Cuando ya no harán falta traductores

Dedicado a la joven empresa http://www.transendra.com

Reflexión surgida a raíz del artículo (redirigido desde un twit de @transendra) de título “Por qué la traducción importa” (http://enlalunadebabel.com/2013/09/30/por-que-la-traduccion-importa-2/). En este artículo, se exponen y explican varias de las razones por las que es necesaria la traducción, y hasta qué punto la humanidad depende de ella para su buen funcionamiento (no es cuestión ahora de discutir sobre si la humanidad funciona bien o si ni siquiera “funciona”).

Volviendo a los motivos por los que la traducción es muy importante, se argumentan diversas razones que van desde que la traducción salva vidas, hasta asegurar que ayuda a promover la economía y a mantener la paz en el mundo. Realmente, todas esas razones son ciertas.

Pero dándole la vuelta al argumento, es de Perogrullo decir que esos problemas de entendimiento entre personas, que la traducción muy convenientemente ayuda a paliar, se deben al hecho de la existencia de diferentes idiomas. Entonces, si la existencia de diferentes idiomas produce tantos problemas, hemos de inferir que esa dificultad para entendernos es algo negativo y posiblemente una de las lacras de la humanidad.

Esa dificultad de entendimiento tiene su origen en el aislamiento histórico de diversos grupos humanos que desarrollaron, o evolucionaron, sus hablas de forma diferente. Ese aislamiento era natural e inevitable cuando se debía a accidentes geográficos o a largas distancias que pocos podían o se atrevían a cruzar, pero en una fase más avanzada de la evolución social, dicho aislamiento de los diversos grupos lingüísticos acabó siendo, y sigue siendo todavía, provocado y mantenido de forma intencionada por sus jefes y hechiceros (léase políticos y mediadores divinos), que en general prefieren mantener a sus súbditos y/o fieles tan aislados, ignorantes y controlables como les sea posible.

A todos y cada uno nos agrada nuestro propio idioma y nos da seguridad comunicarnos con nuestros iguales en él. Además lo tenemos como algo propio porque gracias a él, y a cómo está asentado en nuestra cabeza, podemos entender lo que nos rodea, hacer abstracciones e incluso dar concreción a nuestros sentimientos más profundos; en suma, nos hemos hecho humanos con él y gracias a él.

Este fuerte sentido de pertenencia mutuo hacia nuestro idioma materno es algo que resulta natural e inevitable, pero siendo adultos y razonables debemos mantenerlo bajo control, y darnos cuenta de que los diferentes idiomas que cada uno amamos son una herencia del pasado.

No hemos evolucionado demasiado, porque seguimos en la aldea, pero ahora esa aldea es global y parece bastante retrógrado que algunos ideólogos manejen ese inevitable amor a la lengua propia de su grupo como motor y arma para la consecución de sus cortos objetivos políticos.

Los adultos ya hemos llegado a la seguridad de que todo aquello que amamos morirá algún día, y también lo hará el idioma en el que nos amamantaron. Pero debemos ser conscientes de que su mantenimiento a ultranza no contribuye a que la humanidad progrese.

Es necesario e inevitable, salvo catástrofe, que en unas cuantas generaciones a lo largo de unos cuantos decenios o siglos, todos los humanos que queden se puedan entender en una lengua común y que entonces, felizmente, ya no sean necesarios los traductores. Bueno, sólo para la poesía que quizá algún sentimental siga escribiendo en alguno de los antiguos idiomas de cuando el mundo era una babel.

Y los niños de ese momento futuro aprenderán el Idioma, sea el que sea. Este les hará persona, lo amarán y esperemos que lo usen como herramienta de unión.

Como cuenta la Oda a la Alegría:

Alle Menschen werden Brüder,

wo dein sanfter Flügel weilt.

(Y todos los hombres serán hermanos,
bajo tus alas bienhechoras)

Mientras tanto, oh Freunde, ¡traducid!

Traducid lo más lúcidamente que sepáis, y haced de pontífices lo más lealmente que podáis.

Anuncios