DEMOCRACIA PARTICIPATIVA, una crítica y una propuesta.

Desde un tiempo a esta parte parece que algunos partidos políticos recurren a lo que finamente llaman “consultar a las bases”.

Podemos lo ha hecho varias veces ante decisiones importantes como lo del chalé de la pareja dirigente.

La CUP lo hizo ya hace tiempo para ver si se tragaban a Mas o querían un recambio.

El PSOE lo hizo cuando el lio de si Pedro Sanchez sí, o no.

Ciudadanos lo ha hecho de una manera indirecta hace poco, pero que en el fondo es lo mismo: han consultado las encuestas y han decidido lo que más gente apoyaba. Bueno esto es lo que han dicho sus oponentes, pero lo damos por válido.

¿Todo esto qué significa?
En mi opinión, está bien claro que a casi nadie nos gusta la democracia representativa al estilo de las actuales, en las que entre todos elegimos de cuando en cuando a una serie de políticos, que una vez al mando tienen autonomía para decidir lo que consideren más oportuno. Y entre las posibles decisiones están la de mantener o cambiar leyes que les permiten seguir disfrutando de privilegios.

Este tipo de democracia me parece una evolución civilizada del antiguo sistema del jefe de grupo o del caudillo, donde el más fuerte, el más hábil o el más bruto se hacía con el poder. Mientras otro más burro no le destrone, puede hacer lo que le dé la gana. Reconociendo que hemos evolucionado y que la pelea suele ser incruenta y hay papeletas y todo el mundo puede participar y opinar, el avance no parece suficiente, ya que seguimos “delegando” en otros, todas las decisiones sobre la cosa pública.

Todo esto no parece dar buenos resultados en general, y el sistema sólo funciona aceptablemente si se cumplen una serie de condiciones. Creo que serían estas, que en la actualidad se cumplen muy deficientemente:

  • Que el diseño del sistema electoral dé unos resultados razonables que reflejan lo votado por la población.
  • Que haya una presión efectiva para que los elegidos cumplan sus programas electorales.
  • Que haya separación de poderes y muchos sistemas de control que funcionen bien.
  • Y que la prensa, el cuarto poder, haga su papel.

 

PROPUESTA

Tenemos que inventar un sistema sin políticos, en el que los ciudadanos nos representemos a nosotros mismos, lo que vendría a ser una democracia directa.

Las bases para tal sistema tendrían que ser por ejemplo las siguientes:

– Cada ciudadano se ha de poder representar a sí mismo, y debe poder participar en la toma de decisiones personalmente.

– Si algún ciudadano por falta de tiempo o de ganas prefiere que otro lo represente, igual que en las reuniones de vecinos, puede delegar temporalmente su voto en otros, aunque esa delegación puede ser anulada en cualquier momento.

– No ha de haber políticos que vivan del presupuesto colectivo. La primera idea general es que un cuerpo de funcionarios profesionales ejecute las decisiones de los ciudadanos.

– Que cada individuo pueda votar con su DNI electrónico las diversas leyes y actos de gobierno. Y habrá que discutir si el voto tendría que ser obligatorio o no.

– Que existan unos foros oficiales (aunque libres) de una “web o red social”  política, lire y gratuita, donde se publiquen las diferentes propuestas. Estas propuestas pasarían por una pre-votación donde se reducirían a unas pocas, que son las que finalmente se votarían.

Esto así planteado es demasiado genérico y llevaría quizás a una dispersión de opiniones y criterios que lo haría inviable. Parece lógico que los ciudadanos se agrupen en función de sus ideas o de sus intereses en torno a una especie de “partidos”, que serían unas agrupaciones libres de opinadores.

En principio, cada ciudadano podría formar su propio “partido” en esa web pública, que en función del apoyo recibido por otros se mantendría, progresaría o acabaría cancelándose por falta de suficientes “me gusta”.

Estos grupos no tendrían ningún poder en sí mismos y no recibirían más subvención o ayuda que el derecho a tener su foro correspondiente en la web donde realizar sus propuestas y aunar criterios. En este sentido, quizás se debería tener el derecho a usar salas públicas de reunión, por turnos, para realizar debates y foros de discusión. El medio de comunicación pública y discusión sería siempre la web política gratuita, y estaría prohibida cualquier propaganda fuera de estos canales oficiales.

