¡No quiero! (El servicio está respondón)

Hace ya muchos años, Isaac Asimov estableció lo que se consideraron las leyes básicas de la robótica, que son unas leyes que se supone han de cumplir todos los aparatos que pueden actuar por su cuenta, sean más o menos inteligentes.

Esas leyes, resulta que se reducen a lo mismo que se les pide a los niños, poniendo el dedito índice así, levantado con aire instructor y voz de de dar una importante lección:
1- No tienes que pegar a los otros niños ni a los mayores.
2- Tienes que obedecer y ser bueno.
3- Y no seas alocado no te vayas a caer y hacerte daño.

El caso es que estas leyes no son como los Mandamientos que puedes cumplir en el orden que quieres, sino que la prioridad debe ser la de su orden. Por ejemplo, si mandas a un robot que le pegue a alguien, estará cumpliendo la 2ª ley, pero incumple la 1ª.

Pero ya tenemos aparatos que empiezan a incumplir las leyes o a cambiarles el orden y me temo que la cosa se va a liar.

(Quien quiera ver el tema con más detalle, ver: https://esendraga.wordpress.com/2018/03/02/las-leyes-de-la-robotica-de-asimov )

El primer aparato desobediente que me encontré fue una nevera inteligente, que no ponía en la lista de la compra lo que yo le pedía, sino lo que ella pensaba que me convenía más. Ya conté la historia de la nevera traidora aquí: https://esendraga.wordpress.com/2018/04/20/la-nevera-traidora

Bueno, pues el coche autopilotado se me ha puesto chulo y ahora os lo cuento.

mapa no quiero

Ayer por la tarde me monté, le dije la dirección a la que tenía que ir y me respondió “estamos en camino” con esa voz tan “humana” a la que no conseguía acostumbrarme.
Hace años que me lleva a todas partes, eficaz y prudente, así que en cuanto cerró las puertas me recosté un poco mientras arrancaba suavemente, como siempre, y reducía por su cuenta la luminosidad de los cristales.
Yo creo que desde hace tiempo sabe que me entra sueño a menudo y lo respeta. No sé cómo se lo voy a explicar, pero a la nueva versión que me van a instalar tendré que pedirle que haga lo contrario: en cuanto detecte que me entra sueño, que aclare los cristales todo lo posible y que me ponga alguna vieja grabación de Megadeth o de Black Sabbath a toda pastilla. Pensando en que el coche es elétrico, a lo mejor elije algo de AC-DC.
El caso es que al poco llegamos a las afueras de la ciudad y seguimos por una carretera segundaria hacia la dirección que le había dicho. Es una zona que ha cambiado mucho en los últimos tiempos, de forma que iba fijándome en los barrios de bonitas casas familiares entre jardines y muchos campos lúdicos de cultivo; hace ya años que mucha gente se dedica a eso, dicen que es entretenido, creativo; puede ser. Pero es que resulta que a muchos de estos agricultores parece ser que les gustan los vegetales “naturales” que recolectan. Otros preferimos la comida normal, la sintética corriente que toma todo el mundo y que a mi me gusta más. Por otra parte da un poco de asco comer cosas que salen del suelo y me decanto por la comida que se fabrica en un sitio limpio y con métodos seguros. Pero como diversión se puede cultivar todo tipo de flores o plantas ornamentales. Parece que resulta satisfactorio emular a nuestros tatarabuelos que vivían en el verdadero campo.

En estos tiempos, alguna ocupación hay que dar a la gente, ahora que casi todo el trabajo “útil” lo hacen las máquinas y todos cobramos una renta básica que permite vivir sin apreturas. Tendría que procurarme uno de esos rectángulos de tierra marrón, y ver qué tal se me da convertirlo en un exhuberante huerto con flores.

Después de la zona residencial-rural atravesamos una zona industrial (perdón, “área tecnológica”) limpia y silenciosa. Nada que ver con lo que conocí hace no tanto tiempo cuando todo esto eran fábricas y talleres un tanto cochambrosos, y la carretera era más bien un camino, con baches en el asfalto y hierbajos por las cunetas, lleno de camiones y furgonetas ruidosas y apestosas de principios de siglo. Ahora esta carretera es, como todas, una pista bien lisa y con suelo inteligente, rodeada de verde. En pocos años toda esa parte de la ciudad se ha transformado completamente.
Creí que el laboratorio estaría por allí, y que íbamos a llegar pronto.
Pero salimos de ese área tecnológica (yo diría polígono industrial moderno) y pensé que el taller estaría en la siguiente área, un poco más lejos.
Atravesamos otra zona residencial parecida a la anterior, mientras que el sol, ya poniente, filtrado por los cristales, me iba dejando adormilado.

No sé cuánto tiempo habría transcurrido cuando me espabilé de nuevo, y mientras tomaba conciencia me pregunté: “¿Cuánto habré dormido?”; “Dos minutos treinta”, me respondió. Esto os demuestra que sí detectaba cuándo me dormía y lo tenía en cuenta.
Si habían sido dos minutos  medio, seguro que debíamos estar a punto de llegar.
Pasábamos por otra zona residencial y luego por otra tecnológica, que me pareció la misma que habíamos atravesado antes de dormirme. Pensé: “¿cuánto nos falta?, y me respondió: “En menos de un minuto”, con esa voz que le habían puesto en la última actualización, pero que todavía me sonaba rara, precisamente por ser tan normal, tan humana.

Me incorporé un poco para ver la pantalla, con un comando mental pedí “recorrido anterior” y al momento apareció el mapa. “Quiero ver el recorrido anterior y el destino”, y vi que estábamos ya cerca, pero vi que el coche se había saltado la entrada al taller. Siempre había funcionado todo bien y no podía comprender ese fallo, tanto si era del sistema de enrutamiento como del intérprete de comandos mentales.
“¡Para aquí mismo!”.
El vehículo mantuvo la velocidad unos segundos hasta llegar cerca de una zona de detención, redujo la marcha y se detuvo como de costumbre sobre un bucle de inducción para ir cargando. Pedí ver el calendario en la pantalla de la izquierda y verifiqué la cita para hoy y el lugar: el “Laboratorio Reconstructivo VULICA Electric Cars”. Fijé la vista en la dirección que quedó marcada con la bolita típica del primitivo googlemaps, detalle retro donde los haya, y ordené “quiero ir a este punto”.
No arrancó de inmediato, y empecé a preocuparme, pero vi que estábamos esperando a que acabara de pasar un tren de carretera. Nos pusimos en marcha y fui siguiendo en pantalla el recorrido, todo iba bien.

Era raro ese fallo que había tenido, porque se supone que todo tenía que funcionar perfectamente. La visita al taller no era por ninguna avería sino para sustituir el procesador mental, que llevaba, por uno capaz de soportar la inteligencia artificial de nueva generación, y que integra ya los nuevos criterios éticos de decisión que ahora son obligatorios en la UE por motivos de seguridad pública y, de paso, cambiar la batería por una nueva de mayor capacidad y más ligera.
El cambio de procesador iba a representar que la personalidad adquirida por la inteligencia artificial del aparato actual iba a ser anulada y desaparecería. Sólo se trasladaban los datos de historial de localizaciones y mis preferencias.
¿Es posible que el aparato fuera consciente de que iban a desconectar su módulo de inteligencia artificial? Se supone que no llegaban a este nivel de aprendizaje…

Me habían dicho en la cita que la operación duraría menos de una hora, durante la que me iban a dar un tutorial sobre las novedades que instalaban, porque a partir de entonces el coche, su cerebro, iba a ser otro. En cuanto a la voz, como estoy chapado a la antigua pensaba pedir que me pusieran una de aquellas monótonas y gangosas de hace 30 años. Voz de chica, mejor.
Yo no quitaba ojo de la pantalla del mapa y en cuanto ví que se saltaba otra vez la entrada al laboratorio ya me cabreé de verdad. Esto ya era demasiado.
Aunque no hacía falta ni hablar, no pude evitar alzar la voz: “¡Quiero ir al laboratorio de Vulica! ¡La segunda ley de la robótica es que me tienes que hacer caso, así que dá la vuelta y vamos allá!”.
Esperé un momento y sin dar más explicaciones se paró en la primera zona de detención. De momento no supe cómo reaccionar, pero pensé un comando interrogativo: “¿qué sucede?”.
No hubo respuesta a la pregunta, ni reacción cuando dije “reemprender la marcha”.
Entonces le grité: “¿Qué diablos pasa aquí? ¡Llévame al laboratorio!”.
Iba a añadir, “mula terca”, pero pensé que el coche no cogería el sentido a la frase. “Trasto inútil” tampoco iba a valer para nada, y si entendía el concepto quizá se sintiera ofendido y fuera peor, porque las puertas estaban cerradas, y yo dentro. Y ya se estaba haciendo de noche.
La voz casi humana, en un volumen muy bajo y con tono forzadamente neutro pero muy firme dijo: “¡NO QUIERO!”.
Tras un momento, encendió la luz interior y me abrió la puerta.

¡Uff!, menos mal.

Esta firme negativa, me había dejado sorprendido. Era necesario cortar por lo sano, no sé hasta dónde era capaz de llegar su mente artificial, pero esto de resistirse a ir por su propio pie hacia su propio final era anteponer la tercera ley a la segunda, o sea anteponía su propia pervivencia a la obediencia, y eso no se puede tolerar.

