cada uno de los asuntos que se fueran a decidir con su propio criterio, lo que requiere más trabajo y esfuerzo personal, o bien suscribiéndose a los criterios de alguno de esos “partidos”, que previamente habría publicado.

Creo que se tendría que votar todo: desde las constituciones hasta las leyes pasando por decretos de todo tipo. En un ámbito local, creo que se tendría que votar incluso acerca de los modelos de las nuevas farolas que se hayan de poner en las calles, debiendo ser públicos todos los datos relativos, como su coste, consumos, plazos de entrega, y la empresa que las va a poner.

Tendría que haber votaciones en diversos ámbitos, desde europeas a locales. Pero seguramente también habrían otros niveles de decisión intermedios de los que habría que determinar su necesidad.

En este sistema quizá utópico, ¿qué problemas pueden aparecer que acaben anulando sus teóricas ventajas? De entrada se me ocurren varios, aunque seguro que hay más. Será necesario por tanto prever mecanismos que anularan o compensasen estos problemas. Estos son los que se me ocurren en esta primera aproximación:

– Que al ser el voto directo se puedan tomar decisiones poco meditadas o extremas. Este problema es seguramente irrelevante porque los políticos actuales llevan años tomando decisiones totalmente erróneas, de forma que no podría ser peor.
– Que por algún motivo esos funcionarios, que habrían de ser meramente ejecutores, acaben tomando relevancia y terminen como un poder efectivo y no controlado por la ciudadanía. Hay que pensar muy bien cómo habría de funcionar esta alta administración.

– Que la mayoría de los ciudadanos decidan delegar siempre su voto en las agrupaciones mayoritarias, de manera que se acabe en una especie de bipartidismo. Mientras este sistema político tuviera un bajo coste, y ningún otro problema añadido, quizá no sería  peor que ahora.

– Que la opinión de los votantes se pudiera verse excesivamente influida por algunos medios de comunicación. Esto es algo que en la actualidad ya sucede, pero no acabo de vislumbrar si podría ser peor o no. 

Esto es sólo un primer esquema, que habría de ser revisado y completado, antes de poder entrar a su diseño en detalle. No se si puede valer para algo.

Menos mal que pensar y escribir en un blog es prácticamente gratis.

esendraga

El feed-back o la realimentación

Cuando estudiaba matemáticas o física, casi todas las funciones y los procesos meramente teóricos los veía luego reflejados en las más diversas realidades naturales, humanas o sociales. Cosas tan tontas o tan importantes como que los sentidos de los seres vivos perciben los diversos fenómenos en escalas logarítmicas, o que sin darnos cuenta estamos sumergidos en las leyes de la probabilidad.

Todo esto podrá ser objeto de otros articulillos, porque ahora quiero referirme a los servosistemas, y al feed-back que en español deberíamos llamar realimentación. Hace años que vemos este concepto ser mencionado en los más diversos ámbitos, pero es que muchas conclusiones matemáticas que del estudio de los servosistemas se derivan son aplicables a la vida diaria. Esto me lo ha recordado un post de este interesante, aunque especializado blog.  http://seguridad-de-la-informacion.blogspot.com.es/

Había una asignatura llamada específicamente servosistemas (en adelante SS), que me costó aprobar, pero que si tenéis paciencia con la introducción, veréis el interés que tiene su análisis para nuestra vida diaria.

Servosistema (SS): es cualquier conjunto de diversos elementos, inteligentes o no, pasivos o activos, unidos entre si por una serie de relaciones, de forma que unos dependen de otros. Casi cualquier fenómeno se puede analizar como un SS.

Ejemplos: cuando queremos llenar un vaso con agua del grifo lo ponemos debajo y abrimos; si vemos que el chorro no queda centrado sino a un lado, movemos el vaso hacia allí. Si vemos que el chorro es demasiado fuerte o demasiado débil, cerramos o abrimos un poco el grifo con la otra mano. Normalmente al primer o segundo intento nos queda centrado y el chorro a la velocidad correcta. En este caso estamos manejando dos SS simultáneamente: uno de posición del vaso bajo el chorro y otro que controla su intensidad. Cuando conducimos  un vehículo es parecido: vamos moviendo el volante un poquito cada vez, y vemos cómo reacciona el coche, para ir por donde queremos. Si vamos demasiado cerca del borde derecho giramos un poco a la izquierda y al revés.

