La avaricia, el lucro y la fuerza de la gravedad.

Estamos todos escandalizados, preocupados y cabreados por todos los casos de corrupción, tanto de los que ya conocemos como de los que nos vamos enterando dia a dia. El caso es que todos esos casos tienen como origen común algo tan antiguo y connatural a la especie humana como la avaricia.

Basándome en especulaciones patateras, supongo que cuando éramos cazadores-recolectores el insitinto de supervivencia nos haría pelear por un trozo de carne, o por coger la fruta del mejor manzano silvestre que hubiera cerca de la cueva donde vivía nuestra familia o tribu. Pero dado que a cada poco había que mudarse de zona para buscar cobijo adecuado y pitanza, la acumulación de algún tipo de riqueza no tenía sentido al no haber carritos de super para llevarla cómodamente de un sitio a otro. La avaricia no era una tendencia útil en aquellas circunstancias.

Cuando nos quedamos quietos en un sitio, y construimos un poblado con sus casitas, y plantamos campitos y huertos, también pensamos en hacer graneros, y depósitos para el aceite o el vino. Siempre hubo algún paisano más listo, o con más suerte, que recolectaba más de lo que podía comer o usar. Ese plus le daba un cierto poder respecto a los menos trabajadores o menos afortunados, a quienes de alguna manera el potentado podía hacer pasar por la piedra si querían sus migajas: como trabajadores, o como prestatarios, o como simples beneficiarios de su caridad. La evidencia de que la riqueza era poder convirtió rápidamente el mero instinto de supervivencia en la más normal y cotidiana de las avaricias.

La avaricia es desde entonces como una fuerza de la naturaleza, tan inevitable como la fuerza de la gravedad. Salvo que salgamos al espacio o cambien las leyes físicas, la tierra seguirá atrayendo a todo lo que tenga cerca.

Pero esta fuerza de la gravedad, ¿es mala y perjudicial? Pues, si. En cuanto dejamos algo en el aire, se cae y se rompe; para llevar un saco de patatas hay que hacer mucha fuerza y para poder volar hay que hacer maravillas. Pero también la gravedad hace que caiga el agua en la rueda de nuestro molino, y también nos permite sujetarnos al suelo para caminar con fuerza y poder arar la tierra.

Con el tiempo hemos desarrollado técnicas para que la gravedad no nos sea tan penosa: hemos inventado la rueda, las repisas para poner cosas, o los ganchos para que no se estrellen contra el suelo.

¿La avaricia es mala? Ni mala ni buena, o las dos cosas, igual que la fuerza de la gravedad. Es el motor que hace que movamos el culo en lugar de quedarnos a la sombra del platanar, para hacer algo, Es el incentivo que hace que gente normal se meta en un gran lio para montar una empresa o un negocio que dará empleo a otros ciudadanos,  y proporcionará a todos algún tipo de bien o de servicio. A esta doble vertiente es a lo que se referían los liberales con el dicho: los vicios privados son, virtudes públicas.

El deseo de poseer más que puede resultar útil en esas ocasiones, hace inevitable que quien por razón de trabajo o de cargo electo maneja bienes ajenos, tenga la tentación de ajenciarse una parte para su uso provado. Contando con que esto es así, no hay más remedio que idear mecanismos muy rigidos para que esto no pase: controles eshaustivos de los procesos adminisrativos y de otorgamiento de contratos o de permisos y licencias, Financiación de los partidos etc.

¿Verdad que cuando dejamos un objeto lo apoyamos, colgamos o sujetamos para que la fuerza de la gravedad no nos haga una faena.? Pues lo mismo con cada céntimo de empresas  y administraciones: todos controlados y agarrados.

Al menos mientras rija la ley de Newton  y la humanidad siga siendo humana.

15 feb 2013

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Un pensamiento en “La avaricia, el lucro y la fuerza de la gravedad.

  1. No estoy en desacuerdo y me parece una comparación ingeniosa. Lo que está claro es que, para impedir la corrupción hay que amarrar muy bien los los ganchos y sujetar fuertemente las repisas, pues la fuerza de ambición desmedida es más incontrolable que la fuerza de la gravedad: ésta es física y medible, la otra es humana e inconmensurable.

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