ENCRUCIJADA

El tren acaba de salir de Madrid, vuelvo a casa.

Intento relajarme y me dejo caer en el respaldo. Tengo que pensar en lo de anoche, porque realmente fue un momento crítico. Ahora mismo me parece que fue decisivo. Aunque una vez pasada la encrucijada, quizá sería mejor ni pensar en ello.

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El sol de marzo ya está bastante alto y me da de lleno en la cara. Intento correr la cortinilla de la ventana y no puedo porque está enganchada en la parte de arriba. Voy a levantarme para soltarla pero veo que la señora mayor que llevo delante está dormitando y me sabe mal molestarla.
Me vuelvo a sentar y cierro los ojos. A través de los párpados me llegan los rayos directos del sol y veo esos círculos y manchas aleatorias que unas veces se agrandan hasta abarcar todo el campo de visión y otras se van encogiendo hasta un punto central donde desaparecen para dar lugar a otro círculo.
Cuando estoy concentrado puedo conseguir que esas zonas claroscuras se muevan casi a voluntad, pero ahora estoy cansado y la cabeza me bulle. Y las manchas se mueven a su aire, sin control.

Cada tres meses venimos a las oficinas centrales todos los jefes de ventas para una reunión de coordinación. El programa es siempre parecido: solemos empezar a las 10, hacemos una parada de un par de horas para comer y luego acabamos a las 6 o las 7. Todos los forasteros nos alojamos esa noche en un mismo hotel, cenamos en un restaurante bastante bueno que está en la misma calle y luego tomamos unas copas en un pub que hay justo enfrente. Las reuniones suelen ser en jueves y cada uno regresa a su ciudad el viernes.

Con los ojos cerrados y los párpados llenos de sol hago repaso: hace cuatro años que tengo este trabajo, tres que me casé, unos dos que nos trasladamos de ciudad y casi uno que tenemos una niña.
Pero anoche tuve una experiencia que podría haber dado al traste con casi todo.

El trabajo es en una compañía solvente con buen sueldo y viajes siempre a gastos pagados. Mi principal misión es mantener buenas relaciones con los clientes importantes ya que las condiciones del servicio y los precios de nuestra gaseosa mercancía vienen determinados por el B.O.E., con esto lo digo todo.
Hasta me financia sin intereses el coche que acabo de comprar para servicio a la empresa y para el mío particular: el último modelo de R18, rojo fuego, con llantas de aleación combinadas en plata y negro. Y cambio de cinco velocidades, por supuesto.

En cuanto a mi matrimonio, puedo asegurar que va bien. Mi esposa es una mujer discreta, tanto físicamente como en su estilo. Es profesora de literatura, una intelectual. Llevamos mucho tiempo juntos y nos entendemos bastante bien, ella más cerebral, yo más de acción. Tenemos una costumbre que a alguna gente le parece rara: todas las tardes, salvo fuerza mayor, a la vuelta del trabajo como a las 7 o así, nos sentamos unos minutos y nos tomamos una copa. Yo suelo ponerme un whisky y ella cada vez una bebida diferente según le haya ido el día. Hablamos, comentamos las incidencias de la jornada, o simplemente callamos en compañía. Si hace bueno nos ponemos a veces en la terraza desde donde se ve toda la ciudad y el mar al fondo. Antes de tener la niña no era extraño que las copas mediadas quedaran en la mesa y los dos termináramos descamisados y despeinados en el sofá. Desde que la tenemos creo que sólo nos ha pasado una vez, pero mantenemos la costumbre de charlar un rato.

Y la niña es un encanto. Esto de ser padres no lo teníamos programado pero los dos estamos muy contentos.

Pues la reunión de ayer fue de trámite y lo mejor fue la cena con todos los colegas. Siempre hay algún soso, pero en general son tipos listos y divertidos.
La sobremesa se alargó algo más de lo habitual y la mayoría volvió directamente al hotel, yo creo que se están haciendo mayores. Salvo tres que nos fuimos al pub de siempre.
No había mucha gente, pedimos unas copas en la barra y estuvimos charlando y riendo. Me di cuenta de que unos taburetes más allá había dos mujeres tomando algo. Cruzamos alguna mirada pero estábamos a lo nuestro, aunque me fijé especialmente en la de rojo. Antonio el andaluz, acabó su copa y se retiró porque había venido a Madrid en coche y quería salir temprano.
Vicente y yo, una vez solos, seguimos charlando pero ya cruzamos alguna mirada con las dos mujeres que debían ser de nuestra edad o quizá algo más jóvenes. Nos animamos uno a otro y cuando una de ellas acabó su vaso, yo me acerqué y les propuse invitarlas a otro.

En el pasado no he sido especialmente ligón, digamos que lo normal. Pero desde que estoy casado no había vuelto a practicar. El caso es que una de ellas, minifalda de cuero negro, blusa sedosa roja, melenita rubia corta, me miraba especialmente. No era una mujer despampanante pero era mona, con estilo y con una sonrisa un poco pícara. Me puse a charlar con ella y cada vez me parecía más atractiva. Vicente se puso a hablar con la amiga, pero al rato vi que se levantaba y me hacía un gesto de despedida con la mano mientras salía. La otra chica, aburrida, se marchó poco después.

Nuestra charla era cada vez más animada y la distancia entre nosotros era cada vez más corta.
En un momento dado, pedimos otra copa y vi que al fondo del local había mesitas y varios divanes. Le propuse tomarnos la siguiente en uno de ellos. Tomamos las copas y ocupamos el que nos pareció más discreto de todos.
Seguimos hablando y bromeando. Y luego besándonos y algo más. En un momento en que ella se levantó para ir al lavabo, intenté serenarme, pero las cuatro o cinco copas que llevaba no me sirvieron de mucha ayuda. Lo más que acerté fue a poner un breve mensaje a la agencia pidiendo que me cambiaran el billete de tren por otro para dos o tres horas más tarde. Por si acaso.
Cuando la rubita regresó al diván seguimos más o menos donde lo habíamos dejado.
En un momento determinado ella notó en mi bolsillo el bulto del llavero del hotel e hizo el famoso chiste de si es la llave del castillo o es que me alegraba de conocerla. Aproveché para decirle que era la llave de mi habitación en el hotel que había justo enfrente y me pareció que no le disgustaba la idea.

La verdad es que estaba siendo la sesión más excitante que recordaba desde que era bien joven. Esta chica parecía adivinar mis sensaciones y mis intenciones. Entre esto y las copas tomadas, yo ya no podía pensar en nada, íbamos río abajo sin control ni freno. Ni siquiera se me ocurrió acordarme de mi buena y querida esposa ni de mi hija ni de nada más de este mundo.

En uno de los lances le bajé despacio la cremallera de la falda y deslicé mi mano hacia abajo por su vientre, liso y duro. La aventura entraba en una nueva fase. Pero llegó un momento en que mis dedos notaron algo raro. Seguí un poco más y me quedé paralizado: allí había algo que no debería estar allí, algo que no me esperaba encontrar, algo que nunca hubiera deseado encontrar.

Ella notó mi bloqueo y muy lentamente fue apartando sus labios de los míos. Yo me había ido deslizando un poco en el diván y su cabeza quedaba en ese momento un poco por encima de la mía. Me miró fijamente a los ojos, desde muy cerca. Mantenía una ligera sonrisa con algo de interrogante en las cejas. Le sostuve la mirada unos momentos mientras mi cerebro funcionaba a toda velocidad.
Engañar a mi mujer con un rollo de unas horas estaba feo. Pero no era nada súper grave ni irreversible.
Pero es que seguir adelante con aquello sabiendo quién o qué era mi compañera de aventura me pareció un salto al vacío de consecuencias que no podía imaginar. Doy gracias de que ni el alcohol ni la excitación consiguieron convencerme de lo contrario.
Bajé la mirada, lentamente saqué la mano de donde la tenía y acerté a volver a subir la cremallera de la falda. Me separé de ella en el diván y más o menos recompuse mi indumentaria. En ese momento la miré de reojo y ella estaba haciendo lo mismo. Esperé a que acabara de abotonarse la blusa y nuestras miradas se volvieron a encontrar. No sé por qué pero dije entre dientes: «Lo siento».
Iba a levantarme cuando vi mi copa a mitad. La tomé y le hice un gesto como de “a tu salud” y me tomé lo que quedaba de un trago. Ella tomó algo del suyo. No parecía ni especialmente sorprendida por mi reacción, ni tampoco disgustada.