Cuando hablamos cara a cara con otra persona, manejamos infinidad de SS. Si vemos que nuestro interlocutor pone cara de no oirnos bien, hablamos más fuerte. Por su parte el otro si pone cara de no oir, es para incentivarnos a chillar más. Si nos parece que no está interesado en lo que decimos, cambiamos el tono, o intentamos expresarnos de una manera más atractiva. Si discutimos, vamos modulando el tono, más o menos agresivo en función que cómo el otro encaja nuestra agresividad.

La realimentación: Los SS simples constan de un mecanismo que transforma una acción en un cierto efecto: girar el volante hace que el vehiculo se mueva hacia un lado. La realimentación es la manera en que ese efecto es visto o sentido por quien actúa y le hace cambiar. Este feed-back puede ser positivo o negativo.

Ejemploa: si dos personas que dicuten, cuando más chilla cada uno de ellos más se cabrea el otro. Es una realimentación positva porque el efecto hace que la causa se incremente. Y en este caso es de doble sentido.

Si un maestro tiene una clase tranquila, hablará sosegadamente. Pero si el grupo se empieza a excitar, el maestro subirá el tono y dirá lo necesario para calmar los ánimos. Si lo consigue, tendrá el efecto de una realimentación negativa que acotará o reducirá el follón.

Posible comportamiento de los SS.

  • Sistema Explosivo. En un SS con realimentación positiva, como el caso de la discusión, el nivel del fenómeno (la violencia de ambos) crece con un mal final, salvo que aparezca un nuevo elemento externo o interno, que podría ser el creciente miedo a hacerse daño. A veces el feed-back positivo lleva a un resultado cada vez menor: si un enfermo no come, cada vez está más débil y cuanto más débil menos ánimo tendrá para comer, con resultado final de encefalograma plano.
  • Sistema Amortiguado. Si el profe del ejemplo controla bien la situación se llegará a un equilibrio orden/desorden en la clase, que si el docente es hábil podrá mantener al nivel deseado. Por supuesto, mientras no aparezca algún elemento externos como por ejemplo el timbre que invita al recreo.
  • Sistema Oscilante. Que es como suele funcionar todo aquello que no se desmadra. Nunca conducimos en una perfecta linea recta, siempre damos pequeños tumbos.  Es lo que podemos llamar mantener una situación controlada, mediante impulsos alternativos hacia arriba y hacia abajo para mantener un nivel de lo que sea.
  • A veces las oscilaciones permanecen constantes, pero otras veces se van ampliando hasta ser explosivas, o se reducen hasta llegar a un punto constante. En definitiva es el funcionamiento pendular.

Como veréis, cualquier aprendizaje que se base en el mecanismo acierto-error es un servosistema, más o menos complejo. Pero menos mal que normalmente sabemos qué hacer sin que sea necesario estudiar ecuaciones diferenciales.

Pero algunas veces puede ser útil ser conscientes de algunas relaciones en procesos que nos son importantes, y en especial me interesan los sistemas estilo péndulo. Cuando la masa pendular está en el punto bajo a toda velocidad y empieza a subir, la fuerza de la gravedad tiende a evitar que suba, con más fuerza cuanto más alta está. Hasta que llega un momento en que ese freno es lo bastante poderoso para hacer que el movimiento se detenga, y se invierta el proceso.

Pensemos en el contínuo represión-libertad (o libertinaje según los casos) en el seno de un grupo humano. En una época de elevada represión se empiezan a generar fuerzas internas que se oponen a ella, y que van creciendo poco a poco, hasta que llega un momento en que son tan intensas que consiguen hacer que el sistema vaya cambiando hacia una política de mayor libertad. Una vez iniciado el proceso de liberalización, esas fuerzas internas eran tan fuertes que el movimiento hacia una situacion de mayor libertad no se detiene al llegar a lo que podría ser un punto medio más o menos razonable, sino que sigue hasta que el creciente desmadre empieza a generar otras fuerzas internas de oposición que invierten la tendencia. Es lo que nos suele pasar en muchos aspectos, lo que popularmente se conoce como “calvo o con tres pelucas”.