Desde los primeros modelos estos trastos tienen una trampilla que descubre una cinta roja que en caso de emergencia hay que estirar fuerte para que todos los circuitos queden sin tensión. Y está claro que esto era una emergencia.
Pero lo malo es que ese tirador está en el morro. Así que dudé antes de ponerme delante del vehículo para abrir la tapita, no se le fuera a ocurrir atropellarme. La verdad, pienso que sería mejor que la pusieran a un lado, por si acaso un coche decide saltarse la primera ley “no dañarás a un humano”.
Pero como el trasto estaba decidido a posponer sus momentos finales adivinó mi intención y decidió recular en cuanto me acerqué al morro. Cada vez que yo acercaba la mano, él iba reculando. Hasta que llegó al extremo del área de detención y paró finalmente muy cerca del seto pero sin llegar a tocarlo. Supongo que su inteligencia no llegaba a darse cuenta de que no eran más que unos arbustos y que podría haber seguido huyendo, pero no encontró más alternativa y decidió rendirse.
Así que abrí la trampilla y tiré de la cinta roja que corta absolutamente todos los circuitos. Fue una sensación rara ver cómo la luminosidad de las pantallas iba decreciendo y cómo las luces se apagaban poco a poco, dejándolo todo oscuro.
En el último momento me pareció que su voz decía algo, y me pareció que repetía varias veces el NO QUIERO de antes hasta que se calló para siempre.

Me supo muy mal tener que hacer esto a quien me había llevado y acompañado tanto tiempo, pero no me atrevía a volver a confiarle mi vida.

Lo que os he contado fue ayer por la tarde.
Al momento me llamaron desde el centro de control de la marca porque habían recibido la alarma del corte de emrgencia. Mandaron una grúa para el trasto, señal de que tampoco se fiaban ellos de volver circulando. Y para mí, mandaron un sencillo vehículo de cortesía, que me llevó a casa.
Me han pedido todo tipo de excusas, y me acaban de traer mi coche totalmente renovado, sin coste ninguno.
En realidad es casi otro coche diferente, según lo que me ha explicado personalmente una persona física (de carne y hueso) que se han molestado en mandarme. No sabía ni siquiera que tuvieran en plantilla asistentes humanos; les deben salir por un ojo de la cara. Me ha instruido acerca de las nuevas cualidades del sistema sobre un simulador que ha ejecutado en mi sistema doméstico y me dado plenas garantías sobre la fidelidad del nuevo coche, y de momento le he creído porque parecía una persona de fiar.
El coche lo han dejado abajo, aparcado sobre el bucle de inducción. Me acabo de asomar y veo que por fuera no hay diferencia salvo en la pegatina que acredita que cumple los nuevos estándar. No sé.
Creo que ya no me fío de él, aunque su cerebro sea otro. Y si éste que le han puesto es más listo que el anterior, casi me fio menos todavía.
Quizá lo podría probar, pero si me monto, llegaré a conocerlo personalmente y luego me sabrá mal despedirlo.

Así que antes de tratarlo y tomarle aprecio, he decidido poner ahora mismo una orden de venta y compraré un coche de otra marca. Nunca se sabe.

Y me compraría un histórico de aquellos que había en los primeros años 20 en los que tú mismo manejabas el volante, si no se hubieran prohibido hace unos años por motivos de seguridad. Si me lo llegan a contar cuando me compré el Seat 127, no me lo hubiera creído.

esendraga, julio 2017.

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LA CHA CHA CHAH.

(Secuela 5ª de las Leyes de Asimov sobre robótica)

Primero tuvimos una Roomba, y luego una Conga, pero hemos pasado por alto la Samba 365 que la verdad es muy atractiva con sus botones en el lomo, pero con esos colores tan llamativos parece más un jueguete que un robot colaborador.

Ahora ya hemos llegado a la Cha Cha Chah, ultimísimo modelo de cacharro autónomo limpiador de suelos.

sAMBA

La primera era uno de los modelos más primitivos y era tonta de remate: iba dando tumbos de acá para allá, se escoñaba con todos los muebles y pasaba por donde su piloto ciego la llevaba, o sea sin un objetivo en la vida, pero aún así nos resultó útil.

Luego vino la Conga (con sistema de control 2.0). Esta era un poco más lista y  tenía su mando a distancia y todo, como las teles. Era muy sistemática: primero hacía el centro de la habitación, y luego iba por los bordecitos, así que bien. Además, si le quitabas la caja recoge basura y le ponías en su lugar otro chisme, fregaba y pasaba la mopa. ¡Qué olor a limpio dejaba tras de sí!

De todas formas era un poco rebelde porque si la ponías a la entrada de una habitación orientada hacia su interior, lo primero que hacía era darse la vuelta y salir directamente por la puerta. En este caso había dos opciones para hacerla cumplir, o la volvías adentro con el mando a distancia como si fuera un coche teledirigido, o le dabas unas gentiles pataditas en los sensores para que volviera a entrar. Y luego había que cerrar la puerta, claro.

Muy lista tampoco era porque muchas veces no encontraba el camino a su casita cuando tenía hambre. Cuando le quedaba poca batería se supone que tenía que volver a su base para cargarse, pero la mitad de las veces nos la encontrábamos medio muerta de hambre debajo de un sofá o sitios así. Parece que buscaba los rincones ocultos para vivir sus últimos momentos antes de que le llegara el letargo mortal por falta de bombeo de electrones.

A veces hacía tonterías como pasar por encima del interruptor de una lámpara de pié que hay junto al sofá y como se creía muy graciosa, iba y la enciendía. La reñí varias veces, pero nunca  me hizo caso.

Otra cosa, si iba corta de batería y acertaba con la base, recuperaba fuerzas. Pero una vez volvía a estar en forma se olvidaba de la tarea que tenía a medias, así que le falta un firmware un poco más diligente y menos vago.

Por último, tenía una manía mu mala: cuando había un corte de luz, aunque fuera breve, se ve que pensaba: “Si esta teta no me da lo que necesito, pues me voy a dar una vuelta”.

Antes de saber esto, una noche me despertó un ruido, salí sigiloso para ver quién podría haber entrado  y casi me dá un pasmo cuando veo su espectral luz azul aparecer por sorpresa desde el recibidor. Me tuve que tomar una tila para poderme dormir de nuevo, porque el corazón no me bajaba de 110 ppm.

Acaba de llegarnos la super moderna Cha Cha Chah que estamos probando. Ya he hecho el unboxing oficial, que voy a colgar en youtube para que mis followers sean witnesses del event.

No sólo aspira y barre sino que ella sola se limpia el culito, digo el depósito. Además te saca un plano de la casa y en el móvil te informa de donde está en cada momento; será para que no tropieces con ella. Si te molesta que entre donde estás le dices “Cha-Cha, baila fuera” y se va. O si hablas por teléfono o te molesta su ronroneo, basta hacerle “Chisss” y pasa automáticamente a “Silent mode” y si lo haces de nuevo, agacha las antenas y se va con sus aspiraciones a otra parte. Pero la muy borde está atenta y en cuanto sales de esa habitación se mete para trabajar tranquila.

En sólo una mañana ya me ha reñido por dos cosas. Primero ha protestado porque he cambiado una silla de sitio: ella ya la tenía apuntada en un lugar y claro, pierde eficiencia cuando se la encuentra donde no toca, porque tiene que cambiar la ruta, y la luz está muy cara, según me ha dicho.

¡Ah! una cosa genial es que si te dejas un cable de cargar el móvil por el suelo, te lo enrolla y te lo deja junto a la puerta para que lo veas.

Pero luego, al salir del cuarto de estudio ha protestado de que la proporción de migas entre la basura recogida era exagerada. Y mientras se alejaba por el pasillo hacia la cocina, me ha espetado con autoridad, aunque con acento cubano: “Señorito, no es más limpio el que más limpia, sino el que menos ensucia”.

¡Hay que ver cómo está el servicio hoy en día!

esendraga, octubre 2018.

Ha hervido unas judías verdes

Ha hervido unas judías verdes, y ahora tiene la sartén en el fuego con un poco de tomate frito para acompañarlas.
Desde que su mujer necesita andador para moverse por la casa, él se ha hecho cargo de muchas tareas domésticas.
Mientras el tomate se va haciendo despacito, lava un par de cacharros y mira distraídamente por la ventana que hay delante del fregadero. Ve la gente pasar, ve el tráfico. Un trozo de cielo azul, que justo ahora está cubriéndose de nubes.
Suena el ding-dong de la puerta y él, secándose las manos, asoma la cabeza fuera de la cocina, pensando que quizá no ha oído bien porque nunca viene nadie y menos a estas horas.
Al timbre siguen tres golpes en la puerta que suenan fuerte pero amortiguados, como dados por alguien muy decidido pero con guantes.
Y se oye una voz:
– “¡Abra, es la policía!”

Sorprendido, avanza hacia el recibidor. Supone que será un error o que le quieren avisar de algún incidente o emergencia.
Abre la puerta decidido y confiado, pero aún así desde fuera la empujan con firmeza, como para asegurarse de que él no la vuelva a cerrar.

