El feed-back o la realimentación

Cuando estudiaba matemáticas o física, casi todas las funciones y los procesos meramente teóricos los veía luego reflejados en las más diversas realidades naturales, humanas o sociales. Cosas tan tontas o tan importantes como que los sentidos de los seres vivos perciben los diversos fenómenos en escalas logarítmicas, o que sin darnos cuenta estamos sumergidos en las leyes de la probabilidad.

Todo esto podrá ser objeto de otros articulillos, porque ahora quiero referirme a los servosistemas, y al feed-back que en español deberíamos llamar realimentación. Hace años que vemos este concepto ser mencionado en los más diversos ámbitos, pero es que muchas conclusiones matemáticas que del estudio de los servosistemas se derivan son aplicables a la vida diaria. Esto me lo ha recordado un post de este interesante, aunque especializado blog.  http://seguridad-de-la-informacion.blogspot.com.es/

Había una asignatura llamada específicamente servosistemas (en adelante SS), que me costó aprobar, pero que si tenéis paciencia con la introducción, veréis el interés que tiene su análisis para nuestra vida diaria.

Servosistema (SS): es cualquier conjunto de diversos elementos, inteligentes o no, pasivos o activos, unidos entre si por una serie de relaciones, de forma que unos dependen de otros. Casi cualquier fenómeno se puede analizar como un SS.

Ejemplos: cuando queremos llenar un vaso con agua del grifo lo ponemos debajo y abrimos; si vemos que el chorro no queda centrado sino a un lado, movemos el vaso hacia allí. Si vemos que el chorro es demasiado fuerte o demasiado débil, cerramos o abrimos un poco el grifo con la otra mano. Normalmente al primer o segundo intento nos queda centrado y el chorro a la velocidad correcta. En este caso estamos manejando dos SS simultáneamente: uno de posición del vaso bajo el chorro y otro que controla su intensidad. Cuando conducimos  un vehículo es parecido: vamos moviendo el volante un poquito cada vez, y vemos cómo reacciona el coche, para ir por donde queremos. Si vamos demasiado cerca del borde derecho giramos un poco a la izquierda y al revés.

Cuando hablamos cara a cara con otra persona, manejamos infinidad de SS. Si vemos que nuestro interlocutor pone cara de no oirnos bien, hablamos más fuerte. Por su parte el otro si pone cara de no oir, es para incentivarnos a chillar más. Si nos parece que no está interesado en lo que decimos, cambiamos el tono, o intentamos expresarnos de una manera más atractiva. Si discutimos, vamos modulando el tono, más o menos agresivo en función que cómo el otro encaja nuestra agresividad.

La realimentación: Los SS simples constan de un mecanismo que transforma una acción en un cierto efecto: girar el volante hace que el vehiculo se mueva hacia un lado. La realimentación es la manera en que ese efecto es visto o sentido por quien actúa y le hace cambiar. Este feed-back puede ser positivo o negativo.

Ejemploa: si dos personas que dicuten, cuando más chilla cada uno de ellos más se cabrea el otro. Es una realimentación positva porque el efecto hace que la causa se incremente. Y en este caso es de doble sentido.

Si un maestro tiene una clase tranquila, hablará sosegadamente. Pero si el grupo se empieza a excitar, el maestro subirá el tono y dirá lo necesario para calmar los ánimos. Si lo consigue, tendrá el efecto de una realimentación negativa que acotará o reducirá el follón.

Posible comportamiento de los SS.