Es el fenómeno del volantazo excesivo, que seguido de otro cotravolantazo también excesivo nos saca fuera de la carretera. Lo difícil es saber en cada circunstancia si corregir inmediatamente o esperar un momento, o si girar bruscamente o mediante movimientos suaves.

¿Enseñanzas prácticas? Pues cada uno puede sacar la suya. A mi me interesa la relaciçon de una persona con su entorno, que de alguna manera tiene que manejar, en la familia, en el trabajo o con nosotros mismos. Ante acciones de otros que de alguna manera nos afectan tenemos que hacer algo, bien para actuar con un feed-back positivo y conseguir más de esa acción sin nos agradaba, o con realimentación negativa para evitar que se repita o al menos conseguir reducirla. Y como en la conducción, el problema estriba en dosificar nuestra acción correctora. Todos conocemos gente impulsiva que reacciona en exceso o excesivamente rápido provocando un efecto desmedido que no hace más que estropear las cosas. A veces quizá es peor reaccionar tarde que hacerlo intensamente. Otras veces puede ser mejor esperar antes de mover ficha tanto para ver la evolución espontánea del asunto, como para calibrar mejor el posible efecto de nuestra acción.

A quien su instinto no le baste para que todo esto le salga bien sin ni siquiera pensar, no nos queda más opción que observar nuestro entorno, ver su evolución, analizar los efectos de nuestras acciones y las de los demás, y con un poco de teoría de servosistemas ir descubriendo la mejor acción y su dosificación.

Y por supuesto, equivocarnos todos los días sin remedio. Pero lo daremos por bien empleado si aprendemos algo que nos sirva para la siguiente.

Esendraga

La avaricia, el lucro y la fuerza de la gravedad.

Estamos todos escandalizados, preocupados y cabreados por todos los casos de corrupción, tanto de los que ya conocemos como de los que nos vamos enterando dia a dia. El caso es que todos esos casos tienen como origen común algo tan antiguo y connatural a la especie humana como la avaricia.

Basándome en especulaciones patateras, supongo que cuando éramos cazadores-recolectores el insitinto de supervivencia nos haría pelear por un trozo de carne, o por coger la fruta del mejor manzano silvestre que hubiera cerca de la cueva donde vivía nuestra familia o tribu. Pero dado que a cada poco había que mudarse de zona para buscar cobijo adecuado y pitanza, la acumulación de algún tipo de riqueza no tenía sentido al no haber carritos de super para llevarla cómodamente de un sitio a otro. La avaricia no era una tendencia útil en aquellas circunstancias.

Cuando nos quedamos quietos en un sitio, y construimos un poblado con sus casitas, y plantamos campitos y huertos, también pensamos en hacer graneros, y depósitos para el aceite o el vino. Siempre hubo algún paisano más listo, o con más suerte, que recolectaba más de lo que podía comer o usar. Ese plus le daba un cierto poder respecto a los menos trabajadores o menos afortunados, a quienes de alguna manera el potentado podía hacer pasar por la piedra si querían sus migajas: como trabajadores, o como prestatarios, o como simples beneficiarios de su caridad. La evidencia de que la riqueza era poder convirtió rápidamente el mero instinto de supervivencia en la más normal y cotidiana de las avaricias.

La avaricia es desde entonces como una fuerza de la naturaleza, tan inevitable como la fuerza de la gravedad. Salvo que salgamos al espacio o cambien las leyes físicas, la tierra seguirá atrayendo a todo lo que tenga cerca.

Pero esta fuerza de la gravedad, ¿es mala y perjudicial? Pues, si. En cuanto dejamos algo en el aire, se cae y se rompe; para llevar un saco de patatas hay que hacer mucha fuerza y para poder volar hay que hacer maravillas. Pero también la gravedad hace que caiga el agua en la rueda de nuestro molino, y también nos permite sujetarnos al suelo para caminar con fuerza y poder arar la tierra.

Con el tiempo hemos desarrollado técnicas para que la gravedad no nos sea tan penosa: hemos inventado la rueda, las repisas para poner cosas, o los ganchos para que no se estrellen contra el suelo.

¿La avaricia es mala? Ni mala ni buena, o las dos cosas, igual que la fuerza de la gravedad. Es el motor que hace que movamos el culo en lugar de quedarnos a la sombra del platanar, para hacer algo, Es el incentivo que hace que gente normal se meta en un gran lio para montar una empresa o un negocio que dará empleo a otros ciudadanos,  y proporcionará a todos algún tipo de bien o de servicio. A esta doble vertiente es a lo que se referían los liberales con el dicho: los vicios privados son, virtudes públicas.