Se habrían de establecer una serie de calendarios para la presentación de propuestas, de forma que pudieran ser discutidas, y también para la concreción de un cierto número de alternativas.

Llegado el momento de votar, cada particular lo haría de dos posibles maneras:

  • Bien votando personalmente en cada uno de los asuntos que se fueran a decidir con su propio criterio, lo que requiere más trabajo y esfuerzo personal,
  • O bien suscribiéndose a los criterios de alguno de esos “partidos” o grupos de opinión, que previamente habría publicado.

Creo que se tendría que votar todo: desde las constituciones hasta las leyes pasando por decretos de todo tipo. En un ámbito local, creo que se tendría que votar incluso cosas como el modelo de las nuevas farolas que se hayan de poner en las calles, debiendo ser públicos todos los datos relativos, como su coste, consumos, plazos de entrega, y la empresa que las va a poner.

Tendría que haber votaciones en diversos ámbitos, desde europeas a locales. Pero seguramente también habría otros niveles de decisión intermedios de los que habría que determinar su necesidad.

En este sistema quizá utópico, ¿qué problemas pueden aparecer que acaben anulando sus teóricas ventajas? De entrada se me ocurren varios, aunque seguro que hay más. Será necesario por tanto prever mecanismos que anularan o compensasen estos problemas. Estos son los que se me ocurren en esta primera aproximación:

– Que al ser el voto directo se puedan tomar decisiones poco meditadas o extremas. Este problema es seguramente irrelevante porque los políticos actuales llevan años tomando decisiones totalmente erróneas, de forma que no podría ser peor.

– Que por algún motivo esos funcionarios, que habrían de ser meramente ejecutores, acaben tomando relevancia y terminen como un poder efectivo y no controlado por la ciudadanía. Hay que pensar muy bien cómo habría de funcionar esta alta administración.

– Que la mayoría de los ciudadanos decidan delegar siempre su voto en las agrupaciones mayoritarias, de manera que se acabe en una especie de bipartidismo. Mientras este sistema político tuviera un bajo coste, y ningún otro problema añadido, quizá no sería  peor que ahora.

– Que la opinión de los votantes se pudiera verse excesivamente influida por algunos medios de comunicación. Esto es algo que en la actualidad ya sucede, pero no acabo de vislumbrar si podría ser peor o no.

Esto es sólo un primer esquema, que habría de ser revisado y completado, antes de poder entrar a su diseño en detalle. No se si puede valer para algo.

Menos mal que pensar y escribir en un blog es prácticamente gratis.

esendraga, mayo 2018
(edicion y ampliación de un post antiguo)

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¡APROVECHEMOS!

Tarde larga de  primavera.

Tarde larga de primavera

Por levante el cielo mantiene su color azul, durante bastante rato mientras el sol va cayendo por el otro lado.
La luces artificiales de la ciudad empiezan a aparecer, pero la oscuridad invade poco a poco la habitación.

¡NO enciendas todavía!

Es el instante mágico en que el dia se muere, para dar paso a la noche.
Retrasar un poco más ese momento del tránsito y disfrutarlo produce cierto placer, quieto, sosegado.
Es necesario aprovechar este espacio, en que las sombras no han vencido todavía, para  revisar qué hemos hecho con ese lienzo en blanco que se nos dio al amanecer.

Quizá no hemos pintado nada memorable. Quizá son sólo borrones.
Pero si hemos dejado entre los grises unos pocos colores con una cierta harmonía, y el conjunto nos deja la sensación de haber vivido, es que no hemos perdido este dia.

Si la pintura apenas está empezada, o si los claroscuros nos dejan un vacío, lavémonos la cara con agua fresca y encendamos todas las luces. Todavía quedan unas horas para ser vividas, para hacer que el lienzo tenga, al menos, una última esquina bien conseguida.

Hablar con alguien, querer a alguien.
Pero aunque no tengamos con quién hablar, siempre se puede arreglar la jornada leyendo un buen libro; si lo masticamos con atención y conseguimos que nuevas ideas queden en nosotros, o si llegamos hacer nuestras las vivencias de otros podremos decirnos a nosotros mismos que no hemos perdido el dia, cuando a su final el telón caiga tras nuestros párpados.