No había nada más que decir y me levanté, pero antes de darme la vuelta le tendí la mano. Nos dimos un apretón enérgico como dos aguerridos compañeros de aventuras que habiendo compartido parte de una ruta, sin haber llegado al objetivo, se despiden para seguir cada uno su camino y no volverse a ver.
Luego pasé por la barra a pagar las consumiciones y salí hacia mi hotel sin mirar atrás.

Ya en la cama no podía dormir. No me explicaba cómo me había podido pasar algo así, cómo no me había dado cuenta antes. Pero estaba cada vez más convencido de que la decisión final había sido la correcta. De haber seguido adelante, sabiendo lo que tenía entre manos, hubiera representado un antes y un después en mi vida que no estaba dispuesto a asumir.

Luego tuve pesadillas, que no recuerdo, hasta que me desperté con un dolor de testículos espectacular. Para un posible alivio, todo lo que tenía en la cartera eran aspirinas y me tragué dos por si además podían ayudar con la resaca que ya me notaba. No sé si sirvieron de algo, porque casi no he dormido el resto de la noche.

Esta mañana he podido tomar sin contratiempos el tren de las 11h, y aquí estoy camino de vuelta al hogar.
Dentro de un rato, tengo muchas ganas, veré a mi pequeña y también a mi mayor.
Estamos casi en primavera y esta tarde insistiré en tomar algo en la terraza, con el mar a la vista y el sol poniente detrás de nosotros. Con esta temperatura la peque podrá gatear junto a nosotros. Estoy deseando verlas.
Procuraré no hablar mucho hasta que el recuerdo de este incidente se me vaya disolviendo en la cabeza.

Y puedo asegurar que no me volverá a pasar nada parecido.

Esta es la historia que me contó su protagonista a finales de los años 80, a la que sólo he añadido un poco de contexto y alguna pequeña licencia. Me la contó como un incidente extraño que le había marcado en cierta manera.
Ese protagonista era un compañero de trabajo de nombre Salvador, Boro para los amigos. Quizá alguno de vosotros lo recordaréis.
Seguro que a él no le importa que publique hoy esta pequeña historia, porque hace ya muchos años que a Boro dejó de importarle todo lo de este mundo.

esendraga, marzo 2020

Ni “I.A.” ni “A.I.”, no quiero que nadie decida por mí.

Esto de la inteligencia artificial está sólo comenzando, y ya hay cosas que no me gustan. De un esclavo digital espero que me ayude, que me aligere algunos trabajos mecánicos o que contribuya a ahorrarme tiempo en algunas cosas, pero que decida o piense por mí, prefiero que no. Quiero que lo que haga para mí servicio sea predecible y consistente.

Cuento dos detalles actuales en sistemas súper simples todavía. Uno es el cambio automático de un coche que dice que tiene un sistema adaptativo y que se supone que “aprende” de tu forma de conducir para ir cambiando las marchas según tu estilo.

Normalmente cambia a la marcha superior a un régimen de motor tranquilo, sin estridencias, pero si pisas el acelerador con decisión, empieza a cambiar a un régimen superior, lo que en principio es lo adecuado. Si vas dando caña por una carretera de montaña, valga la cacofonía, está bien que lo haga así.

Pero cuando en ciudad se sale de un Stop o Ceda el Paso, por ejemplo, a veces hay que salir un poco rápido y uno acelera un poco más que en una salida tranquila. En este caso resulta que es un poco perezoso al arrancar y hay que pisar un poco más. Entonces el trasto se anima y el cambio de primera a segunda lo hace a régimen de competición: lo entiendo, es un momento de apreturas y vale.

Pero es que ese pequeño acelerón, que es sólo para salir rápido los primeros metros, convence al cacharro de que has llegado a un circuito de carreras y a partir de ahí aunque ya vayas a velocidad estable de ciudad, sigue cambiando plan racing, con lo que los acompañantes preguntan, ¿qué le pasa a este coche que hace ese ruido? Y sigue así hasta que se le pasa la tontería de ir de carreras y vuelve a cambiar de marcha como una persona normal.

Resumen, parece listo pero no lo es tanto porque no se da cuenta inmediatamente de cuándo cambian mis necesidades. Bastaría que el fabricante lo hiciera un poco más tonto y que simplemente se limitara a cambiar a un régimen proporcional al % de acelerador presionado: cumpliría la función y no se pasaría de listo. Pero claro, cuando lo compramos no sabíamos estos detalles y el vendedor te dice que tiene un sistema tan listísimo, pues impresiona y te lo quedas.

Os cuento otra. Hace unos días estaba yo probando la asistente virtual en una tableta corriente, con eso de ¡Ok, Google! O la tontería esa de hablar con una tal Siri. El caso es que para ver cómo iba le pregunté las típicas chorradas como la temperatura ambiente en Reikjavik, cuánto eran 365×24 y qué hora era en Tokyo. No se si acertó en todo, pero respondió con tanta seguridad y rapidez que di por bueno lo que me dijo.

Eagles

Hasta aquí todo bien. Pero mientras hacía otras pruebas, como pedirle que te busque un vuelo para esa misma tarde a Nueva York, clase business, de repente me dice: “Estás escuchando Hotel California de los Eagles. ¿Quieres oírla completa?¿Quieres ver el video?¿Comprar el disco?¿Leer la letra? ¿Una foto del guitarrista desnudo?”

¿Qué diablos? WTF! Y entonces me di cuenta de que en la habitación de al lado estaba puesta la radio, no muy fuerte y en efecto en ese momento Don Henley cantaba:
Mirrors on the ceiling,
The pink champagne on ice
And she said, ‘we are all just prisoners here, of our own device’

Que en cristiano es algo así:
Y  ella dijo que ‘aquí sólo somos prisioneros, de nuestro propio dispositivo’.

Sospechosa coincidencia ficción-realidad…

Volviendo a la amable asistente, pensé en pedirle que incluyera la canción en mi lista de Spotify. Pero con estos chismes igual la cosa se complica.

Supongo que si uno lleva tiempo gastando un cacharro de estos, la maquineta acabará sabiendo demasiado. Por ejemplo si le pido la canción en Spotify y es lo bastante lista comprobará que no tengo cuenta en ese servicio de música, que es de pago. Pero como seguramente tendrá los datos de mi Visa por alguna compra anterior que hice, quizá me dé de alta en el archivo ese musical. Y como es tan servicial quizá me apuntaría por iniciativa propia al servicio Premium, que no debe ser barato. Y si la dejo hacer, a lo mejor me busca y todo una compañera de baile en una página de contactos. Y lo hará con confianza, porque sabe que mi  esposa está ausente porque ha ido a ver a unos primos a Finisterre, y por supuesto la máquina sabe exactamente cuándo volverá porque es ella misma quien le compró el billete.

Bueno y ya puesta, cuando conozca mis gustos, igual me compra billetes business para ir a ver los canguros a Australia, ajustando mi agenda para volver los jueves, a tiempo para recoger a mi nieto de la guardería.

Y quizá si algún día viendo a alguien en la tele se me escapa la expresión “¡este tío es pa matálo!”, igual contrata un sicario del este y le paga con mi Visa para que liquide al político que en ese momento estaba en pantalla.

Esto de la Inteligencia Artificial puede acabar como el cuento del aprendiz de brujo, https://youtu.be/2DX2yVucz24

Así que, por favor, los aparatos, que se limiten a obedecer cuando les mandas algo y que no aprendan nada porque luego van y lo cascan todo, que estos del internet de las cosas son todos unos charlatanes, siempre comunicándose entre sí.

Y resto de aparatos lo mismo, que casos como el que me pasó con la nevera traidora tampoco son de recibo.  https://esendraga.wordpress.com/2018/04/20/la-nevera-traidora

Así que chismes del mundo, actuales y futuros, tomad buena nota: si no os pido expresamente nada, sus estáis calladitos, quietos y con las manos en los bolsillos, que ya me equivoco yo solito sin asistentes digitales.

La canción esa que se escuchaba en la radio, https://youtu.be/yYkL5igsG4k , tiene como estribillo:

Welcome to the Hotel California
Such a lovely place…
 
 
Y tiene mucha gracia el final, escrito y cantado en los años ’70, que resulta premonitorio:

‘Relax’ said the night man
‘We are programmed to receive.
You can check out any time you like,
But you can never leave!’

Que en español es más o menos:
Bienvenido al hotel California
Un lugar tan encantador…
……
‘Relajáos’ dijo el portero de noche
‘Estamos preparados para recibirles.
Y podéis pagar la cuenta cuando queráis,
¡Pero nunca podréis salir!’

esendraga, junio 2019

 

TARDE DE VISITA Y REFRESCO.