El deseo de poseer más que puede resultar útil en esas ocasiones, hace inevitable que quien por razón de trabajo o de cargo electo maneja bienes ajenos, tenga la tentación de ajenciarse una parte para su uso provado. Contando con que esto es así, no hay más remedio que idear mecanismos muy rigidos para que esto no pase: controles eshaustivos de los procesos adminisrativos y de otorgamiento de contratos o de permisos y licencias, Financiación de los partidos etc.

¿Verdad que cuando dejamos un objeto lo apoyamos, colgamos o sujetamos para que la fuerza de la gravedad no nos haga una faena.? Pues lo mismo con cada céntimo de empresas  y administraciones: todos controlados y agarrados.

Al menos mientras rija la ley de Newton  y la humanidad siga siendo humana.

15 feb 2013

Escribo para aclararme: Privatización de servicios públicos.

Veo que siempre ha sido una cuestión relevante, en las sociedades más o menos avanzadas, saber de qué servicios o bienes era necesario que se ocupara el sector público, y de cuáles otros podian ser provistos por particulares o sus empresas. El abanico de posibilidades es enorme, pero la teoría más clásica diría que el estado tendría que generar aquellos que las empresas privadas no produzcan o lo hagan en cantidades inferiores a las necesarias. Y eso es lo que pasa con los llamados “bienes públicos”. Son aquellos que no pueden dividirse para su uso individual, o que una vez creados y servidos pueden ser usados por todos, tanto si han pagado por ellos como si no, como serían las calles y todo lo que pasa en ellas, la limpieza o la seguridad. O la vigilancia de la salud pública y la calidad del agua y de los alimentos, o la preservacion del medio ambiente.

La discusión más reciente se centra en la Sanidad Pública. En realidad la salubridad general, sí sería un bien público, pero los cuidados sanitarios concretos a cada ciudadano no pueden considerarse así, ya que se trata de un servicio individualizable para cada persona y ocasión, de forma que siempre hay profesionales y centros privados que a cambio de un precio están dispuestos a prestarlo.

La sanidad se hace pública para asegurar que todos los ciudadanos, incluso los que no tienen recursos, puedan acceder a ella, considerando que la salud de cada persona es una parte de la salud del conjunto y que eso sí es un bien público que interesa preservar. Aunque hay paises donde esta necesidad no es sentida por los ciudadanos, y cada individuo se provee de los servicios sanitarios que puede o quiere pagarse, otros han organizado todo un sistema íntegramente público para ello. Digamos una tercera via es la de aquellas administraciones que para ciertos servicios confian en el sector privado para su prestación, y el estado se limita a pagar a esos profesionales que actúan por cuenta propia.

En los que optaron en su momento por un sistema estilo “seguridad social” (o NHS en el Reino Unido), donde  todas las instalaciones eran públicas y todo el personal era funcionario, ahora parecen tener una tendencia a la privatización. ¿De donde viene el interés en externalizar unos u otros servicios?

Incialmente la limpieza de los hospitales la hacía personal funcionario propio. Pero hace muchos años, se redujo el número de limpiadores/as, y se contrató a empresas externas para este servicio. Y luego se externalizó el servicio de lavandería, y luego el de suministro de las comidas, y luego los TAC, y las resonancias. Si se quiere se podría externalizar un servicio completo como el de pediatría o el de neurocirugía, o toda la gestión de personal o incluso la gerencia.

Dándoles vueltas al asunto, encuentro que puede haber cuatro motivos por los que un servicio público de cualquier tipo o sector, completo o sólo en parte, se privatiza:

1- Optimizar recursos. Si un hospital pequeño tiene que tener una lavandería completa con personal y equipamiento para lavar poca ropa cada día, el servicio saldría muy caro. Una lavandería industrial puede hacerlo a mejor precio porque amortizará inversiones y repartirá costes de personal lavando ropa para ese hospital, pero también para hoteles, restaurantes y para otros hospitales. Caso parecido sería el de esos caros equipos de análisis o pruebas especiales que un pequeño hospital público usaría pocas horas, lo que haría más rentable contratar fuera el servicio que incluirá inversión, costes  y la disponibilidad del personal especializado.

