La post-crisis_02

Todos damos por supuesto que acabaremos saliendo de la crisis. De su análisis se sacan algunas consecuencias, que nos deberían servir para prevenir en la after-crisis la repetición de los errores.
Plan casero, repaso algunos aspectos. El primero es mi pasado post (http://wp.me/p20fKr-2b)
Al principio de la crisis (creo que en 2008) asistí a una conferencia de José María Pual, un economista que analizando la crisis indicaba como su causa última el excesivo endeudamiento de estados, familias y empresas, debido a anormalmente bajos tipos de interés.
Ya se sabe que cuando algo es demasiado barato se compra en demasiada cantidad.
Hablamos de que los tipos han estado durante los años más expansivos, probablemente entre el 3% y el 8%. Más o menos.
Si estos valores son bajos, me pregunto cuál sería un tipo de interés “natural”. No he encontrado ninguna teoría válida sobre este asunto.
Haciendo teoría barata por mi cuenta:

Yo diría que la respuesta está en relación con el beneficio extra que el prestatario ha obtenido del préstamo. La compensación al prestamista habría de ser una parte de ese beneficio. Si un empresario toma prestado y le saca un rendimiento muy alto, ¿tiene sentido que pague el dinero a un bajo tipo?

Cuando mayor es esa diferencia más incentivo tiene a aumentar su apalancamiento financiero, lo que deriva en endeudamiento.

¿Sería razonable por ejemplo que el prestatario tuviera que pagar la mitad del rendimiento que él obtiene?

Aplicando este principio a la construcción: si un constructor en la época buena obtenía unas ganancias de un 40 o 50% sobre el capital invertido, estaba usando capital prestado por un banco al que sólo pagaba un 8% o incluso un 5%.
No parece lógico que los bancos hayan prestado capitales con una ganancia muy inferior a la obtenida por los prestatarios. Esto ha llevado a que la mayor parte de empresas hayan llegado a un nivel de endeudamiento exagerado.
Trasladando esto a las familias, caso de las hipotecas:
Pongamos que por una vivienda “normal” de 80 o 90m2, una familia “media” que ingrese 24.000€/año, se considere “aceptable” que tenga que pagar un tercio de sus ingresos.
Esto sería un alquiler de 8.000€/año, o 660€/mes.
Si la vivienda tiene un valor de 180.000€, este alquiler representa para su propietario un interés aprox del 4,4%
Esto me parece un tipo bajo de interés, lo que indica que el precio de 180.000 es excesivo, lo que coincide con que el constructor ha ganado mucho más de lo que debiera.
Si la familia decide comprar la vivienda a los tipos de interés “bajos” que hemos tenido, los pagos de una hipoteca a 30 años de ese piso supone solamente un poco más que el alquiler. El resultado es que la familia de endeuda. Y así muchos millones de ellas están ahogadas.

Una vez salgamos de la crisis, ¿deberíamos volver a una situación similar?
Nos lo deberíamos plantear.

Lo de sorber y soplar, austeridad o crecimiento

No sé quién habrá sacado este símil de que no se puede sorber y soplar al mismo tiempo, como representación del hecho de que sea incompatible ajustar el presupuesto del estado (=ingesos -gastos) y al mismo tiempo promover el crecimiento de la economía.

Esto más bien se parecería a soplar mientras de masca chiclé: una cosa influye en la otra, interfiere, pero ambas no son opuestas ni imposibles de simultanear.

Ahora que han ganado los socialistas en casa del vecino de arriba, hay gente que respira esperando que nos sea más leve el castigo merecido de austeridad, por ser unos gastones sin medida en la década pasada.

Tanto las familias como las empresas y las administraciones que hemos gastado tanto y tan alocadamente durante años, no podemos esperar otra cosa que un severo e inevitable correctivo por habernos endeudado de esa manera. Lo que pasa además es que en cualquier economía las deudas acumuladas resultan especialmente gravosas cuando nuestros ingresos disminuyen.

Pero afirmar que con restricciones de presupuesto (sorber), la economía no puede crecer (soplar), me parece que no es cierto: cuando un sistema productivo funciona bien y tiene mercado, interno y/o externo, donde se venden su productos, no hay inconveniente en que a la vez ahorre y sanee sus cuentas anteriores, no siendo ambas cosas contrapuestas.

Lo que sí es cierto es que cuando la necesidad de corregir un endeudamiento anterior coincide con una situación de falta de competitividad y de mercado, no hay posibilidad de mejorar esto a base de nuevas inversiones.

Ahora todos hablan de la necesidad de “crecimiento económico” para que se reduzca el desempleo y para que se incrementen los ingresos que permitan sanear las deudas. Todo esto con independencia de que el sistema financiero se ha convertido en un parásito gigante, y habría que extirpar o reconvertir por fuerza.

Pero en cuanto a la necesidad de la economía tenga que “crecer”, para que la gente podamos “vivir”, es algo que es imprescindible revisar.

Nadie nos recuerda que un sistema que sólo puede sostenerse aumentando constantemente de tamaño es un sistema que lleva implícito su final: no es posible que la economía de un país o la del mundo en general crezcan indefinidamente, creando riqueza y empleo a base de más producción, de más bienes, de más habitantes, y de más recusos naturales consumidos. Yo diría que esto es un ya-lo-he-visto-antes, y que esa carrera no nos lleva ningún sitio.

No tengo la solución, pero está claro que hay que replantearse las bases económicas y sociales de la marcha de la civilización. Estamos llenando la Tierra de gente, nos gastamos ya casi todo lo que puede dar de sí, y además casi todo lo consumimos entre unos pocos privilegiados en perjuicio del resto de los terráqueos.

¿Queremos volver a las andadas? Lo tenemos que repensar.

Pero lo malo es que mientras tanto, tenemos que comer, y pagar las deudas…

Esen Draga