(Capítulo piloto de una nueva serie)

  – ¡A sus órdenes!

El chófer cerró la puerta por la que había salido Don Manuel, dió la vuelta rodeando el largo morro del coche, se subió al Chevrolet y arrancó calle abajo camino de su casa. Él y su familia volverían a la suya paseando.

Don Manuel no tenía permiso de conducir, sobre todo porque no le hacía falta y además porque a comienzos de los años 30 no era muy corriente que un señor como él tuviera que manejar personalmente.

Había comprado el coche hacía un par de años y su asistente le hacía también de conductor particular. Era un Chevrolet de aquellos que tenían seis plazas en dos asientos corridos, pero que ampliaban la capacidad con un par de estrapontines en el respaldo del delantero, a contramarcha. Se supone que cabían ocho adultos, pero si ponemos niños, podía viajar casi cualquier familia numerosa, incluso con chófer e invitados.
Don Manuel
Capitán de navío, gaditano, más chulo que un ocho pero con unos kilos de más, Don Manuel gobernaba su casa con la misma rigidez que usaba para mandar en la base de submarinos, aunque con otros modales. Había ido toda la familia en coche a una visita fuera de la ciudad y, a la vuelta, les había dejado en la calle Mayor. Tomarían un refresco antes de volver andando a casa.

Mientras se acercaban a la heladería, unos suboficiales que pasaban por allí lo reconocieron aunque iba de paisano y se cuadraron:
– ¡Sus órdenes mi capitán!

Él los despidió con un saludo poco militar.

El matrimonio y los chiquillos se acercaron al velador, patas de hierro fundido y encimera de mármol blanco.
Había cinco sillas y se sentaron los padres, las dos niñas y el pequeño. A los tres chicos mayores, Don Manuel les dijo:
– Ha llegado un barco inglés, nuevecito y muy moderno. Subid a verlo desde la muralla, está justo enfrente. Pero os quiero de vuelta en diez minutos.
Los tres se alegraron de no tener que esperar ociosos y salieron disparados.
Encarnita, nueve años, preguntó ilusionada:
– ¿Puedo ir con ellos?
– No, tú te quedas, eso son cosas de chicos.

Cuando llegó el camarero, Don Manuel pidió un limón granizado para su distinguida esposa y un fino para él.
Mirando inquisitivamente a los tres niños que quedaban sentados, dio por supuesto:
– Ustedes vosotros, no queréis nada, ¿verdad? -Silencio por la parte infantil.
Y al camarero:
– ¡Pues eso!
Se oyó una voz tímida, de la mayor de las chicas:
– ¿Puedo beber agua?
Momento de tensión:
– Sí, y un vaso de agua. ¡Y el fino, del que tú sabes!   – Le gritó al camarero cuando éste se estaba dando la vuelta.

Los chicos ya habían desaparecido de la vista, la calle Mayor estaba tranquila en esta tarde de domingo, primavera del 33, y Encarnita, nueve años, vestido rosa y guantes de ganchillo blancos, miró a sus dos hermanos pequeños que permanecían callados y preguntó:
– Papá, ¿podemos levantarnos a jugar?   – Don Manuel no tuvo que pensarlo   – Ustedes os quedáis sentados, que no tardamos nada. Ya jugaréis en casa.

La madre, cutis muy fino, rasgos delicados, aspecto modoso y ropa elegante, bastante más joven que Don Manuel, miró a su hija, pero sin expresión definida.

La calma duró hasta que después de que trajeran el granizado y el fino, Carmen, 7 años, tomó una pajita del vaso donde estaban dispuestas en abanico como cono invertido, casi perfecto, rompió discretamente uno de los extremos de la funda de papel y extrajo el extremo de la cañita. Apuntó a su hermana mayor, que en esos momentos miraba hacia el muelle, y sopló fuerte. A Encarnita, el papelito le dio en la oreja e hizo un mohín de protesta.
Don Manuel sólo tuvo que mirarlas, para que la una dejara la pajita sobre la mesa, y la otra bajara la vista para mirar sus propias manos entrelazadas sobre su regazo, los guantes blancos bien plegaditos sobre la mesa.

Las dos niñas bebieron un sorbo del vaso de agua y dieron de beber al pequeño, que casi no tomó.

La tarde ya estaba cayendo y no se demoraron mucho, pero nadie se movió de la silla mientras quedó granizado en el vaso acampanado de la madre, del que iba tomando a pequeños sorbos.

Durante el centenar de metros hasta llegar a su casa en la Cuesta de la Baronesa, no hubo inconveniente en que los dos pequeños corretearan por la calle. Encarnita, la mayor, que ya era una señorita y no debe comportarse a lo loco como los niños, caminaba modosa junto a la madre, mientras Don Manuel andaba dos pasos por delante.

Mientras subían por la calle Cañón, los tres chicos les alcanzaron sofocados por la carrera.

El padre los miró y consultó su reloj de bolsillo, sujeto al extremo de una discreta cadena de plata. No dijo nada y los tres salieron disparados cuesta arriba hacia su casa, en evitación de comentarios sobre su retraso.

La criada esperaba a los señores en la puerta, después de haber abierto a los muchachos, y les saludó muy cortésmente.
Don Manuel sólo dijo:
– Vamos a cenar en media hora.

Todos se cambiaron de ropa para la cena, se lavaron caras y manos. El padre, que sólo se había quitado la chaqueta y cambiado sus brillantes zapatos por unas zapatillas de felpa con sus iniciales bordadas, se sentó a la mesa con batín cruzado sobre su camisa y corbata. Ojeó la prensa mientras la chiquillería se iba sentando y la madre supervisaba en la cocina.

En cuanto Doña Encarnación se sentó, entró la criada con la sopera. Sirvió los platos Don Manuel y la cena transcurrió como debe ser, con tranquilidad. Excepto por un breve comentario sobre el barco inglés que al hijo mayor le había impresionado por su tamaño y armamento. Por su parte, el pequeño protestó un poco por la sopa, pero al final se la acabó tomando casi toda.

Esa noche, de postre, arroz con leche. Y es que cuando al caer la tarde no se había consumido toda la que el hombre de la vaquería traía puntualmente dos veces al día, había postre lácteo.
Una vez terminada la cena, el padre se levantó el primero, dijo un breve “ustedes tengáis una buena noche”, y se dirigió hacia su despacho, al fondo del pasillo.

El ambiente se relajó entre la madre y los hijos mientras la criada iba  retirando la mesa:
– Señora, mañana viene el pescadero a primera hora y quería saber si al final va a haber invitados por la noche.
– No, se me había olvidado. Se ha cancelado la cena porque el señor se va de maniobras, así que compra sólo para los niños y para mí.
– Sí, señora.

Los dos mayores dijeron que se iban a su cuarto a leer. Y los cuatro menores se quedaron charlando con la madre. Luego, empezaron una partida de cartas pero los pequeños se aburrieron enseguida y empezaron a corretear y jugar por el salón.
Al poco se oyó perfectamente cómo se abría la puerta del despacho del padre, y por el pasillo resonó un carraspeo forzado y potente.
La velada terminó en ese mismo momento.

Una vez acostados los niños, Doña Encarnación se encerró en su habitación, hizo su aseo nocturno, y se quedó esperando al marido.

Otra noche sola, y al día siguiente Manuel marchaba de maniobras durante varios, no se sabe cuántos días. Las maniobras a las que iba este capitán de navío tenían siempre duración indefinida, y ella asumía que los submarinos no eran muy predecibles y que la vida militar, aunque fuera en tiempos de paz, era así. Nunca preguntó sobre esto a las esposas de otros oficiales, ni a nadie. Intuía que sería mejor no saberlo.

Se acabó durmiendo, con un libro entre las manos, antes de que su marido saliera del despacho.

esendraga, mayo 2019

Para ser leído cuando cae la tarde.

Tarde larga de  primavera.
Por levante, el cielo mantiene su color azul durante bastante rato, mientras el sol va cayendo por el otro lado.
La luces artificiales de la ciudad empiezan a aparecer, pero la oscuridad invade poco a poco la habitación.

¡NO enciendas todavía!

La tarde

Es el instante mágico en que el día se muere, para dar paso a la noche.
Retrasar un poco más ese momento del tránsito y disfrutarlo produce cierto placer, quieto, sosegado.

Es necesario aprovechar ese espacio, en que las sombras no han vencido todavía a la luz, para hacer la revisión de lo que hemos podido hacer con ese lienzo en blanco que cada dia se nos regala con el amanecer.