  • Sistema Explosivo. En un SS con realimentación positiva, como el caso de la discusión, el nivel del fenómeno (la violencia de ambos) crece con un mal final, salvo que aparezca un nuevo elemento externo o interno, que podría ser el creciente miedo a hacerse daño. A veces el feed-back positivo lleva a un resultado cada vez menor: si un enfermo no come, cada vez está más débil y cuanto más débil menos ánimo tendrá para comer, con resultado final de encefalograma plano.
  • Sistema Amortiguado. Si el profe del ejemplo controla bien la situación se llegará a un equilibrio orden/desorden en la clase, que si el docente es hábil podrá mantener al nivel deseado. Por supuesto, mientras no aparezca algún elemento externos como por ejemplo el timbre que invita al recreo.
  • Sistema Oscilante. Que es como suele funcionar todo aquello que no se desmadra. Nunca conducimos en una perfecta linea recta, siempre damos pequeños tumbos.  Es lo que podemos llamar mantener una situación controlada, mediante impulsos alternativos hacia arriba y hacia abajo para mantener un nivel de lo que sea.
  • A veces las oscilaciones permanecen constantes, pero otras veces se van ampliando hasta ser explosivas, o se reducen hasta llegar a un punto constante. En definitiva es el funcionamiento pendular.

Como veréis, cualquier aprendizaje que se base en el mecanismo acierto-error es un servosistema, más o menos complejo. Pero menos mal que normalmente sabemos qué hacer sin que sea necesario estudiar ecuaciones diferenciales.

Pero algunas veces puede ser útil ser conscientes de algunas relaciones en procesos que nos son importantes, y en especial me interesan los sistemas estilo péndulo. Cuando la masa pendular está en el punto bajo a toda velocidad y empieza a subir, la fuerza de la gravedad tiende a evitar que suba, con más fuerza cuanto más alta está. Hasta que llega un momento en que ese freno es lo bastante poderoso para hacer que el movimiento se detenga, y se invierta el proceso.

Pensemos en el contínuo represión-libertad (o libertinaje según los casos) en el seno de un grupo humano. En una época de elevada represión se empiezan a generar fuerzas internas que se oponen a ella, y que van creciendo poco a poco, hasta que llega un momento en que son tan intensas que consiguen hacer que el sistema vaya cambiando hacia una política de mayor libertad. Una vez iniciado el proceso de liberalización, esas fuerzas internas eran tan fuertes que el movimiento hacia una situacion de mayor libertad no se detiene al llegar a lo que podría ser un punto medio más o menos razonable, sino que sigue hasta que el creciente desmadre empieza a generar otras fuerzas internas de oposición que invierten la tendencia. Es lo que nos suele pasar en muchos aspectos, lo que popularmente se conoce como “calvo o con tres pelucas”.

Es el fenómeno del volantazo excesivo, que seguido de otro cotravolantazo también excesivo nos saca fuera de la carretera. Lo difícil es saber en cada circunstancia si corregir inmediatamente o esperar un momento, o si girar bruscamente o mediante movimientos suaves.

¿Enseñanzas prácticas? Pues cada uno puede sacar la suya. A mi me interesa la relaciçon de una persona con su entorno, que de alguna manera tiene que manejar, en la familia, en el trabajo o con nosotros mismos. Ante acciones de otros que de alguna manera nos afectan tenemos que hacer algo, bien para actuar con un feed-back positivo y conseguir más de esa acción sin nos agradaba, o con realimentación negativa para evitar que se repita o al menos conseguir reducirla. Y como en la conducción, el problema estriba en dosificar nuestra acción correctora. Todos conocemos gente impulsiva que reacciona en exceso o excesivamente rápido provocando un efecto desmedido que no hace más que estropear las cosas. A veces quizá es peor reaccionar tarde que hacerlo intensamente. Otras veces puede ser mejor esperar antes de mover ficha tanto para ver la evolución espontánea del asunto, como para calibrar mejor el posible efecto de nuestra acción.

A quien su instinto no le baste para que todo esto le salga bien sin ni siquiera pensar, no nos queda más opción que observar nuestro entorno, ver su evolución, analizar los efectos de nuestras acciones y las de los demás, y con un poco de teoría de servosistemas ir descubriendo la mejor acción y su dosificación.

Y por supuesto, equivocarnos todos los días sin remedio. Pero lo daremos por bien empleado si aprendemos algo que nos sirva para la siguiente.

Esendraga

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La avaricia, el lucro y la fuerza de la gravedad.

Estamos todos escandalizados, preocupados y cabreados por todos los casos de corrupción, tanto de los que ya conocemos como de los que nos vamos enterando dia a dia. El caso es que todos esos casos tienen como origen común algo tan antiguo y connatural a la especie humana como la avaricia.