Dos policías se plantan delante y lo miran a él y luego por encima de él para hacerse una idea de la casa y de si hay alguien más. Al ver mirar hacia el interior a los policías, él se gira instintivamente, y en ese momento oye su propio nombre y apellidos dicho por uno de ellos, en tono autoritario e interrogante.

Uno de ellos ha dado un paso dentro de la casa y pregunta:
– “¿Es usted?”

En cuanto tartamudea un sí, el agente que no ha hablado, avanza y lo toma del brazo, mientras el otro prosigue:
– “Nos tiene que acompañar, Está detenido”.
– “¿Detenido, pero, por qué, qué pasa?”
– “Está acusado de dos delitos de agresión sexual y uno de lesiones”

Mira hacia atrás y al fondo del pasillo ve a su mujer que sale del aseo con su andador y está viendo la escena.

Se miran un momento, sorprendidos, incrédulos. Los policías miran por encima de Antonio y la ven acercarse arrastrando el armazón de aluminio con ruedas de goma y manillar verde fosforito.
– “!Señora, por favor, no se acerque!”, dice el poli, aunque convencido de que no le va a hacer caso.
– “Oiga, no diga tonterías, mi marido tiene casi 70 años y sólo sale a hacer la compra o a acompañarme a pasear cuando hace bueno. ¿Cómo va a hacer eso que ha dicho?
– “Señora, esto se le explicarán a su marido en comisaría, y ahora por favor, señor, entre en casa, mi compañero va con usted, coja lo que necesite porque seguramente va a pasar un par de noches en comisaría y luego no sabemos”.

El matrimonio se mira, no entienden nada.
– “No puedo dejar a mi mujer, casi no puede moverse y no puede estar sola ni una hora”.
– “¿No tiene a nadie que pueda quedarse con ella?”

La pareja se mira desesperada.

El policía levanta la cabeza mirando hacia el fondo de la casa y hace varias aspiraciones cortas por la nariz para preguntar enseguida:
– “¿Tienen algo en el fuego?”

Y le hace un gesto al otro, que suelta el brazo de Antonio y corre hacia la cocina, de donde ya se ve salir un poco de humo. Se oye trajín, pero ni Antonio ni la mujer se mueven del sitio. Al cabo, vuelve a salir el poli, que tose un poco y va hacia el comedor a abrir una ventana. Con la corriente, el humo se dispersa pronto pero el olor a tomate quemado queda cada vez más patente en el aire.

– “Oiga agente, que mi yerno es abogado y le voy a llamar para que aclare esto ahora mismo”
– “Pues tienen ustedes suerte, porque les va a hacer falta: este asunto tiene mala pinta. Además puede aprovechar y decirle que mande a alguien para quedarse con usted, porque a su marido nos lo vamos a llevar sin excusa ninguna.”

Él está bloqueado y su mujer ha ido renqueando hasta el teléfono. Se la oye hablar.
Mientras tanto el policía que entró a apagar el hornillo le insiste en que prepare una bolsa con lo necesario. Lo vuelve a coger del brazo y como el hombre no se mueve lo estira hacia dentro de la casa diciendo, venga yo le ayudo que no tenemos todo el dia y son casi las dos.

Cuando están en el cuarto de baño cogiendo el jabón de afeitar oyen a la mujer que llama a gritos al policía que está en el recibidor hablando por el walkie. Al oir los gritos de la señora, dice al aparato:
– “Te dejo ahora, voy a ver si nos podemos llevar al viejo. Ya te mando el informe luego.”

Por teléfono el yerno sólo ha conseguido que le dijeran a qué comisaría lo llevan. Y ha prometido a su suegra dos cosas, que buscará a alguien que vaya a hacerte compañía, y no decir nada a la hija.

Ahora está en un calabozo, pequeño, algo oscuro, pero menos mal que está sólo.
Cuando le han traído un sandwich prefabricado, una botella de agua y una manzana se ha acordado de las judias verdes con tomate frito que estaba haciendo. La sartén estará tan requemada y reseca que costará sacarla a luz.

En la sala de interrogatorios un chico y una chica, de paisano, que le parecen demasiado jóvenes, le enseñan unas fotos de unas mujeres. Alguna en blanco y negro y otras en color, se nota que son antiguas. Le preguntan si reconoce a las mujeres.
Con sinceridad responde que no. Le piden que recuerde cosas antiguas, de unas fechas de hace exactamente 41 años.
Le dicen que estas chicas fueron violadas, y una de ellas, además fue fuertemente golpeada.
Le siguen preguntando, le enseñan fotos de un parque. Le muestran la ubicación en un plano, le insisten y él se aturrulla.
– “Yo no hice daño a nadie.”

Le dicen que están seguros de que él tuvo que ver en ambos casos.
– “¿Pero por qué me preguntan justamente ahora y a mí por estas cosas que pasaron hace 41 años?”
– “Porque nos consta que fué usted quien forzó a aquellas dos chicas y golpeó a la segunda.

Él recuerda varias ocasiones durante la época en la que trabajó en la tienda. Era justo la primavera del año que le dicen, estaba sólo. Había una chica muy atractiva que vivía en el portal justo delante de la tienda. Desde su mostrador la veía cómo iba y venía con algún chico, siempre muy desenvuelta.
Todavía le parece verla a través del escaparate.

Pero detiene la ensoñación, recobra el momento presente e intenta pensar fríamente.
– “Oigan, después de estos años, ¿por qué iba a ser yo quien golpeó a la chica?”
– “¿Usted recuerda que antes de jubilarse se hizo unas pruebas de ADN con unos compañeros de trabajo? ¿Por qué se las  hicieron?”

Lo recuerda, fue una tontería. En la oficina apostaron a ver quién tenía más de cromañón o de neandertahl o algo así. Eso de analizar fácilmente el ADN era una cosa nueva y discutieron sobre ello. Pagaría los análisis quien tuviera más de hombre primitivo. Al final resultó ser el jefe del departamento, que se pilló un buen rebote.

Y pregunta a los polis:
– “Pero, ¿qué tiene que ver esto con esos casos de los que me acusan?
– “Mire, la empresa de los análisis hace públicas partes de los resultados. Tenemos copia de un documento que usted firmó autorizándoles a dar datos anonimizados. Y hace poco se han analizado por métodos modernos pruebas de casos antiguos no resueltos, se han cruzado los datos con muchos análisis y en este caso es seguro que usted fué el autor en estos delitos.”

No entiende algunos detalles de lo que le cuentan, pero recuerda que en aquella época él estaba sólo y veía pasar a la morenita del pelo corto. Él no quería hacer daño a nadie, y les cuenta que una tarde, ya anochecido, estaba bajando la persiana de la tienda, cuando la sintió pasar por detrás de él, sola. Iba hacia el final de la calle, hacia el parque.

Dió vuelta a la llave y la siguió. Con su pelo muy cortito y su largo cuello, se contoneaba sin saberlo delante de él. La alcanzó ya en el parque. La chica se resistió, pero cuando se dió cuenta de que él era más fuerte y estaba encima, casi dejó de forcejear. Les dice que no le hizo daño.
– “¿Pelo corto?”, le preguntan.
– “Si, muy corto, morena”

Los dos interrogadores se miran; este caso no figura como denunciado, ni en esa zona ni en esas fechas.
– ¿”La volvió a ver?”
– “Durante unos días no se la vio por el barrio, hasta que una mañana salió cargada con una maleta y unas bolsas. Subió en un taxi y ya no la vi más.”

Le preguntan si repitió la hazaña más veces. Y él vuelve a insistir en que no les hizo daño, y que sólo le pasó dos veces más.
– “Pero yo no les quería hacer daño. Otra fué una clienta, algo más mayor. Con ese aire serio que me dejó atrapado, pero yo era muy tímido. Hasta que me la encontré una noche al salir de la tienda…”
– “¿Es ésta?”, le preguntan.

La foto es mala y los ojos que la miran ven borroso.
– “Quizá, no lo sé, han pasado más de cuarenta años”.
– ¿Qué le hizo?
– “Como era clienta, temí que me fuera a reconocer y me tapé con un pañuelo. No fué tan fácil como con la chicuela.”

Intenta recordar.
– “Sí, a esta la tuve que amenazar, sin palabras, con lo primero que encontré, mi boli Inoxcrom de acero. El brillo metálico y el miedo que debía tener, le hizo pensar en que era una navaja o algo así. Cuando acabé, la volví boca abajo y me marché a casa. Que conste que no le hice nada malo. Nunca la volví a ver”

Los polis jóvenes le miran fijamente. Uno de ellos coge una de las fotos, se la pone al detenido pegada a la cara y empieza a decir airado:
– “O sea que violar a una mujer no es hacerle daño? ¿Pero usted se piensa que …?”.