Quizá en el cuadro de este día no hemos pintado nada memorable. Quizá hemos hecho solamente unos borrones. Pero si al final hemos conseguido dejar en nosotros mismos o en la mente de quienes tenemos cerca unos pocos trazos de color, visibles entre los grises, es que no lo hemos echado a perder.

Si por desgracia, a estas horas, la pintura apenas está empezada o si los claroscuros nos dejan vacíos, lavémonos la cara con agua fresca y encendamos todas las luces. Todavía quedan unas horas para ser vividas, para hacer que el lienzo tenga, al menos, una última esquina bien conseguida.

Aunque no tengamos con quién hablar, podemos incluso arreglar la jornada leyendo un buen libro; si lo masticamos con atención y asimilamos nuevas ideas o hacemos nuestras las vivencias de otros, podremos decirnos a nosotros mismos que no hemos perdido el dia, cuando a su final el telón caiga tras nuestros párpados.

Hagamos lo que hagamos nos tiene que servir para aprender algo más, algo que nos permita ir mejorando poco a poco hasta conseguir que la existencia no sea una sucesión de días de la marmota, repetidos sin fin y sin esperanza.
Creo que todos vivimos con la ilusión de alcanzar ese nivel, en que cada jornada tenga una cierta armonía y nos deje una intensa sensación de haber vivido realmente.
Tenemos que trabajar para que cada día nos deje ese buen regusto.

La noche está cayendo. ¡Aprovechemos lo que queda!

esendraga, mayo 2019

¡A DÓNDE VAMOS A IR A PARAR!

Ayer recibí un video, de esos que corren por los grupos de whatsapp, en el que un hombre bastante mayor recitaba un texto en verso, sobre un pase de fotos fijas familiares, que se supone serían de la suya propia. Mientras aparecían padres con hijos, abuelos con nietos, imágenes antiguas de bodas y recuerdos familiares diversos, el señor iba quejándose del poco respeto que hoy día tienen los jóvenes para con los mayores, y en particular de los nietos respecto de los abuelos. Recordaba el hombre la gran consideración que antaño se les tenía y lamentaba que en la actualidad no se les hace caso, se les desprecia y se les tilda de anticuados o viejos. ¿A dónde vamos a ir a parar con estas actitudes?

Dicho así, muchos mayores asentirán, con tristeza en el corazón, haciendo suyas las palabras de este buen señor. Otros quizá no. Pero muchos están convencidos de que ellos respetaban mucho a sus mayores como la cosa más natural, lo que contrasta con las actitudes que ven ahora en su descendencia.

Lo primero que se me ocurre al aspecto es que cuando ellos eran niños, digamos primera mitad del SXX, el autoritarismo era la norma, y los niños o respetaban a los mayores porque éstos se lo merecían, que había muchos que sí se lo merecían, o porque eso era lo normal y lo que se esperaba de ellos, o simplemente se mantenían sumisos por miedo a los coscorrones o a cosas peores.

Situación parecida a la que estuvieron sometidos sus hijos, digamos en los años cincuenta o sesenta, que recibieron en gran parte una educación igualmente autoritaria. La pregunta que yo les haría a las personas que comparten estos sentimientos es qué tipo de educación dieron y qué valores inculcaron a sus hijos, padres de esos actuales nietos, para que ahora hayan educado a la última generación de tal manera que llegan a menospreciar a sus abuelos.

Que se lo piensen. El respeto no es algo que alguien inculca en los demás hacia uno mismo, sino que es algo que uno puede conseguir de los demás, o no, a base de una vida de coherencia, sensatez,  honestidad y humildad.

En su descargo parcial, hay que reconocer que es cierto que en algunos niños y jóvenes una dotación genética desafortunada o una serie de circunstancias ambientales adversas puedan anular totalmente una buena educación y la influencia de un buen ejemplo. Pero en estos casos hablaríamos de algún nieto descarriado, pero no de la generalidad.

En cualquier caso, cuando los humanos hablamos del presente en comparación con el pasado, que suele ser para añorar esos tiempos pasados que nos parecieron mejores, solemos tener bastante mala memoria. Hasta en las épocas donde el patriarcado era todopoderoso e indiscutido, o sea casi toda la historia de la humanidad, los jóvenes siempre han sido rebeldes y han tenido tendencia a hacer el menor caso posible a sus mayores.

Hay constancia de que hace más de dos mil años, lo que este buen señor denuncia hoy, era ya moneda corriente. Decía Sócrates:
“Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros.”
Y creo recordar haber leído hace tiempo que algo parecido se dice en otro documento de una civilización anterior, donde un babilonio venía a lamentarse por lo mismo que este abuelo del SXXI.

Bueno, la verdad es que casi no hay nada nuevo bajo el sol.

Y esa frase tan típica de los mayores de “a dónde vamos a ir a parar” no es más que el miedo al futuro, siempre desconocido, que todos tememos de alguna manera.

Cuando se habla de nuevas tecnologías y los avances, mi madre, siempre recuerda, en broma, la frase: “¡A dónde vamos a ir a parar con la bicicleta y la máquina de coser!”

Y yo digo, pues que ya se verá.

esendraga, mayo 2019

NI MICHISTI NI FIMINISTI

Esto es lo que te pueden contestar si se te ocurre decir esa frase. Pero si tienes mala suerte quizá directamente te den una patada en la boca, según quien te escuche. (Es broma)

He leído varias veces esta frase de “ni machista ni feminista” con sendas íes en lugar del resto de vocales, como forma de manifestar burla y desprecio por los que dicen esa frase.
Según los/las feministas/feministos la frase retrata a un machista que dice no querer serlo.
La misma frase supongo que a una persona no extremista le parecerá indefinida.
Y supongo que un machista, al escucharla, pensará: ¡Menudo lila el tío éste!

Algo parecido sucede cuando alguien dice que no es de izquierdas ni de derechas porque lo más probable es que alguien progre concluya automáticamente que en realidad el hablante es muy de derechas, pero que no se atreve a decirlo.

Y con el follón catalán pasa algo similar: los que pretenden ser «equidistantes» son inmediatamente tachados de españolistas y fachas.
En estos casos contesto que, para mí, la equidistancia es estar a infinitas leguas mentales de los indepes y a otras infinitas leguas de los españolistas.

Está claro desde siempre que los totalitarios de todos los signos han dicho de una u otra forma la frase del evangelio “el que no está conmigo está contra mí”, que creo tenía un corolario algo así como “arrojaré a los tibios de mi lado”.
Es lo que tiene ser de los NO ALINEADOS, que somos expulsados de cualquier sitio, no tenemos lugar en el mundo.

Volviendo al título, no soy de los que diría esa frase tal cual. Yo más bien diría: machista desde luego NO. Pero feminista, depende de cómo se interprete.

Quizá la mía es una postura rara, pero me cuesta pensar en la especie humana como dividida entre varones y mujeres, porque no veo que seamos tan diferentes. Para mí es similar a dividir a la humanidad entre blancos y coloreados o cualquier otra diferencia física.
Porque resulta que en casi todos los aspectos son más parecidos entre sí cualquier pareja de europeos varón-mujer que lo que se parecen entre sí una muchacha inuit y otra joven masai, por poner un ejemplo. Y también se parecen menos entre sí un adulto mongol a un señor pirahá. O una abuela china a otra abuela maorí.

Una forma de meter el dedo en el ojo que he usado muchas veces, es que cuando he oído a alguien que decía por ejemplo, «las mujeres conducen fatal», yo siempre he contestado: «Eso será las de tu familia o tus amigas, porque las de mi entorno conducen más o menos igual de bien o de mal que los varones que yo conozco»

La semana pasada en un fórum público que tenía lugar en un local municipal escuché a una señora mayor, o sea de mi misma edad, decir con un retintín de desprecio: «si los hombres fueran los que parieran, no tendrían hijos, o como máximo, uno»
No quise montar un pollastre, pero estuve a punto de decirle: «Oiga, señora, pare el carro. Eso será los hombres de su familia, que serán unos flojos, así que no generalice».

Se dice que todas las afirmaciones generalistas son siempre falsas.
(Menos esta que acabo de escribir, por supuesto)

Cuando oigo hablar y calificar a varones y mujeres como clases separadas, me suena parecido a cuando alguien asegura: «los gordos son todos unos tranquilos», «los andaluces son unos vagos» o «los maricones son todos unos viciosos».
O sea, o son mentiras generalistas o directamente “fake news” malintencionadas.