¡Aprovechemos!

esendraga

 

IN EXTREMIS

Sólo si lo habéis vivido, sabréis de qué hablo.

Me refiero a esa sensación que se tiene cuando parece que todo está perdido, cuando percibes que el final es inmediato, que ese final es definitivo y, que además es inevitable. Entonces entramos en modo “In extremis”

Cuando llega ese momento dejas de ver y de oír todo lo que te rodea, aunque en realidad tus sentidos son más agudos de lo que jamás fueron. Pero sólo perciben aquello que nuestro piloto automático interior considera que es una posibilidad de salvación. Y todo eso sin avisar al control central de nuestra conciencia, que en estos casos límite no aporta gran cosa a lo único que importa: salvarse uno mismo.

In extremis

La catástrofe que percibíamos bajo nuestros pies nos había puesto en ese estado semiautomático, modo “In Extremis”, y por eso ni recuerdo cómo entramos en el Prometeo, ni cómo conseguimos arrancar, ni tampoco qué hicimos exactamente para conseguir alejarnos a tiempo  de aquel infierno de lava y gases incandescentes.

Había pasado bastante rato desde el despegue cuando tomé conciencia. Estábamos a salvo, por lo menos, de momento. Y entonces fue cuando noté ese conocido sabor amargo en la garganta y la boca muy seca. Esto y esa amnesia parcial son la resaca habitual por haber estado un rato en modo salvación In Extremis.

Y sólo entonces empecé a notar los casi 3G que, por la aceleración, aún me aplastaban contra la colchoneta. Y también noté como si alguien estuviera subiendo poco a poco el volumen del sonido ambiente poco a poco, de forma que empecé a oír el rugido  agrio de los motores. Miré dentro de la cabina y ví que todavía nos llegaba por la escotilla el resplandor de la explosión de la que nos acabábamos de librar.

Volví a cerrar los ojos. Hacía calor y me dolía la garganta. Intenté tragar saliva.

Cuando finalmente, con esfuerzo, pude incorporarme, miré hacia abajo: la masa incandescente de la que habíamos partido se alejaba cada vez más.

Incliné la cabeza y cerré los ojos. Cuando me cubrí la cara con las manos, noté que las tenía heladas.

esendraga

PATROCINIO, LA NUEVA COMPAÑERA (Aunque quiere que la llamemos Paty)

(Este cuentecillo iba a publicarlo el viernes, pero lo adelanto a hoy, dia 2 de mayo, que resulta ser el dia mundial contra el acoso/bullying)

 

Cuando Reme y yo hacíamos tercero de primaria, llevábamos más de una semana de curso cuando apareció una niña nueva en clase. La profe nos dijo que se llamaba Paty.

bullying c

Al salir al recreo, nosotras nos pusimos a jugar a la goma, como siempre, pero como a la nueva la vimos sola en un rincón nos acercamos a ver qué contaba. Le preguntamos pero no le pudimos sacar casi nada. La verdad es que hablaba con un acento que nos pareció un poco raro, pero estuvimos con ella un rato. Al final queríamos volver a la goma, la invitamos, pero nos dijo que no le apetecía y nos olvidamos de ella.

Al volver a clase, la seño pidió a Paty que saliera a la pizarra y nos contara algo de ella. Dijo que era de un pueblo y sus padres habían venido a la ciudad para quedarse. La profe le hizo algunas preguntas. Su padre conducía un camión y la empresa había abierto un garaje aquí, así que se habían venido a vivir. Que ella prefería el pueblo, donde sólo había 18 niños y que en la escuela estaban todos en la misma clase, grandes y pequeños. Y que ella se lo pasaba muy bien allí. Que su casa de aquí era muy pequeña, y poco más contó. La verdad es que con su acento raro y todo, cogió confianza y se explicaba bien. Bueno pues ya sabíamos quién era Paty.

Pero por la tarde vino la profe de plástica, y al dirigirse a Paty, miró su nombre en la lista y la llamó Patrocinio Fernández.

¿¿Patrocinio?? Creo que yo empecé a reírme y toda la clase después. La tal Patrocinio se puso colorada y escondió la cara entre las manos. Toda la tarde nos seguimos riendo y mirándonos con cara divertida burlándonos de ella.