Su compañera le pone una mano en el brazo indicando que pare y espere.
– “¿Qué pasó después?”
– “Nada. Bueno en el barrio se habló de lo que había pasado, vino un policía de paisano a preguntar por las tiendas y también a los vecinos, pero el asunto se olvidó”
– “¿Cuántas veces repitió?”
– “Creo que sólo una más”
– “¿Y…?
– “Era la dependienta de la frutería que había en la calle, una chica de pueblo pero guapísima y que en aquel momento me pareció la mujer más atractiva”
– “¿Y qué le hizo a esta?”
– “Pues más o menos como las otras. He intentado olvidar todo lo que he podido”.
– “Creemos que a esta, además, la golpeó”

Les cuenta que fue un accidente, que le gustaba la chica y no quería hacerle daño, pero se resistió tanto, que tuvo que hacer mucha fuerza, y que en el forcejeo, ella se dio con el canto de una piedra del suelo en la cabeza.
– “En ese momento, noté que dejaba de forcejear y vi que tenía los ojos cerrados. Cuando acabé y fui a ponerla boca abajo para que no me viera al irme noté el tacto de la sangre que le salía de la brecha de la cabeza. Creo que no era un corte muy grande, pero estaba oscuro y me entró un miedo atroz”

Les cuenta que no fue a su casa, no sabía qué hacer. Caminó mucho rato y al final se decidió a dar aviso.
Entró en una cabina, metió la única moneda que llevaba en el bolsillo y marcó el 091. Sólo dijo que en el parque tal, había una chica herida, y colgó antes de que le hicieran más preguntas.

La frutera desapareció del barrio y nunca más se supo.
– “¿Y después de esto ya no se le ocurrió repetir su jugada?
– “Al poco tiempo me ofrecieron trabajo en una oficina y dejé la tienda, además ese mismo verano conocí a mi mujer. Les juro que jamás he vuelto a hacer daño a nadie.”

Lo hacen esperar todavía en la misma sala, le enseñan más papeles, más fotos, le hacen recordar otra vez, le enseñan otros papeles, le vuelven a preguntar, le hacen firmar.

De vuelta a la celda, quiere dejar de recordar pero no puede. La imagen que ha visto de la frutera, no sabe por qué motivo, le recuerda en algo a su hija. Tantos años sin pensar en ello, sin acordarse de nada, y ahora su cabeza está tan llena de imágenes y sensaciones que ya no le caben.

Es tal la angustia que se acerca a una esquina y vomita.

Se tumba en el camastro, pero es peor y se levanta porque además se le ha irritado el esófago y la garganta. Bebe agua.
Y luego no para de dar vueltas a la celda, cuatro pasos, media vuelta, cuatro pasos, media vuelta. Sigue viendo la cara de su hija en una de las fotos, y recuerda la tarde calurosa de primavera en el parque desierto, recién anochecido. Le viene de golpe el aroma de esas flores silvestres blancas, pequeñas, que huelen tan fuerte al principio de la primavera, pero que no sabe cómo se llaman.

Nota en las manos el tacto pegajoso de la sangre. Nunca más ha tocado sangre y nunca ha vuelto a notar esa sensación, pero lo recuerda perfectamente y le vuelve a entrar el mismo pánico de hace 41 años.
Al final se marea y se cae.

Abre los ojos poco a poco y se despierta en una especie de enfermería. Siente algo raro en la ceja, se toca la frente y nota que tiene un esparadapo grande encima del ojo derecho, y que le duele si lo aprieta.
Un tipo con bata se le acerca por un lado de la camilla y le dice que le han dado tres puntos.
A él le dá lo mismo.

Entonces oye una voz al otro lado.
– “¡Hombre, suegro, ya has vuelto! Les he dicho que era tu abogado, aunque ya sabes que no suelo trabajar en estas cosas, pero todo sea por la familia.”

Lo observa porque le extraña el tono que ha empleado.
– “Mira, suegro, vas a tener suerte. La suerte que a veces tienen los cabrones más grandes. Me lo han contado todo y no hay duda de que fuiste tú. Y a saber si no hiciste alguna más. He leído tu declaración ”

No sabe qué decir y vuelve a cerrar los ojos, no quiere saber nada.
– “Me gustaría que te encerraran, pero te vas a librar de la cárcel, porque los delitos han prescrito. De todas maneras te voy a hacer sufrir lo máximo posible. Si como abogado tuyo lo solicitara, te mandarían a la calle mañana o pasado. Pero no voy a hacer nada y como has confesado además un nuevo delito que al parecer no fue denunciado, el lunes estarás en manos de un juez que estudiará los tres casos. Voy a dejar que te metan en preventiva. Quizá sólo sean un par de semanas o quizá un mes, que desgraciadamente no será mucho más. Y es lo mínimo por lo que has hecho y por habernos tenido engañados, sobre todo a tu mujer y tu hija. He visto que has declarado que no querías hacerles daño. ¡¿Qué?!. Si no eras capaz de darte cuenta por las ellas o por ti mismo, ¿no has pensado nunca en tu hija? ¿Y ahora en tu nieta?”

El yerno le sigue hablando cada vez más cabreado, pero él cierra los ojos. Ni siquiera los abre cuando lo devuelven a la celda. Y tampoco cuando lo trasladan a prisión tres días después.

Vuelve a tener que repetir toda la historia dos veces más. Le hacen mirar las fotos, le hacen recordar otra vez.
Después le vuelven a pedir que recuerde más datos sobre lugares y fechas relativos a la morenita, a la primera, la que al parecer no denunció nada. A él le parece normal que no lo denunciara, porque no le hizo nada de daño. Ni a las otras tampoco. Salvo a la frutera, pero eso fue un accidente y además llamó para que la atendieran debidamente.

A partir de la segunda semana las imágenes de la frutera y de su hija se confunden totalmente. Ya no sabe qué pensar. Tantos años convencido de algo y ahora ya no está seguro. Pero ya no siente nada, o casi nada.

Al final pasa cinco semanas encerrado, aunque si se lo preguntaran, él no tendría ni idea del tiempo transcurrido.

Cuando finalmente lo sueltan, los de la puerta le entregan un sobre cerrado. Le dicen que es de su abogado. Como destinatario viene su nombre y abajo con letras mayúsculas hay escrito: NADIE VA A VENIR A RECOGERTE. ARRÉGLATELAS
El sobre tiene un pequeño bulto.

Con el sobre en la mano se queda plantado junto a la puerta que acaban de cerrar tras él.
Empieza a andar, cruza el parking y pasa junto a unos arriates con césped seco y unas flores silvestres blancas. Cuando su olor le llega, su cabeza le lleva 41 años atrás y está a punto de perder el equilibrio.

Al fin llega a la parada del autobús. No hay donde sentarse y espera de pie, con el sobre en la mano y su bolsa en la otra.

El autobús va vacío y se sienta al fondo. Mira el sobre y está tentado de tirarlo por una de las ventanillas abiertas a su lado.
Pero su cabeza da vueltas y aunque no es consciente de que lo piensa, empieza a preguntarse qué va a ser de él a partir de ahora, y al cabo de un rato se decide a abrirlo.
Es un papel impreso desde un ordenador. Mira la firma y es de su yerno, así que tarda varios kilómetros en reunir valor para leerla. Y luego la lee una vez más.

Tiene que cambiar de bus en la estación y mira a la gente mientras espera. Van todos tan normal, como si no pasara nada; una pareja pasa hablando, dos amigas van riendo. Otro habla enfadado por el móvil. Un abuelo con su nieta van de un sitio a otro, tomados de la mano.

Le han dejado en el sobre las dos llaves que necesita para entrar en su casa.

La carta le informa de que su mujer ha pedido irse a una residencia, pero que no pregunte a nadie porque no le van a decir a cuál, ella no quiere volver a verlo.
Le dejan la casa para que viva y en la libreta del banco le van a mantener un saldo mínimo para que pueda subsistir.
El yerno le dice que por él lo hubieran dejado en la calle. Dice que está haciendo esto, que es lo que le han pedido, pero quiere dejar constancia de que es en contra de su voluntad.
Por supuesto que no intente ni llamar ni ir a su casa.

Cuando sube, está todo un poco revuelto. Deja la bolsa en el recibidor y recorre la casa.
Pone el piloto automático y empieza a recoger y a ordenar un poco.

Luego, intenta limpiar la sartén en la que se quemó el tomate. Antes le gustaba lavar los platos y mirar por la ventana que tiene delante del fregadero, ver a la gente, ver el tráfico.
Ahora mira pero no ve nada, ya no le interesa.

Le hace bien concentrarse en rascar el tomate quemado y reseco.

esendraga, octubre 2018.

(Agradezco la información de tipo legal que amablemente me ha prestado por tweeter @JudgeTheZipper)

CARTA ABIERTA A MI AMIGO OLAUS, el noruego indepe.

Me permitirás lo de “amigo” solamente como una manera de hablar, porque sólo nos hemos tratado a través de unos pocos tuits, y te tuteo porque en la foto tu aspecto es de tener la misma edad que mis hijos.

olaus

Y perdona que no escriba en inglés porque si ya cuesta poner las ideas claras sobre papel, más difícil es hacerlo en un idioma que no es el propio. Caso de que leas esto, si algo no entiendes me preguntas por DM a @esendraga, o a esendraga@gmail.com

Hace unas semanas caí en tu perfil por el retuit de alguien, y claro me llamó la atención que un noruego de Oslo se posicionara tan radicalmente en el lado indepe (de Catalunya, se entiende). Te contesté argumentando algo en contra, en términos educados, y respondiste en términos igualmente educados pero mostrando unas muy firmes convicciones indepes.
Nos hemos “hablado” por tuits varias veces y a mí me sorprende encontrar bastantes personas que, siendo como tú de países lejanos, se pronuncian con profusión de mensajes y con una autoridad temible acerca de Cataluña, de España y de los españoles.