Volviendo a la cosa feminista, creo que tenemos científicamente claro que varones y mujeres somos algo diferentes en algunas cosas.
Un buen amigo dice que con mujeres y varones pasa como con nuestras manos: no son iguales, pero son equivalentes.
Perfecta defición que dice algo que todos tenemos claro, y es que valemos lo mismo.

Y también tenemos claro que en cualquier aspecto de capacidad, de aptitud o de actitud que queramos analizar, las diferencias individuales dentro de cada grupo son mucho mayores que las de un grupo respecto al otro. ¿Qué interés real tiene ahondar en las diferencias?

Es cierto que dentro del ámbito doméstico hay más mujeres muertas a manos de varones que al revés. Y esto significa que esa idea tan tradicionalmente varonil de su propia superioridad y desprecio de la otra es algo que todavía existe. Y es inadmisible.
¿Es culpa de la sociedad? En realidad se debe a que en algunas religiones, en algunos entornos y en algunas familias todavía no se ha desterrado el modelo primitivo de roles sexuales que la evolución determinó desde hace unos cuantos miles de años. Roles que servían para las cavernas, pero que ahora no tienen sentido.

Los que lo tenemos claro debemos hacer algo para que esto cambie. Y seguramente lo mejor que podemos hacer es educar a nuestra progenie en los valores de la igualdad y el respeto.
Lo que pasa es que, para que estos valores se interioricen por los niños/as, los tienen que ver y vivir en la familia propia.

¿Qué pasa si esa familia está todavía en el neolítico? Pues que tendrá que ser la escuela y la sociedad las que acaben empujando poco a poco para que los modelos vayan cambiando. Y eso es lento.

¿Valen de algo las manifestaciones y las banderas?
Pues seguramente sirven para satisfacción de los acólitos y palmeros, subvencionados o voluntarios, pero principalmente para generar rechazo en todos los demás.
O sea, para aumentar la polarización de las personas.

La semana del 8M visité una exposición feminista donde se mostraban una serie de cuadros/carteles muy bien diseñados y ejecutados por diversas mujeres artistas gráficas.

(Colectivo Adona’t, proyecto expositivo Il.luminades. Ilustrando la historia de la misoginia, en el Museu de Belles Arts de Castelló).

La estructura de todos era similar y en cada uno de ellos se recogía un texto corto de algún autor del pasado, en algunos casos no muy lejano, en el que cada uno de ellos dejaba clara su animadversión y/o desprecio por las mujeres en general. Cada cartel contenía además una ilustración alegórica al tema. En general era un buen trabajo y tenía su interés artístico y cultural.

Pero yo finalmente me pregunto de todo esto que ”¿pa qué?”.

Las frases de cada cartel, siendo literales, estaban sacadas de contexto y no se aportaba información alguna ni sobre el entorno cultural y social del autor, ni sobre la mentalidad de la época, ni sobre otras circunstancias que permitieran entender cómo personas que parecían inteligentes podían ser unos machistas de tomo y lomo.

En la exposición había bastantes chicas jóvenes y seguramente muchas de ellas se quedarían impresionadas al leer las burradas escritas por gente reputada, hace entre 50 y 2.000 años.
La juventud que vea la expo sin saber nada de las sociedades en que vivieron Epicuro, Platón, San Agustín, Balzac o Einstein, entre otros, saldrá más despistada de lo que entró.

Por hacer un paralelismo tonto, ¿tendría interés una exposición recordando los argumentos de aquellos que, a lo largo de la historia, han dicho que la tierra era plana, y qué argumentos daban?
Quizá interesaría el tema a un estudioso de la evolución del pensamiento, pero como instrumento didáctico dirigido al gran público sería una pérdida de tiempo.

A veces hay gente que, con la mejor intención, emprende acciones y movidas varias que en realidad no contribuyen a que los contrarios o los dudosos cambien de actitud. Por el contrario, quizá obtengan un mayor rechazo de los que están en el polo opuesto.
Por eso ante algunas cosas que se hacen, me pregunto que pá qué.

Al final, los de a pie no tenemos tantas opciones para cambiar las cosas importantes.
Tomar conciencia, predicar con el ejemplo y no callarnos ante comportamientos o actitudes basurables.
Pero también presionar a políticos, y a todo el que tenga una voz que se oiga, para que la enseñanza mejore y ayude a las familias en el proceso. Y para que las leyes también contribuyan a ello.

Si hacen falta o no cuotas en las empresas o en las cúpulas directivas, o si las leyes de protección a las mujeres han de ser así o asá son temas técnicos que habría que hablar entre todos con argumentos en la mano y con datos veraces.

Y lo que es más importante: para discutir estos temas hay que dejar el lastre de las ideologías en el vestuario.

Es mi opinión.
esendraga, 8 de marzo de 2018

Harari y su Homo Deus

Uno de los libros que más me ha sorprendido recientemente es Homo Deus de Yuval Harari. Este historiador y profesor universitario es ahora un escritor de éxito y aunque he leído solamente dos de sus libros, entiendo el motivo.

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En cada una de sus páginas he encontrado al menos un concepto o una frase dignas de ser tenidas en cuenta. En unos casos son ideas que para mí son nuevas, y en otros Harari expresa y formaliza claramente conceptos que seguramente todos tenemos en la cabeza, pero que no es tan fácil verlos concretados y bien justificados.

Harari no es un gurú ni un profeta: solo analiza fríamente de dónde venimos y se hace preguntas muy inteligentes sobre el presente y el futuro.

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Homo Deus es muy ameno, lleno de ejemplos históricos y detalles de muchos estudios interesantes, pero lleva su tiempo leerlo. Así que me permito hacer aquí un resumen destacando de las ideas que me parecen más relevantes y omitiendo los numerosos ejemplos y comentarios con que ilustra cada asunto. Intento poner el máximo de frases literales del libro, añadiendo lo menos posible de mi cosecha.

Y al final pongo unas notas sobre el autor.

Los capítulos que menciono se corresponden con el índice del libro, que es éste.

indice

(Si alguno de vosotros tiene interés en este libro, se lo puedo prestar en formato electrónico)

1- La nueva agenda humana.
La humanidad ha sufrido siempre hambrunas, epidemias y violencia. En la actualidad se puede decir que ya no hay casi de estas plagas. En general todos los humanos en el pasado vivían al borde de la pobreza y estaban en riesgo constante de morir de hambre por falta de producción agrícola y/o por exceso de exigencias por parte de señores y sacerdotes. Hoy parece ser cierto que hay más humanos con su salud en riesgo por obesidad que por desnutrición.

Hambrunas regionales y epidemias generales en las que moría la mitad de la población ya no hay. En la mayor parte del planeta los humanos ya no asumen la guerra como un estado natural de la sociedad como ha sido durante milenios.

Hambre, enfermedad y guerras ya no son tragedias inevitables sino “retos manejables”.
Queda la muerte como desgracia, pero ya no es inevitable, es solamente una cuestión técnica. Prácticamente hoy en día, la muerte antes de los 90-100 años es siempre por algún tipo de “accidente” y se espera que esta edad límite suba netamente en los próximos años.

¿A qué más podemos aspirar? A conseguir la felicidad. Pero nuestro sistema bioquímico no está diseñado para esto sino para supervivencia y la reproducción, con todo lo que ello implica.

¿Podemos aspirar a la felicidad bioquímica por drogas, o habrá que remodelar nuestro cuerpo y nuestra mente? ¿Cyborgs, implantes neuronales?

No hay una línea clara entre curar y mejorar, se empieza por una cosa y se acaba en la otra. ¿Aspiramos a la inmortalidad?

2- El antropoceno.
El hombre conquistó el mundo; antes de la era industrial ya había cambiado la faz de la tierra en muchos aspectos. Aquí Harari se extiende en detallar de qué manera los humanos somos inhumanos con el resto de la naturaleza y usamos la tierra y los animales sin miramientos. Él mismo se ha hecho vegano después de estudiar historia de las sociedades.

3- La chispa humana.
¿Es la vida humana más valiosa que otras vidas? ¿Qué tenemos que no tengan otros seres? La respuesta religiosa es el alma. Pero la ciencia ha demostrado que los humanos tampoco tenemos tal cosa. De los otros animales está comprobado que tienen comportamientos voluntarios inducidos por emociones similares a las nuestras, como miedo, amor maternal, fidelidad al lider, etc.

Es cierto que tenemos experiencias conscientes. Pero, ¿cómo sabemos que esas experiencias son iguales en todos nosotros? ¿Cómo podemos saber si otros animales tienen otro tipo de experiencias conscientes?