A la nueva la habían puesto en una mesa libre justo delante de mi amiga Reme, mi mejor amiga. Y cuando la profe no miraba le decía a Patrocinio desde atrás, cosas sobre su nombre en voz baja, que si Patro, que si Cini, o Trocini, y todas las tonterías que se le ocurrieron, porque el nombre tenía gracia.

Al acabar la clase, la nueva se largó corriendo y ya no tuvimos esa tarde oportunidad de más diversión. Reme y yo quedamos que a la mañana siguiente nos lo íbamos a pasar bien con Patrocinio.

Esa tarde mientras poníamos la mesa para la cena pregunté a mi padre qué significaba patrocinio. Y él, que de reojo estaba mirando el fútbol en la tele, me señaló un futbolista y me preguntó que qué ponía en su camiseta. Hace casi 20 años, pero me acuerdo perfectamente que ponía “Líneas Aéreas de Syldavia”.

  • Papá, ¿qué es Syldavia?
  • Es un país. Pues la compañía de aviones de ese país paga a esos futbolistas para que lleven el anuncio de su marca en la camiseta, y eso es patrocinar al equipo. Lo mismo pasa con Adidas y con todas esas marcas que hacen patrocinio de los tenistas, o los motoristas.
  • Papá, tú también llevas la marca del chándal, ¿a ti te patrocinan?
  • No eso es sólo a los famosos. ¿Dónde has oído esto del patrocinio?

En ese momento metieron un gol, y mi padre se puso tan contento que se olvidó de la pregunta en ese momento. Luego empezamos a cenar y ya no hablamos del tema.

Al día siguiente, antes de clase le conté a Reme qué era eso de patrocinio, y todavía nos duraba la risa cuando formamos para entrar.

La profe la volvió a llamar “Paty” y yo levanté la mano y dije: “Seño, no se llama Paty, se llama Patrocinio”. Y toda la clase nos volvimos a reír.

La seño me echó un sermón de que no nos teníamos que reír de una compañera y no sé qué más cosas, pero con la risa y el nerviosismo no me enteré bien de qué me quería decir.

Durante la clase todos nos mirábamos a escondidas con el cachondeo de que el nombre de verdad era mucho mejor, pero mucho mejor que ese de mentiras que le habían puesto, Paty.
Además, Patrocinio parecía nombre de chico: el patrocinio. ¿Cómo le habían puesto como nombre eso de pagar a los famosos por llevar una marca en la camiseta o en las zapatillas?

Después del timbre, pero antes de salir al recreo, la profesora llamó a Patrocinio a su mesa y mientras tanto, me acerqué a las perchas y con tiza pinté lo primero que se me ocurrió en la espalda de su anorak, que era como marrón oscuro: pinté una cara de gato.

Cuando salió al recreo, todos la estábamos esperando: ¡Patrocinio, Patrocinio! Gritábamos todos. Y cuando pasaba y los demás veían la cara de gato se partían de risa a sus espaldas.

Se iba a ir corriendo, pero Reme y yo la retuvimos. “Oye a ti quien te paga, ¿el gato?” y nos reíamos de su cara, que era de susto, de desconcierto y de vergüenza. Al final se dio cuenta de que la miraban por detrás. Se quitó la chaqueta, vió el gato y se puso a llorar. La limpió en la fuente como pudo, mientras nosotras nos olvidamos de ella y nos fuimos al rincón de la goma.

A la vuelta por la tarde, mientras formábamos para entrar, vimos a la nueva con una señora bajita y regordeta, hablando con la profe, pero lejos de la fila. La señora debía ser su madre. Pero después de hablar un rato las tres, Patrocinio se fue con ella y no vino a clase. Todo fue normal esa tarde.
Esa noche, fue raro porque durante la cena la tele estaba apagada, pero como a esas horas no hacían nada que me interesase, no dije nada

Empezó normal, y al cabo de un rato mi madre me preguntó qué tal el cole, si lo pasaba bien, si me divertía. Mi padre esperaba también muy atento, y parecían especialmente interesados en mi respuesta. Les conté que nos lo pasábamos bomba, que había venido una nueva, que era de pueblo, y que se llamaba Patrocinio, y que nos habíamos divertido mucho con su nombre.