Inicialmente yo pensaba que erais gente de buena voluntad, demócratas convencidos, que leyendo y pensando por su cuenta, y quizá con información parcial y/o sesgada, habían llegado a coincidir con algunas de las tesis nacionalistas de Cat.
En tu caso, mis primeras respuestas iban encaminadas a darte información u opiniones divergentes a las tuyas, por ver si podía hacerte ver las contradicciones o la falta de base en algunas afirmaciones.

os enganan

Me quedé bastante sorprendido cuando parecías conocer mi país, mis conciudadanos y nuestra historia mejor que yo. Quizá estés realmente mejor informado que yo, pero sospecho que simplemente habéis comprado entero el lote estándar de argumentos indepes: indudable el carácter casi sagrado de la nación catalana, derecho inalienable a autodeterminación, que votar es un valor superior a cualquier otro, que los presos “políticos” están en la cárcel por sus ideas, que el resto de los españoles somos fascistas, represores e ignorantes, and so on.

Entiendo y comprendo cómo muchos catalanes han acabado siendo independentistas y odiando todo lo relacionado con lo que llaman Ñ, y para que te hagas una idea, te cuento varias posibilidades a continuación.

– Por ejemplo personas mayores que en carne propia o de familiares sufrieron directamente juicios sumarísimos, fusilamientos, torturas y represión durante la guerra o en la dictadura, que les ha generado una animadversión y odio hacia el “régimen” que de alguna manera han ligado a todo lo que sea España o lo español, esto es entendible.

– Y también es humano que hayan criado a hijos y nietos en ese resentimiento y ese odio. Algunos han vivido como en una burbuja de resentimiento en la que han incluido a todos los suyos, de forma que pasan las décadas pero a base de repetirse mantienen en carne viva las ofensas.

– Conozco niños digamos nacidos entre los años 40 y 60, criados íntegramente en su lengua materna dentro del entorno familiar totalmente catalanoparlante, que comenzaron el colegio durante la dictadura y que se encontraron con maestro integrista castellanoparlante, quizá un falangista como uno que tuve yo, que obligaba a los niños a hablar castellano, bajo pena de palos y violencia verbal. También es explicable en estos casos la generación por extensión de odio a todo lo español.

– He leido sobre Puigdemont, cuyos padres quisieron inscribirlo como “Carles”, pero el funcionario encargado era tan español que sólo permitió anotarlo como “Carlos”.
Y parece que esto fué un punto añadido de animadversión. No puedo dar fe de este caso.

– Desde los años 80 la educación en Cataluña ha estado controlada y dirigida por el pujolismo. Si aquí dijera que la escuela catalana adoctrina me llamarías fascista y dirías que ataco a algo sagrado como el ensenyament en català. Por tanto sólo voy a concretar que a los niños se les dejaba caer que su cultura, su lengua, sus derechos como “poble” eran “diferentes” a los de los demás.

– Cuando repites a un niño o a un grupo de ellos que son diferentes de los de fuera o de los que vienen de fuera, o sea, superiores como grupo, se lo acaban creyendo y es inevitable que tal conciencia debidamente orientada en su entorno escolar y social, acabe fraguando en algo colectivo con mucho potencial como has podido ver en la diada. Es una fuerza real, que partiendo de un sentimiento difuso, acaba en un convencimiento, una creencia, una FE que se sostiene a sí misma con apoyo del grupo social, y siempre al margen de la racionalidad.

De forma continuada este conjunto confuso de creencias, sentimientos lugares comunes y sofismas recibe refuerzos de todo tipo a través de los políticos y de los medios de comunicación afines. El victimismo es super-efectivo en estos casos y lo vemos en el caso Cat continuamente. Todo es culpa de los OTROS, que no nos aprecian en lo que valemos, no nos respetan y nos odian por ser como somos.

Y claro, una vez las cosas así, ya es un problema político “que ha de resolverse políticamente”.

unicorn

Los indepes adoptivos de origen centro o nord-europeos como tú, que supongo criados en países limpios, democráticos, honrados, y racionales no habéis mamado ninguna de estas situaciones, por lo que la única explicación es que todas estas ideas os han sido inculcadas por algunos creyentes. Estoy seguro que en gran parte de vuestros casos os unen lazos familiares o de amistad muy fuertes con convencidos militantes indepes. Es la única explicación psicológica posible para esta adhesión a la causa y esta fortísima animadversión hacia los oponentes y los equidistantes.

Yo entiendo que debe ser una experiencia única y fantástica la de venir a una diada, disfrutando de una jornada soleada y colorida, paseando por una estupenda ciudad como Barcelona gritando consignas revolucionarias con palabras que son hermosas en sí mismas como las de independencia, democracia y libertad, todo ello junto a otro millón de personas, honrada y sinceramente emocionadas. La sensación debe ser acollonant, como si fuera un gigantesco parque temático pero siendo de verdad, aunque sin peligro porque la gente es pacífica, la poli no aparece y está perfectamente permitido todo lo que sea expresar opiniones, gritar, silbar a que quien te plazca o colgar lazos en el mobiliario urbano. Incluso los que quieren emociones más fuertes pueden quemar retratos y banderas sin más preocupación que la de no quemarse con las cerillas.

banderas
(Certera viñeta aplicable a nacionalistas de cualquier lugar. El Roto, 2017)

El aliciente aumenta porque los indepes locales valoran y aprecian tanto cualquier apoyo internacional, de los que no andan sobrados, que agasajan e invitan a cualquier extranjero que les muestre su solidaridad y contribuya a la difusión de sus posturas más allá de los Pirineos.

Me llama mucho la atención esa incidencia que los indepes extranjeros, como tú, hacéis en lo fascista que es el estado español, en que los apanyoles somos muuyy franquistas, muuyy incultos y muuyy brutos. Y también la insistencia en lo podrido del sistema político, judicial y económico de Ñ.

Pues tienes razón en que tenemos muchas asignaturas con “insuficiente” y otras con un “necesita mejorar”. Pero resulta que tuvimos demasiados años de dictadura y que por nuestros medios no fuimos capaces de liberarnos de ella, hasta que franco se murió por propia iniciativa, y hay que decir que no recibimos en aquella época mucha ayuda de vuestros estupendos países tan avanzados, sociales y equitativos.

A finales de los 70 yo estaba aquí junto a millones de conciudadanos, haciendo lo que podíamos para mejorar este país tan atrasado. Trabajamos duro, viajamos a otros países para ver cómo podrían ser las cosas, e intentamos recuperar el atraso lo mejor que supimos.
Tuvimos hijos y los educamos en la libertad, en la conciencia de los derechos humanos, con la firme creencia en la igualdad de las personas y con la idea de intentar trabajar para que todo mejorara.

Ya sabemos que el resultado no cumple nuestros sueños y que hay mucho que mejorar. Soy el primero en deplorar muchas de las cosas del país que me ha tocado.

En cuanto al poble de Cataluña, en estos 40 años, ha sido parte de España y plenamente copartícipe, con su cuota del 15% de población o del 18% de su PIB si te gusta más, de todo lo bueno y lo malo que tenemos. Incluso su influencia en el estado actual de las cosas ha sido superior a estos porcentajes debido a que la ley electoral española da más peso a los partidos regionales y nacionalistas.

Los gobiernos de Pujol y sucesores, con frecuentes mayorías absolutas, han participado en gobiernos estatales, en elaboración de leyes y en la evolución de España. Por eso resulta sorprendente e inadmisible que ahora muchos catalanes despotriquen del estado injusto y opresor, siendo que al menos un elevado porcentaje del resultado actual es de su directa responsabilidad.

Y en el campo internacional, te pregunto: viendo lo concienciados que estáis ahora con las injusticias españolas y todo lo mal que funcionamos, ¿dónde estabais los noruegos en los años 80 para ayudarnos y guiarnos?

Pues no recuerdo ninguna influencia clara por vuestra parte. Quizá algún abuelo tuyo pudo estar en las brigadas internacionales, lo que sería de agradecer, pero ya queda muy lejos y además, desgraciadamente, aquellos sacrificios fueron casi baldíos.

Y te digo que si tú no estabas aquí ayudando, ¿a santo de qué te consideras con derecho a decir vicariamente lo malo y burdo que es nuestro estado y lo paletos y fascistas que somos los apanyoles?

Estas posturas y expresiones las entiendo en gente como el inefable Aamer Anwar que viene y habla porque forma parte de su trabajo de abogado, por el que supongo cobrará buenas minutas. No sé si Mikko cobrará o no, pero no entiendo que gente como tú lo haga desinteresadamente.

aamer    mikko   olaus perfom

Supongo que pertenecer a un rebaño, aunque sea de otras latitudes gratifica y reconforta. Y si además cubres la necesidad de trascendencia que todos tenemos, mejor todavía.