Sabemos que esas experiencias son fruto de algoritmos bioquímicos neurológicos y resulta que nuestros cerebros no son tan diferentes de los de otros animales; muchos de ellos tienen estructuras que permiten suponer que también tienen este tipo de experiencias.

Habla Harari de que los humanos vivimos tres niveles de realidad: la objetiva, la subjetiva y la intersubjetiva, ésta última fruto de la comunicación entre subjetividades. De da entre personas se comparten supuestos básicos incluso aunque no se conozcan entre sí, lo que no se da entre otros colectivos de animales. Esta “comunión” de ideas y creencias forman “redes de sentido”, como las religiones, como el pensamiento humanista o como los nacionalismos.

4- Los narradores
Desde hace sólo 70.000 años, gracias a esas comunidades intersubjetivas se han ido confeccionando en cada tribu o sociedad ciertos “relatos” sobre lo humano y lo divino. Estas “ficciones compartidas” contribuyen a facilitar la cooperación entre humanos.

Pero casi siempre se produce dentro de un “montaje” pilotado y controlado por uno o varios individuos que consiguen erigirse como autoridad y se aprovechan de ello.

La escritura contribuyó a incrementar la capacidad de dominio y control de la población con esas redes de sentido.
5- La extraña pareja. Religión y Ciencia.
A medida que la historia se desarrollaba, los relatos sobre dioses, naciones y empresas se hicieron tan poderosos que empezaron a dominar la realidad objetiva. Creer en el gran dios egipcio Sobek, en el Mandato del Cielo de los chinos o en la Biblia capacitó a la gente para construir el lago Fayum, la Gran Muralla de China y la catedral de Chartres”.

Podríamos decir que las teorías científicas son un nuevo tipo de mito, y que nuestra creencia en la ciencia no es tan diferente de la fe religiosa.

Por una parte se puede afirmar que las religiones en sentido amplio, incluyendo en ellas por ejemplo a los nacionalismos, son herramientas para preservar el orden social y para organizar la cooperación a gran escala. A destacar que, en general, esto no tiene mucho que ver con la espiritualidad. Las religiones proporcionan respuestas claras y firmes que permiten la cooperación social, mientras que el viaje espiritual es algo personal, que acaba conduciendo a cada individuo que lo emprende a lugares desconocidos e imprevisibles, lo que resulta siempre una amenaza para la permanencia de los diversos dogmas.

Las religiones dan siempre recetas claras para resolver dilemas éticos y están interesadas por encima de todo en el orden.
La ciencia está interesada por encima de todo en las posibilidades de acción: pretende adquirir el poder de curar las enfermedades, combatir las guerras y producir alimento.

Esto ha conducido a algunos filósofos a declarar que la ciencia siempre puede resolver dilemas éticos a partir de los valores humanos. Sam Harris cree que todos los humanos compartimos un único valor supremo, minimizar el sufrimiento y maximizar la felicidad, y que todos los debates éticos son argumentos que se refieren a la manera más eficaz de maximizar la felicidad.

La sociedad moderna cree en los dogmas humanistas y usa la ciencia no con la finalidad de cuestionar dichos dogmas, sino con la finalidad de ponerlos en marcha.

Si la historia moderna es un lucha Ciencia versus Religión, el Humanismo sería un pacto entre ambas.

 

6- La alianza moderna.
La victoria del capitalismo y sus promesas de bienestar gracias al crecimiento económico parece que tienen algunas contrapartidas. ¿Son evitables el agotamiento de recursos, la contaminación y el cambio climático?

Las clases y países más ricos prefieren correr estos riesgos porque creen que si hay un desastre, ellos serán los menos perjudicados, siendo casi seguro que los platos rotos los pagarán principalmente las regiones y las personas más pobres.

La fe en la tecnología considera que algún nuevo invento puede acabar resolviendo todo en el último momento.
Y éste es quizá uno de los mayores peligros que corremos.

7- La revolución humanista.
El antídoto contra una existencia sin sentido y sin ley lo proporcionó el humanismo, un credo nuevo y revolucionario que conquistó el mundo durante los últimos siglos.

En la religión humanista, ¿qué es el bien y el mal, cómo se distingue lo correcto de lo incorrecto? La respuesta es que nuestros sentimientos mandan sobre esto, al igual que sobre los criterios de valor estético o creación artística.
Manda el libre albedrío del ciudadano-consumidor-votante.

Del Humanismo hay tres vertientes:
— Humanismo liberal: la visión personal de cada individuo es lo importante
— Humanismo socialista: la visión subjetiva de cada humano es importante, pero debe estar atento y tener en consideración la visión y sentimientos de los demás, y los efectos en otros de las acciones propias.
— Humanismo evolutivo: el conflicto es la materia prima de la selección natural, que impulsa la evolución, resultando que algunos humanos son simplemente superiores a otros, y cuando las experiencias humanas entran en colisión, los humanos más aptos deben arrollar a todos los demás.

A mediados del siglo XX tuvo gran éxito este último, a mediados parecí que el segundo podía vencer, pero a finales de ese siglo acabó ganando el primero. Y de momento no existe una alternativa seria al paquete liberal de “individualismo, derechos humanos, democracia y mercado libre”.

8- El laboratorio es una bomba de relojería.
Pero la ciencia desmonta que exista el libre albedrío: nuestro cerebro funciona con algoritmos bioquímicos y no son más que eso. Además las técnicas de manipulación dejan en entredicho que podamos tener sentimientos y deseos auténticos.

¿Tenemos opiniones y querencias auténticas o es todo fruto de la maquinaria bioquímica mental y sensorial?

Hay sesgos de mil clases, lo que nos dan una pista de que en realidad no podemos tener ideas auténticas. Y la neurociencia parece que también dice que eso del libre albedrío es una percepción subjetiva y una mera apariencia.

Además, ¿quién puede pretender que tomamos decisiones de forma racional y consciente? Porque parece ser una experiencia común entre los humanos que después de ponderar diversas opciones a elegir sobre cualquier asunto, es muy frecuente que la decisión se tome de forma casi accidental e impulsiva en el último momento.

Cuando aceptemos que esto del libre albedrío es muy discutible necesitaremos un paquete totalmente nuevo de creencias religiosas e instituciones políticas que sustituyan al humanismo.

9- La gran desconexión.
A nuestros asistentes virtuales les pedimos acciones. Cada vez nos conocerán mejor porque leen nuestro correo y mensajes, ven nuestro pulso y tensión, tendrán desglosado nuestro ADN, saben dónde y con quien estamos en cada momento así como el efecto que cada situación produce en nosotros. Cuando sean más competentes, les pediremos consejo. Pero cuando nos conozcan mejor que nosotros mismos no hará falta que nos aconsejen, ya que tomarán decisiones por nosotros. Conocerán nuestros gustos y nos cargaran la película idónea en nuestro dispositivo. O detectarán que no estamos bien con nuestra pareja y se pondrán en contacto con los Siri o Cortana de otros humanos para buscarnos una nueva. Igual en la elección de carrera, en la búsqueda de trabajo o en la decisión de compra de cualquier producto: harán automáticamente lo que sea mejor para nosotros o incluso lo que hubiéramos elegido caso de no equivocarnos.

Salvo una élite de personas, los demás seremos una clase útil, pero de seres que en sí mismos no lo son para nada.
Cuando además tengamos implantes de mejora biológica ya no podremos desconectarnos: sería la muerte física.
Esto lo llama “el mundo post-liberal”.
Y con el voto, pasará lo mismo: podremos delegar en nuestro asistente que sabe mejor que nosotros lo que nos conviene.

De todas formas es probable que el tecno-humanismo que nos puede mejorar biológica y mentalmente, sólo ayude a la población mejor situada, con lo que se creará una brecha entre la población general y la una inevitable élite que siempre irá dos pasos por delante de los demás.

10- El océano de la conciencia.
Las nuevas tecnorreligiones pueden dividirse en dos clases principales: el tecnohumanismo y religión de los datos.
Estas religiones crearán al Homo Deus.

Ambas prometen todas las recompensas antiguas (felicidad, paz, prosperidad e incluso vida eterna), pero será aquí en la Tierra y con la ayuda de la tecnología, en lugar de después de la muerte y con la ayuda de seres celestiales.
El tecnohumanismo pretende mejorar la mente humana y darnos acceso a experiencias desconocidas. Pero mejorar la mente sin conocer muy bien cómo funciona no es ni fácil ni seguro.