2- Abaratar costes. Se sabe que la gestión pública regida por políticos y desarrollada por funcionarios, no suele ser tan eficiente como la gestión privada que lleva un empresario con el correspondiente ánimo de lucro. Si como ejemplo tasamos la ineficiencia de lo púbico sobre lo privado en un servicio concreto, pongamos en un 15%, podría resultar más barato contratarlo fuera por un 5% menos del coste con gestión pública, y un empresario podría prestar el servicio correctamente y además ganarse su 10%.

3- A veces los funcionarios adquieren “derechos” económicos o privilegios laborales que dificultan mucho la consecución de una mínima eficiencia. Generalmente la empresa privada suele ser más expeditiva en estos temas, ya que no tiene que “respetar” ningún derecho especial, sino simplemente la legislación laboral. De esta forma puede obligar a cumplir horarios, exigir una mínima eficacia y evitar el desperdicio de materiales, o ser tajante con el absentismo injustificado.

4- Otro motivo espúreo, pero real es la que se da cuando algún gestor de lo público con cierta capacidad de decisión monta una empresa privada paralela o bien tiene acciones en una o quizá solamente un amigo tiene una, que casusalmente podría dar un cierto servicio; en cualquier de estos casos puede ser procedente la externalización.

Las tres primeras tienen su fundamento econcómico de diferente tipo. Pero analizando más de cerca, se acaba por ver que las tres razones tienen un mismo origen.

La otimización de recursos del primer apartado también podría resolverse dentro del sector público, como se ha hecho en más de una ocasión: basta con coordinar las necesidades de diversos centros, creando un servicio común y público debidamente optimizado. En el ejemplo de una lavandería para un ambulatorio, se soluciona haciendo que esa ropa se lave en la gran lavandería del hospital más cercano. Se trata sólo de un problema de coordinación y buena gestión.

En cuanto a la menor eficiencia de la gestión pública respecto a la privada. También es un problema de buena gestión, y lo mismo pasa con la política de personal y mayor exigencia profesional. ES TODO UN PROBLEMA DE MALA O MEJORABLE GESTIÓN. La pregunta clave es pues: ¿Es posible desde el sector público conseguir estas mejoras?

Daría la impresión de que los políticos han tirado la toalla: como ni ellos ni los funcionarios al mando tienen en general ni la capacidad ni parece que los medios legales ni tampoco la intencion de hacerlo, es más fácil organizarlo de manera que el ánimo de lucro de unos empresarios, pueda obtener esa mejora en la getión. Y de paso hasta es posible que nos ahorremos el 5% del ejemplo que pongo más arriba.

A un Juan Particular que como usuario recibiera el mismo servicio y encima se ahorrara un 5% en impuestos, le iba a parecer una muy buena solución.

PERO. Pero una vez cualquier servicio público en manos privadas, tanto si es sanidad como si son las autopistas de peaje, hay una tendencia inevitable, y es la de que el gestor privado querrá incrementar en lo posible sus beneficios, lo que para un precio dado, implica primero optimizarlo todo para abaratar costes. Esto es estupendo salvo que llegue a perjudicar la calidad del servicio. Y, ¿quien es el encargado de vigilar que esto no suceda?. Pues un político o un funcionario. Y, ¿qué es lo que nos han demostrado? Pues que no son capaces de hacer una buena gestión con el sistema actual. Y si no han sabido gestionar directamente unos servicios, es dificil de creer que sean capaces de controlar adecuadamente a la empresa contratista, para que la calidad del servicio sea la adecuada. Igualmente será difícil evitar que dada la repercusión social que cualquier problema en ese servicio tendría, se acabe creando una especie de síndrome de Estocolmo hacia el contratista que dificulte la mayor exigencia o hasta su relevo.

Además, no todas las empresas privadas están dirigidas adecuadamente, ni todas dan los servicios correctos al coste correcto.

La evolución previsible de estas privatizaciones acabaría siendo una bajada tal de la calidad del servicio que crearía finalmente un clamor social, y dentro de muchos años se volvería a nacionalizar. Con lo que el péndulo que rige casi todo lo humano, y más lo colectivo, habrá vuelto a donde está.