Basándome en especulaciones patateras, supongo que cuando éramos cazadores-recolectores el insitinto de supervivencia nos haría pelear por un trozo de carne, o por coger la fruta del mejor manzano silvestre que hubiera cerca de la cueva donde vivía nuestra familia o tribu. Pero dado que a cada poco había que mudarse de zona para buscar cobijo adecuado y pitanza, la acumulación de algún tipo de riqueza no tenía sentido al no haber carritos de super para llevarla cómodamente de un sitio a otro. La avaricia no era una tendencia útil en aquellas circunstancias.

Cuando nos quedamos quietos en un sitio, y construimos un poblado con sus casitas, y plantamos campitos y huertos, también pensamos en hacer graneros, y depósitos para el aceite o el vino. Siempre hubo algún paisano más listo, o con más suerte, que recolectaba más de lo que podía comer o usar. Ese plus le daba un cierto poder respecto a los menos trabajadores o menos afortunados, a quienes de alguna manera el potentado podía hacer pasar por la piedra si querían sus migajas: como trabajadores, o como prestatarios, o como simples beneficiarios de su caridad. La evidencia de que la riqueza era poder convirtió rápidamente el mero instinto de supervivencia en la más normal y cotidiana de las avaricias.

La avaricia es desde entonces como una fuerza de la naturaleza, tan inevitable como la fuerza de la gravedad. Salvo que salgamos al espacio o cambien las leyes físicas, la tierra seguirá atrayendo a todo lo que tenga cerca.

Pero esta fuerza de la gravedad, ¿es mala y perjudicial? Pues, si. En cuanto dejamos algo en el aire, se cae y se rompe; para llevar un saco de patatas hay que hacer mucha fuerza y para poder volar hay que hacer maravillas. Pero también la gravedad hace que caiga el agua en la rueda de nuestro molino, y también nos permite sujetarnos al suelo para caminar con fuerza y poder arar la tierra.

Con el tiempo hemos desarrollado técnicas para que la gravedad no nos sea tan penosa: hemos inventado la rueda, las repisas para poner cosas, o los ganchos para que no se estrellen contra el suelo.

¿La avaricia es mala? Ni mala ni buena, o las dos cosas, igual que la fuerza de la gravedad. Es el motor que hace que movamos el culo en lugar de quedarnos a la sombra del platanar, para hacer algo, Es el incentivo que hace que gente normal se meta en un gran lio para montar una empresa o un negocio que dará empleo a otros ciudadanos,  y proporcionará a todos algún tipo de bien o de servicio. A esta doble vertiente es a lo que se referían los liberales con el dicho: los vicios privados son, virtudes públicas.

El deseo de poseer más que puede resultar útil en esas ocasiones, hace inevitable que quien por razón de trabajo o de cargo electo maneja bienes ajenos, tenga la tentación de ajenciarse una parte para su uso provado. Contando con que esto es así, no hay más remedio que idear mecanismos muy rigidos para que esto no pase: controles eshaustivos de los procesos adminisrativos y de otorgamiento de contratos o de permisos y licencias, Financiación de los partidos etc.

¿Verdad que cuando dejamos un objeto lo apoyamos, colgamos o sujetamos para que la fuerza de la gravedad no nos haga una faena.? Pues lo mismo con cada céntimo de empresas  y administraciones: todos controlados y agarrados.

Al menos mientras rija la ley de Newton  y la humanidad siga siendo humana.

15 feb 2013

Escribo para aclararme: Privatización de servicios públicos.

Veo que siempre ha sido una cuestión relevante, en las sociedades más o menos avanzadas, saber de qué servicios o bienes era necesario que se ocupara el sector público, y de cuáles otros podian ser provistos por particulares o sus empresas. El abanico de posibilidades es enorme, pero la teoría más clásica diría que el estado tendría que generar aquellos que las empresas privadas no produzcan o lo hagan en cantidades inferiores a las necesarias. Y eso es lo que pasa con los llamados “bienes públicos”. Son aquellos que no pueden dividirse para su uso individual, o que una vez creados y servidos pueden ser usados por todos, tanto si han pagado por ellos como si no, como serían las calles y todo lo que pasa en ellas, la limpieza o la seguridad. O la vigilancia de la salud pública y la calidad del agua y de los alimentos, o la preservacion del medio ambiente.