Por otra parte, esta religión sacraliza que la voluntad y la experiencia humanas son el origen supremo de la autoridad y el sentido. Pero dejando claro que no es fácil identificar la auténtica voluntad de cada persona porque nuestra mente es a menudo una cacofonía de ruidos en conflicto. Y esto es una característica muy humana.

Esta religión puede llegar a pretender suplir esta imperfección mediante la mejora de los procesos mentales, pero en este caso ya no estaríamos hablando de la “voluntad humana” sino de otra cosa.

11- La religión de los datos.
Desde Darwin, las ciencias de la vida han acabado por ver a los organismos como algoritmos bioquímicos.
Por otra parte, los científicos informáticos han aprendido a producir algoritmos electrónicos cada vez más sofisticados.

El “dataísmo” une ambos hechos, y señala que las mismas leyes matemáticas se aplican tanto a los algoritmos bioquímicos como a los electrónicos. De esta manera, el dataísmo hace que la barrera entre animales y máquinas se desplome, y espera que los algoritmos electrónicos acaben por descifrar los algoritmos bioquímicos y los superen.
Incluyendo en esto a la mente humana.

La cultura tradicional suponía que los humanos destilaban los datos que percibían con sus sentidos para obtener información, destilaban esa información para obtener conocimiento, para acabar conduciendo a la sabiduría a la sabiduría.

Aunque el IOT (internet de las cosas) todavía está en pañales, con el gigantesco volumen de información que ya se produce en la actualidad no puede ser analizado por la mente humana. Sólo queda confiar ese análisis y la generación de conocimiento a la inteligencia artificial.

Las implicaciones de todo esto en el campo social y político son totalmente imprevisibles e incontroladas. Nuestras estructuras democráticas actuales no pueden recopilar y procesar los datos relevantes con la suficiente rapidez, y la mayoría de los votantes no conocen lo bastante bien la biología y la cibernética para formarse una opinión pertinente. De ahí que la política democrática tradicional pierda el control de los acontecimientos y no consiga proporcionarnos unas visiones de futuro significativas.

Precisamente porque la tecnología se mueve ahora tan deprisa, tanto parlamentos como dictadores están inundados por datos que no pueden procesar con suficiente rapidez. Los políticos de hoy en día piensan a una escala mucho más pequeña que sus predecesores de hace un siglo. En consecuencia, en los inicios del siglo XXI, la política está desprovista de visiones grandiosas y los gobiernos se han convertido en meros administradores que gestionan pero no dirigen.
En cierta medida, esto es muy bueno. Dado que algunas de las grandes visiones políticas del siglo XX condujeron a Auschwitz, Hiroshima y al Gran Salto Adelante, quizá estemos mejor en las manos de burócratas banales. Mezclar una tecnología propia de dioses con políticas megalómanas es una receta para el desastre.

El dataísmo no es ni liberal ni humanista. Ni tampoco tiene nada en contra de las experiencias humanas. Simplemente, no cree que sean intrínsecamente valiosas.

Como los organismos son algoritmos y la vida es procesamiento de datos, la inteligencia se desconecta de la conciencia. Algoritmos no conscientes pero inteligentísimos pronto podrían conocernos mejor que nosotros mismos.
No falta mucho hasta que nuestros asistentes personales, Alexias y Siris, con acceso a todos nuestros datos y nuestras comunicaciones, a nuestras variables biométricas y casi hasta nuestros pensamientos, puedan decidir por nosotros a qué restaurante ir, cuál es el ligue que más nos interesa para el finde, o qué votar en las próximas generales.

Pero la inteligencia artificial (IA), ¿puede realmente llegar a sustituir por completo y para todo a la mente humana?

Harari responde que quizá sí.
Pero plantea la posibilidad de que a lo largo de miles de años de evolución y selección natural los humanos hayamos adquirido algunas habilidades mentales que nos permitan una pequeña ventaja sobre las IA por muy avanzadas que puedan llegar a ser.

El libro acaba con tres preguntas de cuya respuesta va a depender nuestro próximo futuro.

  • ¿Son en verdad los organismos solo algoritmos y es en verdad la vida solo procesamiento de datos?
  • ¿Qué es más valioso: la inteligencia o la conciencia?
  • ¿Qué le ocurrirá a la sociedad, a la política y a la vida cotidiana cuando algoritmos no conscientes pero muy inteligentes nos conozcan mejor que nosotros mismos?

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Artículo reciente: https://elpais.com/internacional/2019/01/04/actualidad/1546602935_606381.html

Leí en una entrevista que Yuval Harari se lo ha montado bastante bien. https://elpais.com/elpais/2018/08/20/eps/1534781175_639404.html

Trabaja en una buena universidad en Tel Aviv, se dedica a investigar y a escribir, tiene un bonito despacho en un luminoso y céntrico ático con vistas, su suegra le lleva la administración y su marido es su manager y asistente factótum.

Son muy interesantes varias charlas que ha dado y que se pueden ver en la página ted.com.

Espero que siga pensando con claridad y nos ayude a entender qué somos, y a prever en lo posible lo que puede venir.

esendraga, marzo 2019

JAMES RHODES, el inglés tiquismiquis.

A estas alturas se supone que todo el mundo conoce aquí a este joven, a este personaje.

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Hace un par de años supe de él por primera vez en una entrevista, con ocasión de la publicación en España de su primer libro, “Instrumental”, y me pareció un tipo curioso.

Después de algunos artículos aparecidos en prensa, localicé su perfil de twitter y empecé a seguirlo.   https://twitter.com/JRhodesPianist .  Y su web es https://www.jamesrhodes.tv/

Me resultan interesantes muchos aspectos del personaje. Primero, lo terrible y dramático de su infancia sufriendo graves y muy frecuentes abusos con consecuencias físicas y psicológicas. Luego, la forma como relata el proceso, salpicado de intentos de suicidio, por el que se acabó  recuperando de los terribles efectos de las violaciones que padeció.

Pero al final algo de luz, de cómo el piano y la música clásica tuvieron un papel crucial en su salvación. Para él la música es su “lugar seguro”

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Desde hace como un año se ha afincado en España, vive en Madrid, pero parece que frecuenta Galicia, y suele recorrer muchas ciudades dando conciertos. Y acabo de encontrar en google que tiene una novia portuguesa, parece que es modelo, y que ahora vive con él.

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Generó bastante polémica un artículo suyo, publicado en El País, donde explicaba por qué le gusta España, que para él ha sido un descubrimiento nuestra forma de ser y que aquí todo es mejor, la gente, el país, la comida y muchas otras cosas que menciona.

Algunas críticas le vinieron de los anti-chauvinistas de siempre, y otras de los que le acusaban de buscar solamente congraciarse con los locales.

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Otro motivo de polémica es que consiguió que Pedro Sanchez le recibiera y asumiera un cierto compromiso de cambiar las leyes que penalizan los abusos sobre menores. Leí que también se reunió con dirigentes del PP y de ciudadanos. Como era de esperar, nuevas críticas: que por qué no se va a su tierra a cambiar las leyes, que por qué se mete donde no le llaman.

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Yo digo que si gracias a que es guiri y a que ahora es muy conocido acaba consiguiendo algo que los locales no hemos hecho con el fin de proteger a los menores, será de agradecer.

En twitter pone a veces cosas intranscendentes, como fotos desde el hotel donde esté, selfies en diferentes sitios, o vistas desde la ventanilla del tren. Hay que señalar que las fotos suelen ser bastante buenas, y las acompaña de comentarios admirativos sobre la ciudad o el paisaje.

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Está estudiando español y a veces comenta sobre palabras nuevas aprende, y que le sorprenden por su significado o por su sonoridad.

Una de las que le gustó es «tiquismiquis» y hasta se ha hecho una camiseta con ese letrero.

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Aquí en España, si alguien hace comentarios intrascendentes, nos parece inculto, superficial, o que sólo busca llamar la atención. Si hace comentarios sesudos, es un pretencioso intelectual y si se decanta por una u otra tendencia política puede ser un rojo totalitario o un odioso fascista.

Pues a él no parece importar ser intrascendente y cuando aprende o ve algo que le llama la atención, pues lo publica.

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James es inglés y a él le dan igual estas chorradas nuestras, que es que somos unos tiquismiquis. Si se come unos buenos churros madrileños lo escribe con sinceridad y admiración. Si el afinador de su piano nuevo le parece un tipo admirable, lo dice. Si encuentra una frase española que le hace gracia, lo comenta:

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Si la vecina le obsequia con un postre como agradecimiento a lo bien que toca el piano, pues lo expresa con cariño.