Les conté que yo le había dibujado la marca del gato en el anorak y que nos habíamos reído mucho hasta que se dio cuenta. Y todos le decíamos que a Patrocinio la patrocinaba el gato. Y que luego ella, se había borrado el dibujo en la fuente del patio.

Mi padre preguntó si la nueva también se divertía con lo de su nombre. Dije que no, que ella quería que la llamaran Paty, y que le daba mucha rabia lo de Patrocinio, pero es que a nosotros nos gustaba más éste, que era su nombre de verdad.

Entonces se puso serio y me preguntó mi nombre.

  • ¿Qué, no lo sabes?, pues me lo pusiste tú.
  • Si, Estela, pero ¿sabes qué significa?
  • Pues Estela no es nada, es mi nombre- Respondí- Y bien bonito.
  • Estela es lo que uno deja a su paso.
  • ¿?
  • Como un barco que deja unas onditas en el agua una vez ha pasado. O como tu primo Luiso, el verano pasado que iba dejando una estela de olor a sudor que no se podía aguantar, ¿te acuerdas?

Esto ya no me gustaba. Mi madre dijo:

  • Te podríamos llamar “Estela de Olor a Sudor”, qudaría bien, ¿Eh?

E hizo un gesto con las manos como describiendo un gran letrero luminoso donde estuviera escrito…

  • ¿Qué dice Paty cuando la llamáis Patrocinio?
  • Se enfada, nos quiere pegar, pero como somos muchos, no puede. Esta mañana se ha ido llorando y esta tarde no ha venido.
  • O sea, señorita “Estela de Peste a Sudor”, que a Patrocinio no le gusta ese nombre… Mira se me ocurre que como Reme es de Remedios y remedios son soluciones y también significa medicinas, vamos a llamar a tu mejor amiga Aspirina, o mejor señorita Aspi.

Y mi padre remachó:

  • Eso, ahora cuando la llames por teléfono, como todas las tardes, vas y le dices a su madre que quieres hablar con tu amiga Aspi.

No recuerdo exactamente qué siguió a esto, pero sí que acabé llorando y también recuerdo que no vinieron a consolarme cariñosamente como otras veces que había llorado por otros motivos. Me sentí un poco abandonada.

Luego me pidieron que llamara a Reme para contarle el asunto y preguntarle cómo le había ido. Ya sabéis que Reme es mi amiga desde siempre, desde antes de que tenga recuerdos. No estaba llorando pero se notaba que estaba un poco rara. Seguro que su madre le habría dado una riña parecida. No hablamos casi nada y colgamos.

Al día siguiente, antes de formar, vimos a Paty en un rincón, intentando pasar desapercibida. No le dijimos nada.
Durante la clase, tampoco nadie dijo nada sobre el nombre, pero al salir al patio, Toño con sus tres seguidores de siempre, se me acercó intentando pincharme para que montáramos un número divertido a costa de la nueva. Le dije que a Paty la teníamos que dejar en paz. Como se puso un poco pesado le dije que si me daba la lata con lo de Paty, que le empezaría a llamar a él por su apellido, que era también estupendo para reírnos un rato, se llamaba Antonio Tos. Sus amigos actualizaron el asunto de la tos, porque lo de ToniTos sonaba bien…

Empezaron a pelearse entre ellos, que parece era uno de sus pasatiempos favoritos, y enseguida se olvidaron de nosotras.

En el recreo, Paty volvió a su rincón. Nos acercamos y ella se puso a la defensiva. Yo le dije que nosotras ya no la íbamos a llamar por el nombre largo, sino Paty. Y nos fuimos a lo nuestro.

Los siguientes días, pasada la diversión inicial ya no le hicimos mucho caso. Y ella se mantenía apartada porque todavía no estaba segura de que no nos fuéramos a cachondear de ella.

A la semana siguiente, un día se puso mala Reme, de forma que nos faltaba una para jugar a la goma y estaba yo un poco aburrida. Al Toni Tos y sus amigos les había dado por hacer el burro y no se podía jugar con ellos. Y el resto tenía cada uno su grupito. Nos faltaba una compañera para jugar, así que me acerqué a Paty que seguía en su rincón y le pregunté que si quería venir. No parecía muy convencida. Pero le insistí y dijo que vale, de forma que se puso a sujetar la goma.

