NIRVANA I

Hace ya más de un año que no tengo trabajo remunerado.
Más bien al contrario, tengo remuneración, independientemente de que la actividad que desarrolle.
En estas condiciones puedo hacer cosas que hasta ahora hubieran sido difíciles.

Nirvana

Pues una de ellas es ir a diversas actividades en el gimnasio que hay justito al lado de mi casa. Una de ellas consiste en asistir a clases dirigidas de yoga, primera vez que me acerco a esta disciplina. Alguna gente conocida se muestra extrañada cuando digo que hago yo tales cosas, que están en el lado del sosiego y la meditación, porque se ve que más bien me consideran un tipo activo. Esto es que no me conocen bien.

Pero no quiero hablar de mí, sino de la clase propiamente y de su profesora.
Hasta hoy teníamos una profe más bien tirando a seca, poco empática y de simpatía reducida. Durante los ejercicios comentaba lo justo para darnos a entender la contorsión que en cada momento se requería. Cuando más complicada era la posición, más tiempo nos dejaba clavados en esa postura imposible.

Al decir esto se me acaba de ocurrir que voy a bajarme del interné, pirata of course, un manual de kamasutra de forma que quizá pueda sacar algo positivo de la práctica del yoga… Pero me estoy desviando, que es lo que tiene la meditación, que te lleva por caminos imprevistos y quizá indebidos, os pido perdón.

Además, yo que pensaba que el yoga tenía que ver con la harmonía me había quedado un poco frustrado porque, con la profe anterior, el paso de unas posturas o ejercicios a otros era como a trompicones, muy poco fluido.

El caso es que la dicha profe se ha marchado y hoy hemos tenido una nueva.
Vista de lejos y sin ponerme las gafas podría parecerse a la anterior. Pero, de cerca, mejora a su predecesora a ojos vistas. Es una joven como las de ahora, que casi todas tienen buen tipo, sobre todo las profes de gimnasia, pero ésta además, tiene cara simpática. Y además es puntual, cosa muy importante.
Y la mejora es mucho mayor en cuanto empieza la clase.

Como se suele, ha empezado con la conocida postura de meditación, todas sentadas con las piernas cruzadas, que veo en google que se llama postura flor de loto, qué bonitto.

Y por cierto que hablo en femenino porque la mayoría aplastante del alumnado son mujeres. Algún día he sido el único varón, pero como soy un poco queeer, no se nota casi.

Pues esta mañana, la joven, ha explicado detalladamente cómo es la colocación correcta para imitar el mencionado órgano de reproducción del famoso loto. Y cada uno de la treintena de practicantes que somos, dentro de nuestras respectivas posibilidades físicas, hacemos lo que podemos para imitarla. Por cierto que esta muchacha se dobla, se curva y se pliega como quiere, es superflexible.

Pero es que además, mientras respiramos pausadamente con los ojos cerrados, las manos apoyadas en las rodillas y los pulgares e índices haciendo un circulillo muy cuco, ella se paseaba entre todas y nos ha seguido hablando con una voz continua y serena, convincente y suave, amistosa y sin blandenguerías. Nos ha ido diciendo que estamos allí para crecer interiormente, para intentar armonizar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu. No he podido evitar una sonrisa con esto del espíritu.
Que nuestro tronco es como un árbol, decía, y nos pedía que imagináramos que de nuestros pies salen unas raíces que cada vez con más profundidad nos conectan y anclan a la tierra. La visión es interesante y sugerente pero a mí la realidad me xafa siempre las ensoñaciones: en este caso porque estamos en un primer piso, que queda encima de la piscina cubierta de la planta baja del gimnasio. Esto me ha estropeado un poco la metáfora, pero al instante he reconducido mi indómito pensamiento disperso y he vuelto a concentrarme en la voz de la profe.

Mientras tanto, los muslos ya me empezaban a crujir un poco de estar tanto rato en tensión con las piernas cruzadas, intentando que a cada respiración mi columna estuviera más recta y más estirada. Pero como con la anterior profe ya hacíamos la misma postura, estaba yo ya un poco entrenado y he aguantado como un jabato.

Otra cosa interesante que en esta fase nos ha contado es que no somos un árbol aislado porque estamos rodeados de otros árboles, y tenemos que visualizar cómo es nuestra relación con los otros elementos de este bosque imaginario.

Mientras tanto una música con aire indostánico, supongo yo porque se escuchaba un sitar al fondo, complementaba armónicamente sus palabras.

Yo de vez en cuando abría con disimulo un ojo para ver por dónde andaba la joven y para mirar el reloj que hay encima del espejo gigante que hay en el fondo. Y también para ver si mi tronco estaba recto y la cabeza no se me caía hacia alguno de los lados: la postura no era muy garrida, pero para un sesentón bajito que no ha hecho ejercicio físico durante el último medio siglo, al menos se me antojaba honorable.

Me ha encantado que esta parte ha terminado con elevación de brazos, como ramas de árboles que, girando ora en un sentido, ora en el otro, han reafirmado la ilusión de que éramos un bosque. Sobre todo cuando mi rama izquierda chocaba en alguno de los giros con la derecha de mi amiga Tere que como árbol vecino estaba plantada en la colchoneta de al lado.

No quiero cansaros describiendo ‘el perro boca abajo’, ni ‘la cobra’, ni ‘la tabla’, ni ‘el barco’, pero esta chica las hacía todas de maravilla.

Por cierto que en las posturas más incómodas cuando ya la situación se ponía difícil de sostener para nosotros los mortales, esta profesora nos indicaba con ánimo: “dos respiraciones más”. Todo un detalle que te permite hacer un esfuerzo y aguantar hasta el final.

Bueno, tampoco quiero aburriros ni con ‘el guerrero 1’, ni con ‘el guerrero 2’.
Por cierto que cuando hacemos lo del guerrero, aquí sí que me siento más identificado que con ‘el loto’ o con el ‘aliento del viento’, pero esto es una cuestión de autopercepción: al hacer estas posturas, me miro de frente al espejo y procuro hacer el ejercicio todo lo potente que puedo, ¡qué bella estampa!
Y me estoy refiriendo a mi figura, por supuesto, que no a la de la profesora.

De posturas sólo diré que mi preferida es la de relajación, tumbado boca arriba. Aunque nos ha explicado que ésta no es una postura para descansar o dormir, sino que nos permite tomar conciencia de nuestro contacto con la tierra y con la naturaleza y meditar en consecuencia. Aún así, me gusta esa postura, sobre todo después de hacer ‘la plancha invertida’. O cuando acabamos de hacer ‘el puente’, mayormente si es especialmente largo.

Durante la hora entera nos ha estado hablando, con ese tono tan agradable, dando sentido a cada uno de los ejercicios.

A pesar de lo gentil de la clase y de la agradable profesora, aunque no han pasado más que unas horas ya empiezo a notar las agujetas en varios de mis músculos, algunos de los cuales no me habían sido presentados hasta hoy, pero con los que intuyo me va a unir una gran amistad en las semanas venideras.

Los que me conocéis, sé que no pensaréis mal de mí por lo que voy a decir.
Y los que no, por favor no lo hagáis, porque os equivocaríais.

Tengo ganas de que llegue el martes próximo a las 09:30, en la sala 03.

esendraga, mayo 2019

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