Internet, Megaupload y derechos de autor.

En la polémica acerca de los derechos de autor ya se han expresado todas las opiniones. Por mi parte, sólo añadir una consideración económica y un ejemplo antiguo.

El modelo por el que hasta hace poco se retribuían las actividades artísticas estaba basado en el viejo truco de oferta-demanda. La oferta consiste en la concreción y concentración de la obra artística en algún tipo de medio, convertido en objeto vendible. Y la demanda es la del público, que animado por la publicidad y por los medios de comunicación busca disfrutar de una obra concreta y tiene que pagar su precio.

Este mecanismo, que para cada novela o disco o película viene a ser un monopolio de oferta, acaba dando un precio del bien muy elevado, proporcionando beneficios extraordinarios a los artistas y sus editores, o discográficas, o productoras.

¿Que sucede con un mercado en que un monopolio obtiene extraordinarios beneficios? Pues que la oferta tiende a elevarse todo lo posible: los artistas y sus mercaderes tienden a sobre-producir obras. Esto es, el autor de una novela aceptable, la va la reescribir dos o más veces, con otro título y algunas variaciones. El autor de una canción que se hace famosa, se verá impulsado por su compañía y por su propia codicia a cambiar la letra, y quizá un poco la melodía, el ritmo o algún acorde, para editar otro nuevo disco del que pueda vender miles de copias.

Se dice que un mercado en que no existan los derechos de autor llevará a una reducción de la producción artística: yo creo que quien tenga algo realmente nuevo e interesante que decir, lo va a decir igual. Y nos ahorraremos tantas novelas quasi repetidas, y tantas secuelas estúpidas de películas, y tantas canciones que suenan igual.

A veces pienso que quien tenga algo importante que decir o que mostrar lo hará, con o sin     retribución extra.

Por último un ejemplo histórico: cuando en París se implantó el alumbrado por lámparas de gas, cientos de negocios y miles de personas, que se dedicaban a la fabricación y venta de los anteriores sistemas de iluminación, como velas, quinqués, etc, se quedaron sin trabajo, lo que motivó todo tipo de protestas y oposición.

Es lo que tienen los cambios tecnológicos.

“Un 0,7% de mis impuestos para la ciencia”, o “en qué gastamos el dinero de todos”

He oido en la radio algo sobre la propuesta que se ha hecho hace unos dias, y un amigo me envia un enlace tratando el asunto.
http://resistencianumantina.blogspot.com/2012/01/casilla-de-apoyo-la-ciencia-en-la.html

Los motivos y la necesidad de invertir en desarrollo científico y en investigación ya se han expuesto en muchos sitios y en lo básico creo que estamos todos de acuerdo.
Lo que quiero comentar es la posibilidad de marcar una X en la declaración de la renta para que el estado dedique una cierta cantidad a este asunto, imitando lo que se hace con las aportaciones a la iglesia y/o fines sociales. (Porqué hay desde hace unos años una casilla para la iglesia es tema que merecería un comentario aparte)

Es inevitable que personas sensibilizadas con otros temas, que no son la ciencia, también quieran pedir una casilla para que el estado gaste más en el asunto de su interés. Pero habría que poner otra casilla para que los partidarios de gastar/invertir en un epígrafe pudiéramos indicar también de qué apartado actual queremos que se detraiga…

De lo que estamos hablando en definitiva es del destino del gasto público.
Y por tanto, de las decisiones que los representantes políticos toman a diario, supuestamente en nuestro nombre.
O sea, estamos cuestionando el modelo de democracia representativa.

Ya he escrito que este tipo de sistema político, que puede que como se dice, sea el menos malo de los probados hasta ahora, no nos satisface.

https://esendraga.wordpress.com/2011/12/04/la-democracia-teoria-y-practica/

Este movimiento que pide la casilla, seguido por todos aquellos que van a pedir su casilla, es en definitiva el deseo de intervenir en la cosa pública, lo que por otra via manifiesta la misma tendencia que el movimiento 15M que pedía democracia real: cada vez somos más los que creemos que elegir a una colección de gente para que luego decida acerca de los grandes y pequeños detalles de cómo manejar la res pública en nuestro nombre, NO es buen sistema.

Por eso lo que yo quiero es un nuevo sistema NO representativo, sino participativo.

Quiero que la gente podamos participar en las propuestas de ley, en su elaboración y en su aprobación. Y por supuesto en las decisiones sobre el gasto público. Para eso no hace falta tanto diputado y concejal sino una colección de funcionarios que ejecuten las decisiones colectivas que habrían de canalizarse, con fiabilidad y seguridad, a través de nuevos sistemas de participación y decisión social.

Entre todos tenemos que ir perfilando propuestas para un nuevo tipo de sistema democrático. Es necesario, y creo que cada vez es más posible.