Pero deberías darte cuenta que dentro de un rebaño no se piensa, sino que solamente se sigue la cola de la oveja de delante. Tarde o temprano os daréis cuenta de que es un viaje hacia una idea romántica y bonita, pero extemporánea, incoherente con el mundo actual, y que en apariencia pretende ser un avance social, pero que muchos entienden como el regreso a un tiempo que nunca existió. La patria pura, sin forasteros que traen otras costumbres y otro idioma, nunca existió y ya no es alcanzable porque no se puede ni convencer a la otra mitad ni hacer que “los otros” se marchen.

Respecto al nacionalismo español. España no es más que un estado entre otros muchos. Como todos es una mera agregación, con fines administrativos, fiscales y de poder, de una porción del planeta situada dentro de unas líneas imaginarias trazadas por el azar de la historia. No es mejor ni peor que otra zona ni tiene más derechos que nadie sobre propios ni extraños. Considero que los territorios no tienen derechos y que por tanto eso llamado España no tiene siquiera el derecho a mantenerse como tal unidad sagrada de forma indefinida.

En la actualidad está constituida en 17 comunidades autónomas, y podríamos discutir si unas son más históricas que otras, porque tu opinas que sólo son buenas Cat, Pais Vasco, y quizá Andalucía, pero sería una pérdida de tiempo tratar sobre esto.

La realidad actual, nos guste o no, es que todas son legalmente semejantes y no hay ninguna con más “derechos” que otras. Por tanto, si algún día se llegan a fijar las condiciones para que la porción de territorio que quiera separarse lo pueda hacer (léete la Clarity Act de Canadá) y se abra la puerta, veremos qué pasa.

( https://esendraga.wordpress.com/2018/02/12/un-futuro-no-tan-improbable )

El caso es que esto de la disgregación de las unidades territoriales no parece tener sentido porque esta España está bastante integrada dentro de una estructura continental, la EU, que actualmente es más bien una birria, pero que es imprescindible que la defendamos y la mejoremos. Además, creo que en este siglo o el siguiente habrá uniones con otros continentes ya que el futuro, o es con todo el planeta unido, o no lo habrá.

Catalunya es un cacho más pequeño del mismo planeta también de contornos accidentales y arbitrarios, que no sé por qué los indepes dais como un recinto sagrado, territorio que desde hace unos cuantos lustros está integrado en las estructuras de España, pero puede dejar de estarlo, y no se iba a caer el cielo sobre nuestras cabezas. España tendría un 15% menos de habitantes, un 18% menos de PIB, pero nada que unos pocos impuestos más no puedan arreglar.

a garrotazos

De todas maneras, al igual que en Noruega y en toda sociedad, para que las gentes no estemos dándonos de garrotazos hay establecidas unas leyes que todos debemos respetar, pero que se deben ir cambiando para adecuarlas a las necesidades.

Tema presos políticos. Digo yo que si un atracador de banco es un preso económico porque ha robado dinero, los famosos presos catalanes son en efecto “presos políticos”: se han saltado unas leyes de carácter político que establecen cómo han de funcionar ciertas cosas en ese ámbito. No les acusan de haber votado una u otra cosa sino por haber tomado en el ejercicio de sus cargos, resoluciones fuera de lo establecido. Ahora dirás que la revolución consiste justamente en saltarse las leyes para establecer una nueva legalidad, pero en Europa y en esta época las cosas no pueden funcionar así. Ellos eran adultos, formados y tenían docenas de asesores gratis, de forma que eran plenamente conscientes de lo que les podía llegar a caer. Jugaron y creyeron que si mágicamente llegaban a la República.cat serían héroes y no les pasaría nada. Pero jugaron mal, se equivocaron de estrategia y perdieron, mala suerte. Es lamentable que haya gente en prisión y sobre todo por sus familias.
¿Es razonable la prisión preventiva en este caso? Pues quizá no.
¿Está justificada la prisión preventiva para un desgraciado que ha hecho de camello por necesidad  o un autónomo que ha firmado unos cheques sin fondos parar salvar su pequeña empresa?
Pues en algunos casos si y en otros no. Pero para decidir estas cosas pagamos a unos especialistas, jueces, fiscales y demás, para que lo valoren y decidan. Y lo que digan estos se ha de cumplir, salvo que se demuestre que ellos mismos se hayan saltado alguna ley por las que se han de regir. Esto sería lo que los finos llaman grandilocuentemente un estado de derecho. Puede que el nuestro esté un poco cojo, pero de momento no hay otro.
Pero no has de preocuparte en demasía por ellos, porque contra las sentencias que se dicten en primera instancia habrá lugar para diversos recursos, porque nuestro sistema es lento y no muy  bueno, pero garantista es un rato largo.

En cuanto a lo de la libertad de expresión, espero que tu estancia de un par de semanas en Catalunya te habrá permitido comprobar que nadie te detiene por pensar algo determinado, ni por gritar consignas de cualquier tipo.

Lo que transluces ciertamente es esa animadversión que te han transmitido a todo lo ejpañó, que parece que te hemos hecho algo personalmente. Y te muestras totalmente convencido de que vivimos bajo un horrible estado represor.

Bueno, yo viví los últimos años de la dictadura, que llamábamos la “dictablanda”, y te puedo decir que entonces no se podía expresar opiniones heterodoxas porque aquello sí se parecía más a la represión: la detención, incluso preventiva y sin garantías era cosa corriente. Y eso que la represión de los 70 ya no tenía nada que ver con lo que vivieron nuestros padres justo después de la guerra.

Este estado actual no es más opresor que cualquier estado de régimen capitalista. Si te has dignado darte una vuelta, con los ojos abiertos, por las afueras de Cataluña te darás cuenta de que está llena de gente corriente con un porcentaje similar a los catalanes en cuanto a honrados, estúpidos, buena gente, anormales, altos y bajos.

Que son exactamente los mismos porcentajes de media que en tu lejano Oslo, y más o menos la media de la especie humana.

Por último, veo que a veces pareces querer justificar las tesis indepes a base resaltar lo bestia que fue la poli el 1Oct o lo animales que son muchos fachas de esos que van con la bandera del aguilucho. Ambas violencias son ciertas, con los matices que se quiera, pero las posturas propias no pueden encontrar justificación intelectual ni política en lo estúpidos y bárbaros que sean algunos de tus “enemigos”.

Te aseguro que esos de brazo en alto y cruces gamadas son muy escasos, sus grupos son marginales y nadie los tiene en cuenta salvo si salen justamente a la calle por donde estés pasando. Pero te digo que viajo por España con cierta frecuencia y nunca he encontrado por ahí ningún grupo de estos. Sólo los he visto en fotos de tuiteros o en la prensa.
Supongo que en general serán sujetos un tanto desajustados personalmente y socialmente, y que cubren sus carencias con esas actitudes chulescas y violentas que todos rechazamos.

Actitudes del mismo tipo y que están en la línea de un tuit que vi ayer donde un señor muy catalán, aunque nada joven, arengaba a sus seguidores a hacer realidad lo que reza su himno: “afilar las guadañas, y dar golpes de hoz”.
Que ya estaba bien de aguantar el odio y la opresión de los apanyoles. ¿¡¿!?

el lazo el roto

El caso es que con este rollo de la indepe se ha conseguido que todo catalán se encuadre en un grupo: “o nosotros o ellos”.

Acabo de visitar Varsovia y Cracovia, y en ambas ciudades he intentado seguir los muros de los famosos guetos. No quiero hacer paralelismos porque no tiene nada que ver con la actualidad, pero en cierto sentido me ha hecho pensar que cuando la gente se divide entre nosotros y ellos, (ellos y nosotros, da lo mismo), es mal asunto.

Porque estés donde estés, uno mismo está siempre con los buenos, y toda la culpa de todo lo malo que pase es de los otros.

Olaus, te deseo buen regreso a tu pueblo, y por favor antes de meterte con nosotros y echar más leña al fuego, medita un poco lo que te he contado, que ya tenemos bastante con lo que tenemos.

Saludos

@esendraga , septiembre 2018.

Eik benek, eik blavek

“Donde las dan, las toman”, que dice el refrán syldavo.

Era un comercial que iba de viaje vendiendo algo que no pude averiguar aunque se tiró hablando cantidad de rato.
Ya había estado con el móvil de charla, con el que supongo era un compañero de trabajo, en la sala de espera de la terminal. Nos cambiamos de asientos para no aguantar la cháchara del sobrado.
Después subió al avión con el teléfono en la oreja, la maleta en la otra mano, y colgada la bolsa del portátil HP (poco nivel de material o de empresa, digo yo)
Por su culpa se formó cola en el superestrecho pasillo del aparato volador de raianair, porque como tenia un hombro placado contra el smartopone tenía libre solamente 1.5 mano y le costó un potosí subir la maleta al compartimento.
Y justamente, ¡oh maldición de Eolo, dios de los aires y los vientos!, nos toca que va justo en la fila de asientos de detrás de la nuestra.
Ya sentados, oigo que le dice a su colega: “Tío, menos mal que voy en la fila 14. Si me toca la 13, me da un yuyu”.
Al final, es el azafato quien le tiene que pedir que cuelgue, ponga modo avión y se abroche el cinturón.
20180915_192928-01
Una vez callado el colega, respiramos relajados para el despegue, por fin.
Pasan los asistentes revisando los compartimentos de equipajes y me fijo en que no hay fila 13: los números pasan del 12 al 14. Yo creía que era una leyenda urbana lo de saltarse  el 13, pero es verdad que estos irlandeses lo hacen.
Entonces me giro al comersial, y le pregunto a través del hueco entre asientos:
– “¿No serás supersticioso, verdad?
– “Bueno, un poco, ¿porqué?”
– “Porque vas en la fila 13…”
– “No, menos mal que voy en la 14”
– “No, no. Mira si cuentas, tu fila hace la número 13 pero la numeran como 14 para engañar”
– “H05T14 PU74, K48R0N35”
Desesperado, mira alrededor buscando alguien que le ayude, que le auxilie en este trance, pero no hay nadie de pie ni se ven sitios libres cerca, y estamos ya full throttle en la pista de despegue.
Me mira con odio y yo vuelvo a lo mio.
El despegue ha sido supersuave, miro atrás y lo veo agarrado con las dos manos a los posabrazos;  tiene los nudillos blancos de la tensión y los ojos cerrados.
Parece algo más pálido que cuando se chuleaba por teléfono con su colega.
Sonrío para mis adentros, y pienso: “Pues espera al aterrizaje y verás…”
“Eik benek, eik blavek”.
esendraga, septiembre 2018.