La discusión más reciente se centra en la Sanidad Pública. En realidad la salubridad general, sí sería un bien público, pero los cuidados sanitarios concretos a cada ciudadano no pueden considerarse así, ya que se trata de un servicio individualizable para cada persona y ocasión, de forma que siempre hay profesionales y centros privados que a cambio de un precio están dispuestos a prestarlo.

La sanidad se hace pública para asegurar que todos los ciudadanos, incluso los que no tienen recursos, puedan acceder a ella, considerando que la salud de cada persona es una parte de la salud del conjunto y que eso sí es un bien público que interesa preservar. Aunque hay paises donde esta necesidad no es sentida por los ciudadanos, y cada individuo se provee de los servicios sanitarios que puede o quiere pagarse, otros han organizado todo un sistema íntegramente público para ello. Digamos una tercera via es la de aquellas administraciones que para ciertos servicios confian en el sector privado para su prestación, y el estado se limita a pagar a esos profesionales que actúan por cuenta propia.

En los que optaron en su momento por un sistema estilo “seguridad social” (o NHS en el Reino Unido), donde  todas las instalaciones eran públicas y todo el personal era funcionario, ahora parecen tener una tendencia a la privatización. ¿De donde viene el interés en externalizar unos u otros servicios?

Incialmente la limpieza de los hospitales la hacía personal funcionario propio. Pero hace muchos años, se redujo el número de limpiadores/as, y se contrató a empresas externas para este servicio. Y luego se externalizó el servicio de lavandería, y luego el de suministro de las comidas, y luego los TAC, y las resonancias. Si se quiere se podría externalizar un servicio completo como el de pediatría o el de neurocirugía, o toda la gestión de personal o incluso la gerencia.

Dándoles vueltas al asunto, encuentro que puede haber cuatro motivos por los que un servicio público de cualquier tipo o sector, completo o sólo en parte, se privatiza:

1- Optimizar recursos. Si un hospital pequeño tiene que tener una lavandería completa con personal y equipamiento para lavar poca ropa cada día, el servicio saldría muy caro. Una lavandería industrial puede hacerlo a mejor precio porque amortizará inversiones y repartirá costes de personal lavando ropa para ese hospital, pero también para hoteles, restaurantes y para otros hospitales. Caso parecido sería el de esos caros equipos de análisis o pruebas especiales que un pequeño hospital público usaría pocas horas, lo que haría más rentable contratar fuera el servicio que incluirá inversión, costes  y la disponibilidad del personal especializado.

2- Abaratar costes. Se sabe que la gestión pública regida por políticos y desarrollada por funcionarios, no suele ser tan eficiente como la gestión privada que lleva un empresario con el correspondiente ánimo de lucro. Si como ejemplo tasamos la ineficiencia de lo púbico sobre lo privado en un servicio concreto, pongamos en un 15%, podría resultar más barato contratarlo fuera por un 5% menos del coste con gestión pública, y un empresario podría prestar el servicio correctamente y además ganarse su 10%.

3- A veces los funcionarios adquieren “derechos” económicos o privilegios laborales que dificultan mucho la consecución de una mínima eficiencia. Generalmente la empresa privada suele ser más expeditiva en estos temas, ya que no tiene que “respetar” ningún derecho especial, sino simplemente la legislación laboral. De esta forma puede obligar a cumplir horarios, exigir una mínima eficacia y evitar el desperdicio de materiales, o ser tajante con el absentismo injustificado.

4- Otro motivo espúreo, pero real es la que se da cuando algún gestor de lo público con cierta capacidad de decisión monta una empresa privada paralela o bien tiene acciones en una o quizá solamente un amigo tiene una, que casusalmente podría dar un cierto servicio; en cualquier de estos casos puede ser procedente la externalización.

