DESCONEXIÓN

Son las 23:47 de mi último día laboral en el grupo. Estoy como pensativo.

Esta mañana he firmado los papeles, y me ha sonado a algo parecido a lo que supongo tiene que ser un divorcio; menos mal que en este caso el trato es que me toca a mí cobrar una pensión durante un tiempo, y no es al revés.
Por una parte está el alivio de terminar con el cierre de un proceso anunciado hace unos meses, y por otra la doble preocupación de si me habré dejado algún fleco poco amarrado y por otra, la de cómo va a ser la nueva situación personal.

Estoy mirando la pantalla para ver cómo se materializa la desconexión de sistemas que se supone será dentro de 11 minutos.

Respecto al trato firmado, espero sea bueno, porque tampoco he tenido muchas opciones a elegir o cambiar algo. Y respecto a la vida futura, ya vendrá. Más exactamente mañana será el primer día del futuro. Si. Será mañana porque sólo quedan 9 minutos del día presente.

Cuando vas de viaje, en un viaje de esos organizado por una agencia en el que se junta gente de diverso origen, edad y condición, para compartir obligatoriamente unos días recorriendo un país más o menos extraño, es curioso cómo desde el primer momento, se van tejiendo inicios de relaciones. Unas veces por proximidad meramente casual en la cola del aeropuerto o en el asiento del autobús. Después de un tiempo, sin darnos cuenta nos vamos fijando unos en otros intentando descubrir actitudes, miradas o comentarios que nos permitan saber si puede haber una cierta afinidad. Durante el viaje estas relaciones temporales, se van tejiendo y disolviendo. Algunas de ellas se mantienen al acabar el viaje y otras se pierden en el olvido.

En este caso quedan 5 minutos de mi viaje laboral, un poco largo por cierto, que ha tenido muchas estaciones y muchos compañeros. Y en el recorrido se han formado unas cuantas relaciones, unas forzosas por proximidad en el trabajo y otras por afinidad. De todas ellas, algunas se van a evaporar espontáneamente en 3 minutos y otras seguirán al menos durante un tiempo.

estelas

Siempre y en todas partes se conoce a gente valiosa; valiosa por sí misma y por lo que aporta a la relación. Vamos circulando en paralelo con nuestros coetáneos, vamos dejando estelas en el agua, que a veces se tocan pero que tarde o temprano han de desvanecerse porque les leyes de la física son así.

Si seguimos en contacto después de la desconexión, -faltan 2 minutos-, será estupendo. Pero si la relación se acaba aflojando, siempre nos quedará el recuerdo, que al final es lo único que queda de todo lo que vemos, sufrimos o disfrutamos en los viajes.

Casi van a dar las 12 y estoy mirando la pantalla del portátil a ver si pasa algo.
Las 00:01. ¿? ¿Nada? ¿NO pasa nada?
Vaya chasco. No sé qué me había imaginado, ¿Que iba a caer muerta la mariposa del escritorio Windows?

Me voy a la cama, mañana será otro día. Además, empiezo a notar síntomas como de gripe incipiente, así que está decidido: pasaré los primeros días de despreocupación laboral en cama y con fiebre. No hay vuelta atrás. Los malos tragos pasarlos pronto.

Y la misma vida, la única vida que voy a tener va a seguir aunque, como todas, nunca se sabe lo que va a durar, pero que hay que aprovechar, día a día, momento a momento. Y disfrutar de la compañía de los compañeros que en cada momento podamos tener al lado.

esendraga

23 enero 2018

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