Vivo. Estoy vivo.

 Se había hecho tarde e iba, ya de noche, hacia la estación de Sans en un taxi con el tiempo justo para llegar al Euromed.

Vivo
Iba abstraído con la cabeza ocupada seguramente con tonterías del trabajo y sin darme cuenta iba mirando una lucecita LED azul en el salpicadero del taxi, que debía ser del cargador del móvil o algo así.

Primero estuve durante un rato hipnotizado por el efecto de la lucecita que, con los baches y el traquetreo, parecía ir bailando.
Cuando paramos en un semáforo, el encanto se esfumó y me distraje preguntando si llegaríamos a hora. Algo justo, pero sí, me aseguró el taxita.
Cuando volvimos a arrancar, seguí mirando la luz y encendí la cámara del móvil, a ver si captaba el efecto. Hice una foto de prueba y ví que la cámara se quedaba con una fracción del baile, mostrando una pequeña figura.
A falta de nada mejor que hacer tomé un montón de fotos durante el resto del trayecto. Cada una tenía una forma diferente, un palito, un ganchito un redondel, bueno, nada que tuviera sentido.

Tuve muchos meses esas fotos ocupando memoria, hasta que una noche, de esas en que te pones a sacar copias de seguridad y quitar cosas inútiles, iba a borrarlas todas, pero se me ocurrió seleccionar cuatro de ellas, casi al azar, y hacer este montaje. Me pareció bonito y lo colgué en una red social de esas para compartir fotografías. En el comentario puse que era algo meramente visual si más sentido ni valor.
A los pocos días otra fotógrafa, contacto de la red, con quien solía cruzar comentarios sobre fotos, me puso este texto mágico:

“¿Sin sentido? Yo leo con toda claridad la palabra V I V O”

Miré las manchas azules, y en efecto, sin darme cuenta había elegido justo estos cuatro trazos, y por pura casualidad los puse en ese orden. En efecto, forman la palabra “vivo”. Le contesté inmediatamente diciendo que aquello era verdaderamente magia, porque yo había elegido estas cuatro fotos entre una veintena, pero ni se me ocurrió pensar en que podían interpretarse como letras.
Si querer yo había mandado un mensaje, pero sólo ella supo interpretarlo.

Y era verdad, estaba vivo.
Estoy vivo.
Estamos vivos, y es que a veces ni nos damos cuenta de que lo estamos.

Le dí infitas gracias a aquella amiga por hacerme de intérprete.
Porque a veces tenemos la respuesta delante, pero estamos ciegos.

esendraga, 2018

La última tarde del verano

Para ellas dos es la última tarde del verano y, cuando el sol empieza a caer, todo a su alrededor se colorea de prematura nostalgia.

El fin de verano

Se hicieron amigas el primer dia de agosto y han convivido durante 29 dias, casi un mes entero, que a esa edad y en verano es como toda una vida.
Por las mañanas juntas en la playa y en la piscina; después de comer, mientras los mayores y los más pequeños hacían la siesta, ellas charlaban en el jardincillo de la trasera del bloque, bien tumbadas en una toalla sobre el césped o sentadas en los columpios, a la sombra.

Muchas noches les dejan bajarse la cena que comparten sentadas en alguna de las mesas que hay en los bajos, y luego charlan en la oscuridad hasta la medianoche o hasta que alguno los mayores se acuerda de ellas y les chista desde la ventana de la cocina.
A veces, al caer la tarde se sientan en el espigón que hay delante de los apartamentos. Unos ratos charlan y otros contemplan el mar, comulgando en silencio con el viento y las olas.
Creen que se conocen como si fueran hermanas y esta tarde, en el espigón, están seguras de que su amistad será eterna.
Le piden a un pescador que tiene puesta su caña entre las rocas que les tome la última foto de las vacaciones.
Ha sido el verano más feliz de su corta vida; un verano lleno de sol, de risas, de libertad, de mar, de amistad.

Mañana todo acaba.
Visto desde esta tarde dorada, el próximo invierno en la ciudad se les antoja un túnel largo y gris.

Una vez lleguen a sus respectivas ciudades y hasta que comience el curso la semana que viene, seguro que se mandan mensajes y quizá algún correo compartiendo fotos y recuerdos.

Ahora no se lo imaginan, pero luego la frecuencia de contacto bajará. Las clases, nuevas actividades, nuevas amistades o quizá alguna de las antiguas que se reaviva irán haciendo mella en el recuerdo.

Es posible que lleguen períodos largos de incomunicación, aunque seguro que en navidades se felicitarán.

Y cuando llegue el siguiente verano puede pasar que nuevas relaciones ocupen el lugar de esta amistad que ahora parece única e irremplazable, y puede pasar que esta última tarde en el espigón sea solamente una sensación, una reminiscencia de algo hermoso que sintieron, y que se desvanecería por completo si no llega a ser por esa foto que les saca el pescador de caña y que ambas intentarán conservar para que ese recuerdo dorado no se borre del todo.

Pero también puede pasar que cuando puedan decidir por si mismas sus pasos, se busquen y se puedan encontrar para volver a sentir juntas la ilusión de este verano y la brisa del mar.
Y cuando tengan que separarse de nuevo, buscarán a un pescador para sacarse otra foto con el mismo mar al fondo. Los colores no serán los mismos, sus caras tampoco, pero la sonrisa de las dos amigas será sincera.

Quizá consigan que de verdad esa amistad perdure. Y es lo que les deseo desde aqui.

esendraga, septiembre 2018.

La suerte

Ha caído en mis manos la referencia a un estudio de un tal Dashun Wang acerca de las rachas de éxito, digamos profesional, entre pescadores, artistas, científicos y creadores varios. Aquí comento algunos detalles curiosos.

P1420855 red enco

https://www.bloomberg.com/news/articles/2018-07-13/hot-streaks-in-art-and-science-are-not-just-luck

https://elpais.com/elpais/2018/07/10/ciencia/1531222104_608001.html

Dice que ha estudiado muchos casos, entre los que destaca los de gente tan renombrada como Einstein o los pintores Chagall y Van Gogh, y parece que hasta 30.000 personas entre escritores, directores de cine y todo tipo de “creadores” considerados de forma genérica. Se supone que también de creadoras aunque no se mencionan expresamente.

SPOILER
No hay referencias al éxito profesional de la gente que trabaja por cuenta ajena, o sea de los currantes a sueldo, porque su posible éxito es por una parte meramente aleatorio y depende de la casualidad de dónde estés en algunos momentos críticos, de forma que pases a un sitio peor o a uno mejor.
Y que este llamado “exito” en el caso de empleados, consistirá como mucho en cobrar algo más, alguna pequeña prebenda, y/o que algún director te dé alguna palmadita en el hombro. Aunque casi seguro que esta “mejora” te va a obligar a una mayor dedicación, con lo que el salario/hora es probable que sufra por contra una empeora.

Pero en el caso de gente que va por su cuenta, después del trabajado estudio, Mr. Wang concluye que con independencia de la intensidad del trabajo y dedicación de estos creadores tengan a lo largo de su carrera, sus hallazgos o creaciones más notables no se reparten uniformemente en el tiempo sino que se agrupan de lo que llama rachas (hot streaks).

El caso es que da por supuesto que el esfuerzo y la dedicación han sido de media “uniformes” a lo largo de la carrera de todas estas personas, aunque realmente esto es mucho suponer, porque sabemos que todos pasamos por épocas en las que nos sentimos mejor y más activos, y otras de bajón relativo, con lo que esto de las rachas de éxito puede tener una explicación que sólo requiere pensar un poco sin necesidad de estudiar miles de biografías.

Pero en el mismo artículo comenta dos casos que apoyan esto. Parece que el año 1905 fue especialmente exitoso para Alberto Einstein, y explica a continuación que ese fue el año de su breve matrimonio con una científica, Mileva Maric, que o bien colaboró con él, o le apoyó en sus trabajos o simplemente hizo que se sintiera contento y creativo.