¿Que hacer? Pues no sé. Recorrer ese camino pendular es quiza invitable. O intentar quedarnos como ahora, pero la sltuación actual no es sostenible. Quizá haciendo que la presión de los ciudadanos consiga poco a poco apretar al los políticos para que se mejore en la gestión. Quizá sea también necesario apelar a la resposabilidad de algunos funcionarios para que no hagan valer de forma abusiva esos “derechos” que a veces representan un muro insalvable.

Siempre debe ser posible disponer de unos servicios que tendrá que cubrir las necesidades de los ciudadanos, pero “dentro las posbilidades económicas de cada momento”. Quizá durante unos años hemos gastado y malgastado en equipamiento estupendo, hospitales con arquitectura estupenda, para tener la sanidad más estupenda, pero a base de ir pidiendo prestado lo que no teníamos. Tendremos que reencontrar el nivel correcto, invirtiendo y gastando con juicio.

Pero, ¿qué incentivo tienen los políticos a hacerlo bien?. Me temo que con el sistema actual de democracia representativa, ninguno. Tenemos que diseñar desde abajo un nuevo sistema que no existe.

Febrero 2013

Discursos mesiánicos

No sé quien dijo “dios nos libre de nuestros salvadores”. Es lo primero que he pensado oyendo en el telediario de esta noche a uno de ellos, y sus palabras me han recordado a otras más antiguas y de otras latitudes.

Como todavía no ha empezado la jornada de reflexión, puedo poner este “recull” de frases célebres oidas en discursos diversos. Algunos recientes y otros menos recientes. La similitud es asombrosa, pero el hecho de que ponga juntos pensamientos de diversos autores, no implica por mi parte ni que los quiera comparar en su ideología, ni en modo alguno que insinue que pueden tener ninguna similitud en ningún aspecto. Y lo digo de verdad y no como posible salvaguarda legal.

Sus frases son iguales porque su intención concreta en los discursos es la misma: motivar visceralmente a sus partidarios y/o posibles votantes. Y esto no tiene que ver nada con el fin último de su ideología, que puede ser diametralmente opuesto.

 

A continuación copio unas cuantas frases extraidas de diversos discursos en orden más o menos aleatorio. Donde el original hacía referencia a la correspondiente nación he puesto X. La mayor parte de las frases que copio a continuación son literales, o como mucho he hecho lo que en fotografía sería un pequeño reencuadre.

Me entran ganas de hacer un concurso a ver quien adivina el autor de cada una de estas frases:

1- Símbolo de la resistencia heróica del pueblo X en la defensa de sus libertades y de la capacidad de volverse a levantar tras la derrota, e imagen del trabajo incansable de reconstrucción a lo largo de los siglos.

2- La hora en que el pueblo X vuelve en sí, nuevamente torna a ser dueño de su propio destino, y se levanta, no por gracia de nuestros enemigos, sino por su propia fuerza, por su propia voluntad, por su propia acción.

3- Está en nuestras manos ganar para siempre nuestro futuro colectivo de libertad, bienestar, prosperidad u justicia social.

4- Queremos asegurar al espíritu X la posibilidad de su desarrollo, queremos que reaparezca su personalidad con todo su valor y su fuerza de creación.

5- Pueblo y tierra, estas dos son las raíces de las que sacaremos nuestra fuerza, y sobre las cuales construiremos nuestros proyectos

6- El pueblo de X está demasiado acostumbrada a probar el gusto amargo de la derrota pero que ahora quiere probar el dulce sabor de la victoria.

7- Un resultado que podemos calificar de histórico, un resultado que podemos ofrecer a las precedentes generaciones. Y esta obra es la obra de todos, no únicamente mía, pero el resultado del esfuerzo de los cientos de miles que están detrás de mí i marchan conmigo, y que, a fin de cuentas, representan al pueblo…

8- La capacidad cultural de un pueblo es, sin duda, algo que fundamentalmente existe. Pertenece a ese conjunto de valores y disposiciones de un pueblo que le son connaturales.

9- La cultura como sedimento de valores, está en la base del proyecto que perseguimos, y constituye una buena semilla para poner en marcha este proyecto colectivo.

10- Todas las grandes realizaciones culturales en cuanto producciones creativas, provienen del sentimiento colectivo y son, por tanto la expresión del ideal colectivo.

24 nov 2012

Esen