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Y en cualquier caso, diga lo que diga, siempre hay alguien que se mete con él. Pero suele ser medido en las respuestas y explica aquí su postura.

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Yo creo que toca bien, aunque no sé si como músico es un genio, un gran pianista o sólo es un concertista más, pero me parece ya una gran aportación si con su estilo particular y el enfoque que da a su arte consigue que alguien se acerque a la música clásica.

Hay dias en que al ensayar una pieza encuentra especialmente admirable algún pasaje. Pues en ese momento cuelga en twitter un trozo de video en que sus manos tocan ese fragmento.
¡Qué placer oirlo y que envidia me da! (De la sana, me refiero, porque de la otra no entiendo…)

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Como sabe que las gentes de algunas esquinas de la piel de toro valoran mucho los idiomas regional/nacional, a veces escribe tuits en alguna de esas lenguas. Otro motivo para que unos y otros se vuelvan a meter con él.

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Lo más feo es que algunos le critican diciendo que Rhodes hace todo esto para que se la haga «casito» o que le den «cariñito».  Pues supongo que todos los humanos hacemos todo lo que hacemos de cara a la galería por esos mismos motivos.

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A veces publica críticas sobre cosas que le parecen mal. Pero casi siempre pone un punto de duda, e incluso parece admitir que alguien pueda pensar diferente, lo que no es muy frecuente por estos pagos, la verdad.

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Es frecuente que haga referencia directa o indirecta a sus problemas pasados de salud mental, y a sus malos tiempos pasados. Aunque con un toque de humor.

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Creo deducir que cuando está sólo todavía tiene algunos momentos de bajón, pero espero y deseo que cada día este mejor.

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Y es frecuente que tenga un recuerdo y unas palabras de ánimo para los que no han superado crisis personales.

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Por todo lo que le oigo y le leo, me alegro de ver que está bien, que está contento y que nuestro entorno le gusta y en general le acepta, casi como uno más.
Así que le deseamos muchos éxitos en su precioso oficio, así como en su lucha por intentar eliminar o reducir el maltrato infantil. Y por supuesto en todo lo que se proponga.
esendraga, enero 2018.

LA NOTA DISCORDANTE

En sociedad, lo normal es que la gente nos comportemos de forma normal.
Si todos tocan de frente, se espera de nosotros que hagamos lo mismo. Pero siempre hay algún gracioso que toca de lado.

la nota discordante

A veces es un despistado, a veces un malasombra. Pero también puede ser alguien que no sabe o no puede tocar al mismo son. O que simplemente cree que suena mejor a su manera.

Pues, que sople como quiera mientras no obligue a nadie a cambiar su estilo o le meta la trompeta en la loreja al vecino.

En mi opinión, una de las diferencias entre una sociedad civilizada y otra no tanto es justamente esa posibilidad de no seguir la corriente, sin que eso represente un grave problema.

El bueno de Brassens decía:
“Non, les braves gents n’aiment pas que,
l’on suive une autre route qu’eux”.

Que Paco Ibáñez cantaba en español:
“No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe”.

Ahora, bajando a lo personal: yo sé que suelo soplar de lado e incluso patrás algunas veces, y que eso puede chirriar.

Y desde aquí agradezco a todos los que lo puedan haber sufrido, su comprensión.

Pero aunque todos toquen “tururú”, si me gusta más “tarará”, lo siento pero seguiré dando la nota discordante.

Feliz año a todos.

esendraga, enero 2019

MÁS GENES HACIA EL FUTURO

Hace casi un año escrbí sobre este asunto de mandar genes al futuro a base de tener descendencia, que en aquél caso era a través de un nieto.
https://esendraga.wordpress.com/2018/02/16/genes-hacia-el-futuro

Ahora, debido a un caso semejante, aunque con otros progenitores y en otro lugar, salen disparados más genes hacia el futuro, que en este caso van incorporados en una nieta.

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Siempre me ha llamado la atención que en inglés se usa la palabra «offspring» para significar «descendencia».
En traducción literal y un poco patatera, offspring sería, o bien «afuera muelle» o «primavera palante». En cualquiera de los dos casos, transmite un poco la sensación ésta de mandar algo hacia fuera o hacia el futuro. Y este algo son de momento personas pequeñitas, que irán creciendo. Pero en el fondo lo que hacemos es cumplir el mandato biológico universal de intentar que alguno de nuestros genes perviva.

No entiendo de fútbol, pero conozco aproximadamente el concepto de «patadón parriba»: se chuta fuerte hacia arriba y hacia adelante, con la esperanza de que la pelota caiga en un lugar y circunstancia en la que se pueda fraguar una jugada ventajosa y más conveniente.
Quizá esta idea es una tontería, pero me da la sensación que esto de mandar genes hacia el futuro es como dar patadón parriba a esos genes, que es lo único que tenemos que puede ser transmitido y sobrevivirnos de alguna manera.

El caso es que la ciencia parece que nos está tumbando algunos pre-juicios que teniamos sobre muchas cosas. Hace poco escribí sobre el dimorfismo sexual en humanos, ya que parece que finalmente es más determinanante en la diferenciación de la personas de ambos sexos la mera genética, que la influencia educativa y social. ( https://esendraga.wordpress.com/2018/11/30/es-la-biologia-estupido-dimorfismo-sexual-y-esas-cosas )

Bueno, pues los estudios y trabajos científicos que he visto sobre qué parte de la personalidad, la inteligencia o la sensibilidad de una persona depende de la genética y qué parte puede depender de la educación, da resultados que me sorprenden, porque parece que nuevamente es más relevante la genética que la influencia de los padres.

Y para no entrar en detalles, mencionaré sólo estudios sobre dos tipos de casos que parecen bastante convincentes.
Uno es el analisis de hijos adoptados al nacer, que ya mayores se comparan con sus padres biológicos y con los adoptivos. Pues resulta que en gran medida se parecen más a los biológicos que a los adoptivos, no ya físicamente, sino en capacidades, aptitudes, personalidad e incluiso ciertas actitudes. Lo cual da que pensar.

Como caso de estudio particular y muy revelador, están los que se hacen sobre hermanos gemelos univitelinos que fueron separados al nacer y criados por padres adoptivos diferentes sin contacto entre sí. Y en algunos casos incluso en continetes distantes.
Es sorprendente lo que se parecen en forma de ser y en intereses, pese a haber vivido en entornos familiares muy difererentes.
Entre los muchos casos que se han estudiado, hay un caso muy curioso de dos hermanas asiáticas, adoptadas, criada una en su país de origen, no recuerdo cuál, y la otra en el Reino Unido. Se llegaron a conocer por casualidad porque la criada en asia participó como atriz en una película que su hermana vió en Londres. Al ver una muchacha idéntica a ella, la buscó y finalmente se encontraton. Y resulta llamativo ver cómo se descubrían a sí mismas en la otra persona porque se parecían más entre si, que cada una a sus padres adoptivos..

Es evidente que no se puede fijar en un porcentaje la influencia que en cada uno de nosotros ha tenido la genética, los padres, el entorno familiar y el ambiente social en que nos hemos criado.
La ciencia nos puede dar una aproximación estadística de estas cosas, pero como las variaciones individuales son muy grandes, nunca sabremos si nuestra influencia será decisiva sobre un hijo/a o un nieto/a concreto.
En cualquier caso es probable que los padres influyamos sobre nuestra «offspring» quizá menos de lo que a veces nos pensamos. Pero también puede pasar que en un caso concreto seamos determinantes para su futuro…

Así que una vez los genes están ya fijados y sin posibilidad de cambio en el párvulo que tenemos delante, hay que seguir aplicando la vieja receta de cuidarlo bien, educarlo lo mejor que podamos y darle el mejor ejemplo del que seamos capaces, con un doble objetivo:
– Si el ejemplar ya viene con buena genética de fábrica, procurar no estropear el resultado.
– Si el pobre hubiera tenido poca suerte en esta lotería, será necesario apoyarle y ayudarle a superar sus posibles menores capacidades.

Pero lo más importante, intentar enseñarle a que sea felíz.
Si lo consigue, objetivo cumplido.
Y si más adelante le apetece dar patadón parriba y mandar sus genes hacia el futuro, pues bien.
Pero si no le parece buena idea y prefiere que sus genes, que de alguna manera son nuestros genes, no sean enviados hacia el porvenir, pues no pasa nada. Tampoco la humanidad se va a perder gran cosa por ello.

Nos deseo a todos mucha suerte con nuestras respectivas offspring.

esendraga, noviembre 2018.