Las tres primeras tienen su fundamento econcómico de diferente tipo. Pero analizando más de cerca, se acaba por ver que las tres razones tienen un mismo origen.

La otimización de recursos del primer apartado también podría resolverse dentro del sector público, como se ha hecho en más de una ocasión: basta con coordinar las necesidades de diversos centros, creando un servicio común y público debidamente optimizado. En el ejemplo de una lavandería para un ambulatorio, se soluciona haciendo que esa ropa se lave en la gran lavandería del hospital más cercano. Se trata sólo de un problema de coordinación y buena gestión.

En cuanto a la menor eficiencia de la gestión pública respecto a la privada. También es un problema de buena gestión, y lo mismo pasa con la política de personal y mayor exigencia profesional. ES TODO UN PROBLEMA DE MALA O MEJORABLE GESTIÓN. La pregunta clave es pues: ¿Es posible desde el sector público conseguir estas mejoras?

Daría la impresión de que los políticos han tirado la toalla: como ni ellos ni los funcionarios al mando tienen en general ni la capacidad ni parece que los medios legales ni tampoco la intencion de hacerlo, es más fácil organizarlo de manera que el ánimo de lucro de unos empresarios, pueda obtener esa mejora en la getión. Y de paso hasta es posible que nos ahorremos el 5% del ejemplo que pongo más arriba.

A un Juan Particular que como usuario recibiera el mismo servicio y encima se ahorrara un 5% en impuestos, le iba a parecer una muy buena solución.

PERO. Pero una vez cualquier servicio público en manos privadas, tanto si es sanidad como si son las autopistas de peaje, hay una tendencia inevitable, y es la de que el gestor privado querrá incrementar en lo posible sus beneficios, lo que para un precio dado, implica primero optimizarlo todo para abaratar costes. Esto es estupendo salvo que llegue a perjudicar la calidad del servicio. Y, ¿quien es el encargado de vigilar que esto no suceda?. Pues un político o un funcionario. Y, ¿qué es lo que nos han demostrado? Pues que no son capaces de hacer una buena gestión con el sistema actual. Y si no han sabido gestionar directamente unos servicios, es dificil de creer que sean capaces de controlar adecuadamente a la empresa contratista, para que la calidad del servicio sea la adecuada. Igualmente será difícil evitar que dada la repercusión social que cualquier problema en ese servicio tendría, se acabe creando una especie de síndrome de Estocolmo hacia el contratista que dificulte la mayor exigencia o hasta su relevo.

Además, no todas las empresas privadas están dirigidas adecuadamente, ni todas dan los servicios correctos al coste correcto.

La evolución previsible de estas privatizaciones acabaría siendo una bajada tal de la calidad del servicio que crearía finalmente un clamor social, y dentro de muchos años se volvería a nacionalizar. Con lo que el péndulo que rige casi todo lo humano, y más lo colectivo, habrá vuelto a donde está.

¿Que hacer? Pues no sé. Recorrer ese camino pendular es quiza invitable. O intentar quedarnos como ahora, pero la sltuación actual no es sostenible. Quizá haciendo que la presión de los ciudadanos consiga poco a poco apretar al los políticos para que se mejore en la gestión. Quizá sea también necesario apelar a la resposabilidad de algunos funcionarios para que no hagan valer de forma abusiva esos “derechos” que a veces representan un muro insalvable.

Siempre debe ser posible disponer de unos servicios que tendrá que cubrir las necesidades de los ciudadanos, pero “dentro las posbilidades económicas de cada momento”. Quizá durante unos años hemos gastado y malgastado en equipamiento estupendo, hospitales con arquitectura estupenda, para tener la sanidad más estupenda, pero a base de ir pidiendo prestado lo que no teníamos. Tendremos que reencontrar el nivel correcto, invirtiendo y gastando con juicio.

Pero, ¿qué incentivo tienen los políticos a hacerlo bien?. Me temo que con el sistema actual de democracia representativa, ninguno. Tenemos que diseñar desde abajo un nuevo sistema que no existe.

Febrero 2013