Cuando le tocó, dijo que no, que se quedaba sujetando. Y así acabó el patio.

Pero al entrar en clase le pregunté, si sabía jugar: dijo un sí flojito, pero puso cara de que no.

Al día siguiente lo comenté con Reme, que ya se había puesto buena, y en el patio nos fuimos a su rincón con la goma. Después de darle la lata, acabó confesando que en el pueblo jugaban a otras cosas. Así que le enseñamos. Y para nosotras resultó fatal, porque a pesar de que era más bajita que Reme y que yo saltaba mucho más, y una vez se aprendió los movimientos, siempre duraba más.

Esa tarde vino mi madre a por mí, y me vio que yo salía hablando con Paty.

  • Mira Mamá, esta es Paty.

Y enseguida vi a la señora bajita, que se acercó. Total que se presentaron y mi madre invitó a Paty a que viniera a casa a jugar y a merendar el viernes por la tarde, que no teníamos extraescolares. Ella miró a su madre y quedaron en que sí.

Ese viernes, después de merendar fue cuando las tres nos metimos en mi cuarto y sacamos el estuche de pinturas que se había dejado mi tía hacía ya no sé cuánto tiempo. Y cuando ya estábamos de colorete, de pintalabios y de sombra de ojos hasta las cejas, apareció mi madre.
Fue entonces, mientras nos limpiaba con toallitas húmedas, de esas que gastaba ella por las noches, cuando nos dijo aquello de: “Menudas joyitas estáis hechas las tres, ¡unas joyitas!”. Y fue entonces cuando tomamos el nombre de las “Joyitas”, aunque luego, cuando empezamos a salir con chicos, lo cambiamos por “Las Joyas”.

Las más temibles del barrio. No os engaño si os digo que había compañeros que se apartaban de nuestro alcance cuando aparecíamos en cualquier sitio.

La primera actuación del trío fue ese mismo lunes, cuando Toño y sus amigos se cansaron de pelearse entre ellos y se quedaron sin nada interesante que hacer. Así que quisieron recuperar algo de diversión con el tema Patrocinio. Sin ponernos de acuerdo las tres Joyitas nos pusimos en formación, Reme y yo delante y Paty justo detrás, en el centro, como guardándonos las espaldas. Nos debimos poner tan serias y guerreras que los tres bobos aquellos pensaron que una pelea con nosotras no era buena idea y que era mejor largarse a la otra punta de patio y dedicarse a otra cosa.

Resulta que meterse con alguien sólo es divertido si haces peña con otros. En este caso había sido yo la promotora el primer dia, de forma que como Reme y yo estábamos en contra no podían contar para esa juerga, así que al cabo de unos dias en el cole ya nadie se acordó del nombre tan raro de nuestra nueva amiga. Que yo sepa, nadie volvió a llamar a Paty por su verdadero nombre completo.

Bueno, salvo yo un día en que nos peleamos por un chico, siendo todavía unas crías.
Estábamos las dos discutiendo y bien cabreadas, cuando le dije “¡Tú te callas, Patrocinio!”.

Le produjo tal impresión que de repente se quedó parada, inmóvil. Bajó la mirada, se dio la vuelta y me dejó plantada, con mi cabreo encendido y la palabra en la boca.
Nos costó mucho tiempo y esfuerzo recomponer la relación, todo el tercer trimestre de aquél curso. En que por cierto, estuve a punto de tener que repetir.

Pero antes del verano conseguimos confianza otra vez.

Y Paty se fue haciendo mayor y evolucionó. Y maduró seguramente más que nosotras.

Tanto cambió que el primer día de instituto, al ser peguntada por su nombre, contestó con la mayor naturalidad: “Patrocinio Fernández”.
Nos quedamos a cuadros, ¿qué le había pasado que era ella misma quien lo decía?
Y luego con una sonrisa añadió: “Pero todos el mundo me llama Paty”
Y nos miró de reojo con un guiño.

esendraga, 2 de mayo 2018.
Dia contra el Bullying.