Escribo para aclararme: Privatización de servicios públicos.

Veo que siempre ha sido una cuestión relevante, en las sociedades más o menos avanzadas, saber de qué servicios o bienes era necesario que se ocupara el sector público, y de cuáles otros podian ser provistos por particulares o sus empresas. El abanico de posibilidades es enorme, pero la teoría más clásica diría que el estado tendría que generar aquellos que las empresas privadas no produzcan o lo hagan en cantidades inferiores a las necesarias. Y eso es lo que pasa con los llamados “bienes públicos”. Son aquellos que no pueden dividirse para su uso individual, o que una vez creados y servidos pueden ser usados por todos, tanto si han pagado por ellos como si no, como serían las calles y todo lo que pasa en ellas, la limpieza o la seguridad. O la vigilancia de la salud pública y la calidad del agua y de los alimentos, o la preservacion del medio ambiente.

La discusión más reciente se centra en la Sanidad Pública. En realidad la salubridad general, sí sería un bien público, pero los cuidados sanitarios concretos a cada ciudadano no pueden considerarse así, ya que se trata de un servicio individualizable para cada persona y ocasión, de forma que siempre hay profesionales y centros privados que a cambio de un precio están dispuestos a prestarlo.

La sanidad se hace pública para asegurar que todos los ciudadanos, incluso los que no tienen recursos, puedan acceder a ella, considerando que la salud de cada persona es una parte de la salud del conjunto y que eso sí es un bien público que interesa preservar. Aunque hay paises donde esta necesidad no es sentida por los ciudadanos, y cada individuo se provee de los servicios sanitarios que puede o quiere pagarse, otros han organizado todo un sistema íntegramente público para ello. Digamos una tercera via es la de aquellas administraciones que para ciertos servicios confian en el sector privado para su prestación, y el estado se limita a pagar a esos profesionales que actúan por cuenta propia.

En los que optaron en su momento por un sistema estilo “seguridad social” (o NHS en el Reino Unido), donde  todas las instalaciones eran públicas y todo el personal era funcionario, ahora parecen tener una tendencia a la privatización. ¿De donde viene el interés en externalizar unos u otros servicios?

Incialmente la limpieza de los hospitales la hacía personal funcionario propio. Pero hace muchos años, se redujo el número de limpiadores/as, y se contrató a empresas externas para este servicio. Y luego se externalizó el servicio de lavandería, y luego el de suministro de las comidas, y luego los TAC, y las resonancias. Si se quiere se podría externalizar un servicio completo como el de pediatría o el de neurocirugía, o toda la gestión de personal o incluso la gerencia.

Dándoles vueltas al asunto, encuentro que puede haber cuatro motivos por los que un servicio público de cualquier tipo o sector, completo o sólo en parte, se privatiza:

1- Optimizar recursos. Si un hospital pequeño tiene que tener una lavandería completa con personal y equipamiento para lavar poca ropa cada día, el servicio saldría muy caro. Una lavandería industrial puede hacerlo a mejor precio porque amortizará inversiones y repartirá costes de personal lavando ropa para ese hospital, pero también para hoteles, restaurantes y para otros hospitales. Caso parecido sería el de esos caros equipos de análisis o pruebas especiales que un pequeño hospital público usaría pocas horas, lo que haría más rentable contratar fuera el servicio que incluirá inversión, costes  y la disponibilidad del personal especializado.

2- Abaratar costes. Se sabe que la gestión pública regida por políticos y desarrollada por funcionarios, no suele ser tan eficiente como la gestión privada que lleva un empresario con el correspondiente ánimo de lucro. Si como ejemplo tasamos la ineficiencia de lo púbico sobre lo privado en un servicio concreto, pongamos en un 15%, podría resultar más barato contratarlo fuera por un 5% menos del coste con gestión pública, y un empresario podría prestar el servicio correctamente y además ganarse su 10%.

3- A veces los funcionarios adquieren “derechos” económicos o privilegios laborales que dificultan mucho la consecución de una mínima eficiencia. Generalmente la empresa privada suele ser más expeditiva en estos temas, ya que no tiene que “respetar” ningún derecho especial, sino simplemente la legislación laboral. De esta forma puede obligar a cumplir horarios, exigir una mínima eficacia y evitar el desperdicio de materiales, o ser tajante con el absentismo injustificado.