Por su parte, Van Gogh pintó muchas de sus obras famosas en 1888, en el que tuvo lo que se puede llamar una muy buena racha. Casualmente fue el momento en que se trasladó desde París al sur de Francia y descubrió unos maravillosos paisajes que, lógicamente le motivaron como persona sensible a las formas y los colores.

Otra conclusión es que los momentos en las carreras de estos genios y genias en que han tenido buenas rachas están distribuidos aleatoriamente a lo largo de sus vidas. A unos les llegan de jóvenes a otros ya maduros y a otros les llega en la tercera edad.

Y también han determinado que estas rachas duran unos pocos años, entre tres y cinco.
Esto también era esperable, porque sería rara una buena racha de diez años que poca gente tiene.

Así que de momento el tal Wang se va luciendo mientras descubre América.
Con este estudio debe estar reafirmando que él mismo está en racha, digo yo…

Otra cosa más: ¿cuantas buenas rachas creéis que puede tener alguien en su carrera?
Dice que entre dos y cinco. Pues es de cajón que un artista o científica con una sola racha en su vida sería un “one trick pony”, como el caso de esos escritores que sólo han escrito un libro en su vida.

Y si alguien tiene más de cinco rachas de cinco años cada una sería el genio de los genios, porque significaría 30 años de éxitos y de estos no sé si ha habido alguno. Ni siquiera Georgie Dan ha tenido más de 5 canciones del verano seguidas.

Pero además, ha estudiado la correlación entre estas rachas y lo que sería una serie aleatoria. Wang se apunta un nuevo tanto, porque resulta que estas rachas se producen con frecuencias que son bastante aleatorias.

Yo no he analizado el estudio en detalle, pero parece lógico que si consideras 30.000 casos, así a bulto la cosa queda con una distribución bastante normal.

Además todos los jugadores saben que tanto la buena suerte como la mala vienen en rachas, y no distribuida regularmente a lo largo de la partida.

MORALEJA
Hay dos cosas claras. Que si no trabajas o lo haces mal y con desgana, la probabilidad de que suene la flauta es casi nula.

Que si trabajas mucho y bien, puede que alguna vez tengas suerte y consigas algún resultado notable.

Y que si ese éxito no ha sido mera casualidad puede que encadenes dos o tres años buenos, para luego estar medio depre durante otra racha floja.

CONCLUSIÓN
Si tienes un trabajo asalariado del que puedas vivir medio decentemente, procura cumplir discretamente y estar atento por si se presenta alguna ocasión, pero sin destacar mucho, ¿Eh?

Si eres un artista, científico o empresario, no sé qué decirte. Lo primero es lo que decía un famoso de que la inspiración (y la suerte) te tiene que pillar trabajando.

Pero para más consejos, tu sabrás: tú te has metido en el rollo y sabrás lo que tienes que hacer, que yo no soy más que un ex-empleado de una empresa grande y sosa por demás.

Lo siento.

Esendraga, agosto 2018

Escapada

A veces no nos gusta lo que nos rodea. A veces ni siquiera nos gustamos a nosotros mismos.
Es el momento de escapar a otros mundos.

Hyperespacio

El otro dia, desde mi ventana pude hacerlo.
Conseguí atravesar el hiperespacio, y estuve varias eras vagando y disfrutando.
Fuera de la realidad cotidiana, fuera de mi misma vida, lo que viví no era propiamente vida, no se le parecía en nada y yo diría que era mejor.

Podía apreciar cada nanosegundo que pasaba,
pero ni siquiera sentía el transcurrir de los años luz.
El todo no se veía y la nada lo abarcaba todo.
Un dado rodaba de mi mano de niño y sin saber cómo,
se agigantaba hasta abarcar toda mi imaginación.

El frescor de la hierba recién cortada
me inundaba
y el contacto de mi cuerpo con el suelo de la Tierra
me hacía sentir parte de ella.
Pero mi mente volaba sin el lastre de este cuerpo.

Seguían existiendo
las palabras, las ideas, los colores, las formas.
Pero todo se disolvía perdiendo
sus significados, sus conceptos, sus impresiones, sus imágenes.
Pero de alguna manera todas mantenían
su sonido, su abstracción, su vibración, su perfil.

Cerraba fuerte los párpados y un sol central se agrandaba y luego se iba desvaneciendo en pequeños soles, que acababan en algo parecido a ingrávidos y diminutos agujeros negros.

No sé que pudo salir mal, pero de repente me dí cuenta de que había vuelto.
Ni siquiera sé cómo volví, pero cuando miré alrededor, nadie se había enterado ni de mi partida ni de mi regreso. Mejor así.

Además, me sentía nuevo y limpio, capaz de ver la realidad material de otra forma.
Las cosas que antes de la escapada parecían grandes como montañas, ahora parecían tener un tamaño más manejable.
Hasta la gente tenía mejor cara.

La escapada había merecido la pena.
Cuando lo vuelva a necesitar, buscaré y quizá encuentre una nueva ventana.

Aunque las fotos nunca reflejan lo que necesitamos expresar, yo hice ésta , que os copio tal como ha salido de la cámara.
Es como un regalo de souvenir de mi viaje.
Quizá no os diga nada, pero para mí es un pequeño recuerdo muy valioso de aquellos eones en que estuve afuera.

esendraga.

Regreso al futuro

Jan es a la vez el chico y el hombre de las gafas. Acaba de cumplir los 64. Es vecino mio desde que éramos jóvenes.

Regreso al futuro

Las películas “Regreso al futuro” nos enseñaron que puede suceder una catástrofe con el contínuo espacio-tiempo si alguien se encuentra con sí mismo en otro momento del tiempo. Es por aquello de que en esos casos, uno interaccionaría con su mismo yo más joven, alterando su propio futuro, esto es, el pasado del más mayor. Bueno, un lio en cualquier caso.

Varios amigos hemos ido hoy a un funeral: es lo que tiene cumplir años. Yo he llegado antes, y después llegaba Jan junto a dos amigas. Delante iba Helga, compañera de estudios de los dos, y detrás una conocida que creo fué amor platónico de Jan hace años. Ellos venían tan serios en sus bicis, que he sacado el móvil deprisa para hacerles una foto. Al mirar el resultado en pantalla, he visto que habían salido bien, aunque con otras personas a la izquierda, pero no les he hecho caso en ese momento; ya las recortaría más tarde editando la foto.

Esta noche, he recuperado la foto para mandársela a los tres, y al mirarla en detalle me ha llamado la atención la chica de la bici con cesta, que me ha recordado a Helga. ¡Pero en su versión de hace casi medio siglo!

Sólo podía ser una casualidad y un mero parecido. Pero entonces he mirado al joven del fondo con gafas de sol. ¡Es clavado a Jan cuando íbamos a la universidad! Recuerdo las gafas y la sudadera Levis gris, igual a la que yo también tuve.
¡Es Jan!
Bueno, ERA Jan.
En realidad es el que era Jan.

Dos casualidades son demasiadas. Así que mando por whatsapp a Jan la foto, recibo la marca de que ha abierto el mensaje, pero tarda en contestar.  Como vive solamente dos pisos más arriba, decido subir aunque es tarde. También vive sólo y no nos importan las visitas a deshora.

Cuando llego a su rellano, Jan está en el suelo, con la puerta de casa abierta todavía porque debía estar saliendo. Casi no respira, así que llamo corriendo al 112. Y cuando llegan, me voy con la ambulancia también.
Le están haciendo reanimación y todas esas cosas, mientras veo que lleva algo en la mano, un cartón o algo así, pero enseguida me olvido, porque antes de llegar lo dan por muerto. Ha sido un infarto masivo, según me dice uno de los enfermeros, mientras le quita los electrodos del pecho y lo cubre con una sábana.

No me lo puedo explicar, era tan joven.
Éramos tan jóvenes.

Bajo de la ambulancia como bajaría cualquiera que acaba de perder a su mejor amigo. En el suelo hay un papel, que me agacho a recoger. Es una foto, de colores algo desvahídos, donde está Jan de joven besando en la mejilla a una morena, que está seria. Ya os lo imagináis que es la tercera muchacha de la foto, morena con chaqueta vaquera: su antiguo amor platónico. La misma que va detrás del Jan de 64 años.

Las películas americanas cuentan muchas trolas, pero en este caso lo del continuum espacio tiempo quizá sea cierto y algo haya tenido que ver con esta muerte.

El lunes será el funeral del pobre Jan. ¡Otro funeral!

Debo ir, pero no sé cómo voy a reaccionar cuando vea a Helga y sobre todo a la del pelo blanco y la chaqueta vaquera a la que conozco menos.
De momento, voy a encomendarme a San Marty Mc Fly (*), para que eso del espacio tiempo no nos dé más problemas, pero en cualquier caso no les voy a decir nada a ninguna de las dos.
Sobre todo este asunto, si no hay ninguna desgracia más, me callaré como un muerto. Bueno, no he querido usar esta palabra, pero ya sabéis lo que quiero decir.

Por si acaso, he borrado la foto, y os pido que también la borréis de vuestro teléfono, tableta u ordenador, en cuanto terminéis de leer esto.
Por favor, que no se os olvide. Con estas cosas es mejor no jugar.

esendraga.

(*) Marty Mc Fly es el prota de la saga “Regreso al futuro” (Back to the future)