4- Otro motivo espúreo, pero real es la que se da cuando algún gestor de lo público con cierta capacidad de decisión monta una empresa privada paralela o bien tiene acciones en una o quizá solamente un amigo tiene una, que casusalmente podría dar un cierto servicio; en cualquier de estos casos puede ser procedente la externalización.

Las tres primeras tienen su fundamento econcómico de diferente tipo. Pero analizando más de cerca, se acaba por ver que las tres razones tienen un mismo origen.

La otimización de recursos del primer apartado también podría resolverse dentro del sector público, como se ha hecho en más de una ocasión: basta con coordinar las necesidades de diversos centros, creando un servicio común y público debidamente optimizado. En el ejemplo de una lavandería para un ambulatorio, se soluciona haciendo que esa ropa se lave en la gran lavandería del hospital más cercano. Se trata sólo de un problema de coordinación y buena gestión.

En cuanto a la menor eficiencia de la gestión pública respecto a la privada. También es un problema de buena gestión, y lo mismo pasa con la política de personal y mayor exigencia profesional. ES TODO UN PROBLEMA DE MALA O MEJORABLE GESTIÓN. La pregunta clave es pues: ¿Es posible desde el sector público conseguir estas mejoras?

Daría la impresión de que los políticos han tirado la toalla: como ni ellos ni los funcionarios al mando tienen en general ni la capacidad ni parece que los medios legales ni tampoco la intencion de hacerlo, es más fácil organizarlo de manera que el ánimo de lucro de unos empresarios, pueda obtener esa mejora en la getión. Y de paso hasta es posible que nos ahorremos el 5% del ejemplo que pongo más arriba.

A un Juan Particular que como usuario recibiera el mismo servicio y encima se ahorrara un 5% en impuestos, le iba a parecer una muy buena solución.

PERO. Pero una vez cualquier servicio público en manos privadas, tanto si es sanidad como si son las autopistas de peaje, hay una tendencia inevitable, y es la de que el gestor privado querrá incrementar en lo posible sus beneficios, lo que para un precio dado, implica primero optimizarlo todo para abaratar costes. Esto es estupendo salvo que llegue a perjudicar la calidad del servicio. Y, ¿quien es el encargado de vigilar que esto no suceda?. Pues un político o un funcionario. Y, ¿qué es lo que nos han demostrado? Pues que no son capaces de hacer una buena gestión con el sistema actual. Y si no han sabido gestionar directamente unos servicios, es dificil de creer que sean capaces de controlar adecuadamente a la empresa contratista, para que la calidad del servicio sea la adecuada. Igualmente será difícil evitar que dada la repercusión social que cualquier problema en ese servicio tendría, se acabe creando una especie de síndrome de Estocolmo hacia el contratista que dificulte la mayor exigencia o hasta su relevo.

Además, no todas las empresas privadas están dirigidas adecuadamente, ni todas dan los servicios correctos al coste correcto.

La evolución previsible de estas privatizaciones acabaría siendo una bajada tal de la calidad del servicio que crearía finalmente un clamor social, y dentro de muchos años se volvería a nacionalizar. Con lo que el péndulo que rige casi todo lo humano, y más lo colectivo, habrá vuelto a donde está.

¿Que hacer? Pues no sé. Recorrer ese camino pendular es quiza invitable. O intentar quedarnos como ahora, pero la sltuación actual no es sostenible. Quizá haciendo que la presión de los ciudadanos consiga poco a poco apretar al los políticos para que se mejore en la gestión. Quizá sea también necesario apelar a la resposabilidad de algunos funcionarios para que no hagan valer de forma abusiva esos “derechos” que a veces representan un muro insalvable.

Siempre debe ser posible disponer de unos servicios que tendrá que cubrir las necesidades de los ciudadanos, pero “dentro las posbilidades económicas de cada momento”. Quizá durante unos años hemos gastado y malgastado en equipamiento estupendo, hospitales con arquitectura estupenda, para tener la sanidad más estupenda, pero a base de ir pidiendo prestado lo que no teníamos. Tendremos que reencontrar el nivel correcto, invirtiendo y gastando con juicio.

Pero, ¿qué incentivo tienen los políticos a hacerlo bien?. Me temo que con el sistema actual de democracia representativa, ninguno. Tenemos que diseñar desde abajo un nuevo sistema que no existe.

Febrero 2013

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